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miércoles, 30 de abril de 2014

Salvaje, Perversa y Atrevida- Cap. 6



Tres amigas…tres deseos secretos…tres oportunidades para hacerlos realidad.

Son tres amigas inseparables que se deleitan compartiendo sus aventuras y secretos.

Pero su última apuesta será la más arriesgada de todas: cada una debe acostarse con cualquier hombre que las otras dos escojan para ella… y luego relatar todos y cada uno de los jugosos detalles.

Capítulo 6
Solo mayores de 18


 Adaptacion de Krizia Cullen




Edward dejó su copa y se acercó a ella, con una media sonrisa que le hizo tambalearse. Jacob le apretó la mano. ¿Un signo de confianza? Era eso, ¿verdad?

— ¿Estás segura? —preguntó Jacob.

—Sí —susurró ella. En ese momento era lo único que era capaz de decir.

 Edward se puso a su otro lado y presionó los labios contra su cuello, en el lugar donde latía el pulso. Tembló cuando lo lamió.

— ¿Estás húmeda, Bella? —murmuró contra su cuello.

Ella asintió; la respiración se le atascó en la garganta.

—Bien. Quiero tu coño empapado y goteando por tus piernas.

Jacob le besó la palma de su mano.

—Me pones duro sólo con mirarte y ver cómo responde tu cuerpo. —Se acercó un paso más, trazando un sendero de fuego en la parte interior del brazo con las yemas de los dedos—. La forma en que te estremeces cuando te tocan, la rapidez con la que se te dilatan las pupilas.

Le pasó un brazo por la cintura, posando los dedos justo encima de su trasero. Ella deseó que le quitara el vestido y sumergiera los dedos en su interior. Sin embargo, no se movió.

— ¿Cuánto tiempo hace que no te han follado? —preguntó Jacob.

—Varios años.

—No simplemente follar. Un buen polvo —añadió Edward. Ella se volvió hacia él, deseando zambullirse en la oscuridad de sus ojos.

—Nunca.

Él asintió.

—Eso me parecía. Eso va a cambiar esta noche.

Unos espasmos de deseo salvaje ondularon por su vientre; las palabras de Edward prometían más de lo que había esperado nunca.

Jacob movió la mano hacia arriba, entreteniéndose en rozar la piel desnuda de la espalda.

Bella miró su cara y luego la de Edward, cautivada por su compenetración, como si supieran instintivamente qué hacer.

—Ya habéis hecho esto antes —dijo al entenderlo.

—Sí —confirmó Jacob, mirándola—. ¿Te molesta?

—No. —Y lo cierto era que no le molestaba. Probablemente debería, pero aquella noche no le importaba.
—No se trata de un hábito, Bella —añadió Jacob—. Sólo han sido un par de veces. Nos conocemos desde hace muchos años.

Bella se volvió a medias para quedar frente a él.

—No me importa lo que hicierais antes de esta noche. Lo único que quiero es que ambos me folléis. Y que lo hagáis bien.

Jacob deslizó sus dedos por debajo de los tirantes del vestido y se los deslizó por los brazos, dejándolos caer hasta los codos. Edward se puso detrás de ella, acoplando el cuerpo a su espalda.

Agarró la parte superior del vestido y se la bajó, dejándola desnuda hasta la cintura; luego le desabrochó el sujetador y lo tiró a un lado.

Su ex-marido nunca se había entretenido en mirarla o en quitarle la ropa. Jamás hubo una exposición lenta de su piel, ni otro interés por su parte que tenerla desnuda y penetrarla lo más rápidamente posible. Ella había odiado su desinterés, como si el resto de ella careciera de importancia. Su único objetivo había sido su coño.

Aquella revelación, que llegaba con retraso, la hizo jadear. Edward descansó las manos sobre sus hombros, y las deslizó sobre su carne. Jacob la miró fijamente, como si estuviera memorizando cada centímetro de su piel, como si quisiera saborear cada segundo y aprendérsela de memoria.

Notó que enrojecía; los pezones se le endurecieron bajo su escrutinio. No tenía un cuerpo perfecto. Tenía treinta  y las cosas no estaban en donde solían estar. No hacía ejercicio ni estaba en buena forma. Aún así, aquellos hombres hacían que se sintiera hermosa.

—Estás jodidamente buena, Bella —declaró Jacob, en respuesta a sus pensamientos no expresados.

Edward ahuecó sus pechos, rozándole el pelo con la barbilla.

—Me he pasado el último año masturbándome, pensando en ti.

Ella giró la cabeza para mirarlo.

— ¿Sí?
Él la miró con una ancha sonrisa.

— ¡Oh, sí! Me corría pensando en todas las formas en las que deseaba follarte.

Ella no se podía creer que le estuviera diciendo aquello. Que tuviera fantasías sobre ella.

Que se masturbara pensando en ella.

—Lámele los pezones y succiónaselos, Jacob —dijo Edward, y Bella volvió su atención a Jacob.

Edward le sostuvo los pechos, y Jacob se inclinó hacia ellos. Bella contuvo el aliento cuando los labios de éste último se cerraron alrededor de un pezón, chupando el hinchado brote con su lengua caliente y mojada. Estuvieron a punto de doblársele las rodillas; su coño levantó el vuelo ante la sensación. Se mordió el labio al tiempo que se estremecía y gemía.

Su boca era muy suave, y verlo haciéndole aquello era algo increíble. El sexo con Mike siempre fue a oscuras. Y desde luego, los juegos preliminares no estaban en su ámbito de conocimientos. Una cosa más en la que Jacob y Edward no se parecían para nada a Mike Tenían una sexualidad tan fuerte y potente que no existía comparación posible. Su ex marido era un imbécil.
Y ella se había perdido años de sexo colosal.

Arqueó la espalda, deseosa de que él se metiera más su pezón en la boca. Jacob se puso de rodillas, agarrando ambos pechos con las manos y lamiendo primero un pezón y luego el otro.

—Estás temblando, Bella —dijo Edward—. Me parece que tienes unos pezones muy sensibles. ¿Se te moja más el sexo cuando Jacob los chupa?

—Sí.

Extendió la mano por detrás de ella y le levantó el vestido; su mano sobre la piel desnuda de sus nalgas casi la hizo desplomarse en el suelo, pero él le rodeó la cintura con un brazo, negándose a dejarla caer.

—Mmm, que piel tan lisa y suave. Y esas medias y ese liguero, tan seductor. ¿Te has vestido para seducirnos a Jacob y a mí esta noche, Bella?
—Sí.

— ¿Has fantaseado con nosotros?

—Sí.

—Jacob, quítale las bragas.

Jacob la miró a la cara y luego metió las manos bajo su vestido, deslizándolas entre sus muslos hasta llegar a las tiras del tanga. Le bajó las bragas por las piernas y ella levantó los pies para quitárselas.

—Percibo tu olor —dijo Jacob—. Es como miel dulce y almizclada, Bella. Me pone condenadamente cachondo. —Frotó las bragas con el pulgar—. Y éstas están empapadas.

Ella no iba a ser capaz de permanecer mucho más tiempo de pie. De no ser porque Edward la estaba sujetando, se habría derrumbado. No era capaz de soportar tanta excitación, aquellas abrumadoras sensaciones. Y de momento, sólo estaban jugando. La parte seria ni siquiera había dado comienzo todavía. Tenía el corazón desbocado, su respiración era rápida y jadeante, y no había forma de que pudiera pronunciar una sola frase coherente.

—Lo estás haciendo bien, nena —dijo Edward en respuesta a sus pensamientos ocultos—. Sabemos que ésta es una experiencia nueva para ti. Tú solamente relájate y deja que nos ocupemos de ti.

¿Qué se ocuparan de ella? Si aquello se ponía más caliente, iba a desmayarse y a perderse toda la experiencia.

— ¿Has conocido alguna vez a una mujer como Bella, Edward? —Preguntó Jacob—. Pareces dulce e inocente, pero en tu interior arde el fuego, Bella. Una llama que espera una chispa para prender.

—Sólo necesitas que nosotros la encendamos —respondió Edward, acariciándole las nalgas y deslizando la mano entre ellas.

Ella no pudo evitarlo. Hacía mucho tiempo que un hombre no le acariciaba el sexo.

Cuando notó la mano de Edward allí, lanzó un gemido tembloroso.

—Shh, está bien. —Movió la mano contra ella. Estaba empapada, sabía que le estaba mojando la mano, pero no era capaz de detener las sensaciones ni la respuesta de su cuerpo. Y no quería hacerlo. Deseaba moverse sin parar contra su mano.

—Por favor, por favor, tócame.

—Oh, voy a tocarte, Bella. Por todas partes. Toda la noche.

Ella cerró los ojos y se entregó a la sensación de sus dedos explorando su palpitante sexo, introduciéndole primero un dedo y luego dos. Notó las pulsaciones de su vagina al envolverlo, las dulces contracciones de placer ante la invasión.

¡Oh, era tan bueno sentir de nuevo el contacto humano sobre su cuerpo! No se había dado cuenta de lo sola y aislada que había estado en los últimos años, lo mucho que había acabado por depender de sus propias caricias.

 ¡Cuánto echaba de menos la mano de un hombre en su piel! En su interior, abriéndose paso lentamente, el dulce asalto de su esencia se derramó a modo de respuesta.

Se movió contra la mano de él, acercándose y retirándose, encontrando un ritmo que la llevara a la liberación. Estaba tan perdida en su propio mundo de auto placer, que casi se olvidó de que no estaba sola.

Llevaba mucho tiempo sola. Demasiado.

—Bella, mírame.

La voz de Jacob, debajo de ella, le llegó a través de la neblina de éxtasis. Levantó las pestañas, bajó la mirada, y lo vio de rodillas, preparado entre sus piernas.

—Sepáralas para mí.

Ella las separó, estremeciéndose. Edward le introdujo los dedos más profundamente y ella lanzó un jadeo.
Jacob se apoyó y colocó la boca sobre su clítoris, capturando la envoltura entre los dientes, lamiendo los pliegues hasta capturar la diminuta perla que estalló de placer.

— ¡Ahh, oh, Dios! —gritó ella, clavando las uñas en el brazo de Edward, mientras observaba la lengua de Jacob bañándola con lengüetazos apasionados e implacables, en tanto los dedos de Edward la penetraban con un ritmo constante. No podía soportarlo. Era demasiado pronto, pero no pudo contenerse. Llegó al límite en cuestión de segundos, tensándose y arqueando la espalda, estremeciéndose en un orgasmo salvaje que parecía haber salido de ninguna parte y que la pilló desprevenida. Edward la sostuvo, impulsando los dedos a través de los músculos apretados de su vagina y continuó moviéndolos hasta que ella volvió a llegar al límite.

Pero cuando los sacó, ella estuvo a punto de llorar por la sensación de vacío. Jacob se incorporó y ella se sintió abandonada y sola, medio desnuda, sintiéndose increíblemente vulnerable.

Aunque no duró mucho tiempo. La boca de Jacob salió al encuentro de la suya con una intensidad que la sorprendió. Donde antes había sido pausado y amable, ahora era enérgico y lleno de una pasión que igualaba la suya. Llevó la mano hacia su pelo y la hundió en la maraña de mechones, echándole la cabeza hacia atrás y arrasando su boca con los embates implacables de su lengua. Ella fue a su encuentro con impaciencia, tanteando los botones de su camisa, desesperada por sentir su piel contra la suya.

Oyó un susurro de ropa a su espalda y supuso que Edward se estaba desnudando. Ni siquiera separó la boca de la de Jacob cuando Edward tiró de su vestido. Ahora estaba poseída por el deseo, y lo único que quería era tener a esos dos hombres dentro de ella, de cualquier forma posible. Los preliminares suaves y la conversación amistosa habían terminado. Quería sus duras pollas dentro de ella y las quería en ese momento.

Edward se resistió al impulso de arrancar la ropa, pero Bella se lo estaba poniendo muy difícil. El olor de ella impregnaba el aire a su alrededor y tenía la mano empapada por su orgasmo. Se lamió los dedos. Sabía dulce y picante, y le hacía desear enterrar la cara entre sus piernas hasta volver a oír sus suaves gemidos.

Ella se había corrido enseguida. Cuando se liberaba, se liberaba de verdad. A él se le puso el pene dolorosamente rígido y a punto de explotar, sólo con escuchar su gimoteo y de sentir su vagina contrayéndose alrededor de sus dedos.

Su ex marido era un ser despreciable. Apostaría un millón de dólares a que la había tratado como si fuera una mierda, todo el tiempo que estuvieron casados. A ese tío habría que atarle las pelotas con una goma hasta que se le pudrieran y se le cayeran.

¡Ah, que le dieran por el culo a ese gilipollas insignificante! Ahora mismo la única que importaba era Bella. Y conseguir estar dentro de ella de todas las formas posibles. Se arrancó la camisa y se desabrochó los pantalones, dejándolos caer al suelo y apartándolos de una patada. Se quedó desnudo rápidamente y tiró de su vestido hacia abajo, lanzándolo sobre la pila formada por su ropa.

— ¡Maldición!

Liguero y medias. No había nada que le excitara más. Había algo en una mujer parcialmente vestida que hacía que se le estremecieran las pelotas.

 Se arrodilló detrás de ella y le pasó las manos desde los tobillos hasta los muslos, saboreando la sedosa sensación contra las palmas de las manos y demorándose en el lugar donde el encaje se unía con el enganche de las ligas. Aspiró la fragancia almizclada, metiendo la mano entre sus piernas para capturar algo de la humedad que había allí. Podía ver como goteaba, estaba condenadamente mojada, y se imaginaba lo fácil que le sería deslizarse dentro de ella, introduciéndose hasta la empuñadura. Su pene dio una sacudida, exigiéndoselo.

Se levantó y miró a Jacob, quien acababa de terminar de desnudarse.

 Estaba bien ser tan amigo de alguien. Alguien en quien confiabas y conocías tan bien. Le indicó con la cabeza el sofá.

Jacob asintió y sonrió.

Sí, Jacob sabía hacia donde se dirigía Edward con eso.

—Bella, quiero mi polla en tu coño.

Bella se dio media vuelta. Su mirada entornada le indicó que estaba ausente, embriagada por culpa de la pasión y la necesidad de experimentar completamente todo aquello.

—Fóllame —dijo ella, con el tono más áspero que había oído nunca.

Él sabía que había un gato salvaje acechando bajo toda aquella inocencia. Apenas sujeto y esperando tan sólo al hombre adecuado —hombres en este caso—, que le permitieran salir de la jaula. Le encantaban las mujeres cuyas pasiones igualaban a las suyas. Y Bella estaba teniendo su primera cata de esa clase de pasión.

Sí, su ex era un imbécil.

Ella dirigió la mirada hacia su pene, abriendo mucho los ojos durante un segundo. Él se agarró la polla y se la acarició para ella, permitiéndole ver lo que estaba a punto de obtener. Ella tragó saliva, se lamió los labios y apartó la vista para mirar a Jacob.

Jacob se sentó en el sofá y la llamó por señas, envolviéndose el pene con la mano.

—Chúpame la polla, Bella.

Edward se acercó por detrás y le puso una mano en la mitad de la espalda, haciéndola avanzar.

Ella dobló la cintura y apoyó las manos sobre los muslos de Jacob, al tiempo que separaba las piernas.

En esta posición, Edward tenía una vista perfecta de su coño. Ella se lo había depilado, los labios rosados e hinchados estaban húmedos e inflamados. El pene dio una brusca sacudida ante la deliciosa visión, como si fuera un banquete para su boca. Se agachó, inclinándose para pasarle la lengua lenta y pausadamente, necesitando probarla.

Ambrosía pura. Ella se estremeció y vertió más en su lengua. Oh sí, podía seguir lamiéndola así hasta que se volviera a correr. La tentación de tomarla allí, entretenerse entre sus piernas y succionar su coño hasta que suplicara por correrse, era intensa. Pero en esta ocasión, quería que lo hiciera sobre su polla.
Se colocó entre sus nalgas, recreándose un momento para pasarle la mano por la curva de las caderas, disfrutando de la postura y de la inclinación de su cuerpo. Tanteó entre los labios de su vagina, sintiendo que su calor lo llamaba.

Era grande, y lo sabía, de modo que a pesar de las ganas de sumergirse en ella con un rápido empujón, se tomó su tiempo, introduciéndose despacio y mirándola para apreciar su reacción. Ella se quedó inmóvil y clavó las uñas en los muslos de Jacob, con los labios a menos de un centímetro de su pene.
¡Cristo, que apretada estaba! Podría asegurar que llevaba algún tiempo sin ser usada. Su coño lo aprisionó como un torno, comprimiendo y pulsando. Era una condenada suerte que tuviera un buen control, de lo contrario se hubiera corrido en ese instante. Su vagina era como estar en el cielo, y él deseaba permanecer allí un rato. Y los sonidos que hacía —unos suaves gemidos y quejidos, mientras él se abría camino—, eran suficientes para volver loco a cualquiera.

Había tenido su cuota de mujeres con el correr de los años, pero Bella era algo especial.

Y aquello le sorprendía muchísimo. Porque Edward jamás pensó que las mujeres fueran especiales. Una mujer estaba bien para joder y nada más. No cabía duda de que Bella tenía un buen polvo, pero en aquella mujer había mucho más que un revolcón de una noche.

Basta de pensar. Pensar sólo llevaba a la emoción y la emoción sólo desembocaba en el compromiso, el cual era un terreno desconocido e indeseado.

Una vez que ella se hubo acostumbrado a su tamaño, cuando notó que su flujo se vertía sobre él y que su cuerpo lo aceptaba con facilidad, empujó con fuerza y se introdujo del todo, recibiendo su grito de sorpresa con satisfacción. Le había hecho un poco de daño, pero a ella le gustaba eso. Lo percibía en sus gemidos jadeantes, en la forma en la que su flujo se vertía sobre sus pelotas y por el modo en que se echaba hacia atrás contra su polla.

Bienvenida al Monstruo de Cullen, Bella.
A Bella le parecía haber sido empalada por un monstruo. Un monstruo del tamaño de una polla en su coño. No podía respirar, mientras el pene de Edward palpitaba dentro de ella, llenándola.
Hacía un tiempo condenadamente largo que no sentía una polla en su interior. Al menos una de verdad. Decididamente existía una diferencia palpable entre un hombre de carne y hueso y un vibrador. El calor se fue incrementando dentro de ella y él se movió. ¡Dios, como se movió contra ella! Dolía, pero cuando le rozó el punto G con su considerable pene, la sensación fue endemoniadamente buena.

Y justo delante de sus ojos estaba la otra polla. La de Jacob, quien la excitaba al verlo observar como la follaba Edward, con una expresión hambrienta en los ojos, acariciándose su propio pene, y esperando a que ella lo tomara en su boca. La deseaba con tanta urgencia que se estaba tocando a sí mismo con anticipación.

Ella también estaba hambrienta. Quería probarlo. La oportunidad de tener dos pollas al mismo tiempo, de disfrutar de dos hombres. Se inclinó y permitió que Jacob dirigiera la cabeza de su polla hacia sus labios, y sacó la lengua para probar la crema que asomaba en la punta.

—Salado —dijo con una voz demasiado baja y seductora para ser la suya. Se lamió los labios, satisfecha.

Jacob inclinó la barbilla hacia su pecho y ladeó la cabeza, con una mirada semi cerrada, increíblemente excitante. ¿Quién hubiera dicho que excitar a un hombre podía resultarle tan estimulante? No es que ella tuviera una gran experiencia. Se detuvo, esperando a que él introdujera la polla en su boca.
Sin embargo, no lo hizo. En vez de eso, esperó a que fuera ella quien lo hiciera, dejando el control en sus manos. ¡Oh, a ella le gustó esa parte!

Antes nunca había jugado. Aquella era su oportunidad. Volvió a pasarle la lengua, entreteniéndose en saborear la suave y aterciopelada textura de la punta satinada, permitiendo que la saliva humedeciera la polla para luego poder acariciarla con la mano. Rodeó la cabeza del pene con los labios, succionándolo con cuidado.

Jacob gimió e impulsó hacia arriba las caderas, introduciéndole la polla.
Edward, a su espalda, se movía con deliberada lentitud, deslizándose ahora dentro y ahora fuera y haciendo que le resultara fácil concentrar sus esfuerzos en chupar el pene de Jacob. Ser el receptáculo de un placer tan asombroso al mismo tiempo que se lo proporcionaba a otra persona, era demasiado para asimilarlo de una sola vez. Sin embargo estaba decidida a memorizar cada embate, cada sabor y cada textura. A grabarlo a fuego en su memoria para no olvidar jamás esta noche tan especial.


Porque esa mujer salvaje que estaba siendo follada y que a la vez chupaba la polla de un hombre, no era la verdadera Bella Swan. Era una fantasía, un sueño, e iba a disfrutar de cada momento mágico de aquella fantasía mientras durara.

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Chikas espero que nadie que no sea mayor de 18 años lea este fic, porque es de alto contenido erótico, ahora por ahí se leen cosas peores, pero debo ser fiel al texto de esta adaptación y decirles que una vez que terminen, tal como yo se den una ducha MUY FRIA...jejeje...

8 comentarios:

maty dijo...

:o omg!!! si coka creo k si necesito un baño de agua fria jajaja... que fuerte capitulo.. dios de solo imaginarme en esa situación... que envidia jajaja krizia excelente la historia y ni que decir de este capitulo esta mega ultra hot!!! pero me encanto... mira que tener a esos 2 bombones para mi sólita uf!! k no aria jajaja

con ansiasa de leer el proximo que esta noche pinta para largo... x k creo k apenas van empezando :)

gracias krizia por presentarnos tu historia que esta buenísima y gracias coka por publicar

saludos
maty

Sissy dijo...

Sí mañana se acaba el mundo por una inundación, es tu culpa Krizia. Esto está tan caliente que seguro derrite la casquetes polares! Ja ja ja!
Abrazos amiga.

Bell.mary dijo...

Wooooowww súper candente a punto de sufrir una combustión y para colmo estoy solita jejejeje sin duda necesitare mas de una ducha bien fría jajajaja.

Excelente adaptación Krizzia y como dice Matty esto apenas comienza así que me imagino que se pondrá mucho mejor...

Por lo pronto a la ducha en lo que esperamos el sig. Capítulo porque estos tres apenas iniciaron y la noche es larga y creo que ellos son capaces de seguirle por la mañana.

Gracias Krizia y Coka.
Besitos

Anónimo dijo...

UFFFFFFF QUE CALOR!!!1 NO SOLAMENTE UNA DUCHA FRIA CREO QUE MUCHAS AQUI QUE LEEMOS TU FICS VAMOS NECESITAR, JAJAJAAA POR DIOS KRIZIA NOS QUIERES MATAR QUE BUENA ESTA HISTORIA POR FAVOR NO DEMORES EN PUBLICAR EL PROXIMO CAPITULO!!!!! DAMARIS LA VENEZOLANA

carolina ledezma dijo...

OMG!!!!! me muero de solo leer esto por Dios, que buen capitulo, no me imagino que haran en el siguiente capitulo, y es que apenas estan empezando.... jum que envidia..... me muero por leer el siguiente...
gracias chicas por tanto talento.

Lorena dijo...

gracias Krizia por regalarnos esta capitulo tan hot!!!!! estuvo buenisimo!!!! muero por leer el siguiente! besos desde Argentina!

Anónimo dijo...

Bueno, bueno y bueno...si ponemos un termómetro se rompe de tanto calor que desprende este capitulo.De veras que estuvo estupendo con esos dos hombres tan maravillosos.Una vez mas felicidades por el fic que esta genial.Besos a todas.Maria del Mar desde España

Camilaloto dijo...

Lectura fogosa es lo que es, y tienen mucha razón aqui con tanto termometro o casquetes polares!!! Se puede gozar al leer!