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martes, 13 de diciembre de 2016

Recuperando la eternidad- Capitulo 9



Los Volturi pondrán en predicamentos a la familia Black Cullen. ¿Qué tendrá que hacer Jake para proteger lo que más ama ahora que es humano? Secuela de Contigo en el alba.

Disclaimer: La mayoría de los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, aunque Jacob es mío... en muchos sentidos.


ME VOY
Original de Kokoro Black

Nessie

Mamá estaba moviéndose de un lado al otro. Parecía que no podía estar tranquila por más de tres segundos antes de volver a caminar exasperada.

--Es que no lo puedo creer. ¡Dios santo! ¡Voy a matar a un lobo!

Quise sonreírle pero no pude. Estaba enfrascada en mi dolor y sufrimiento. No era como si me durmiera y despertara y el dolor desapareciera... no, no era así. El dolor estaba ahí, latente y lacerante porque mi Jacob me temía... mi Jacob no me amaba. Definitivamente no iba a poder sonreír en un largo tiempo.

--Y lo peor de todo, es que no puedo creer que le creyeras.

--¿Qué? --pregunté regresando mi atención a ella. --¿Cómo que no puedes creer que le creyera? Él me lo dijo. Sólo le faltó decirme que me odiaba.

--Nessie... --pronunció y se sentó a mi lado. --Hija, ¿Recuerdas cuando te conté que tu padre me había dejado?

Asentí y me limpié las lágrimas que aún amenazaban con nublarme la vista. Conocía la historia demasiado bien. Papá había dejado a mi madre cuando recién comenzaban su relación, para protegerla de su estilo de vida después de un accidente que tuvieron con tío Jasper. Pero la situación era completamente distinta... papá no temía de mi madre, no la odiaba... la amaba.

--Pero no es lo mismo, mamá.

--No... no es lo mismo, es mucho peor. Nessie, conozco a Jacob y sé que aún te ama... sólo te dijo eso porque cree que está protegiéndote.

Volteé para otro lado y me agarré el corazón. De verdad tenía suficiente con mis propios demonios como para que mi madre me pasara los suyos.

--Mamá... no me tortures más con eso. No me lo hagas más difícil de lo que ya es.

--Ness...

--No. No me llames Nessie o sus derivados, ya no más. Llámame Renesmee. No quiero escuchar ese apodo nunca más... te lo ruego.

No. No soportaría escuchar "Nessie" y saber que el hombre que amo y que me otorgó el apodo jamás lo volvería hacer. Me sentía completamente débil y vulnerable.

--De acuerdo Renesmee, será como tú quieras.

Caminó en mi dirección y cuando me puso la mano en el hombro, me solté llorando. No podía evitarlo, trataba de aguantarme por los niños, cuando me habían visto llegar se extrañaron y lo primero que hicieron fue preguntar por su padre... casi me muero.

Apoyé mi rostro en el gélido pecho de mi madre y me solté llorando sin siquiera poderlo evitar. Todo dolía como el mismo demonio. Ella me acarició el cabello y me dejó chillar, patalear, gritar y desahogarme. Lo más probable es que mi familia hubiese escuchado cada uno de mis gritos de dolor y sufrimiento, pero no me importó en ese momento. Sólo quería expulsar todo lo que me acongojaba y desgarraba. Me sentía vacía y sin rumbo. Sin ganas de nada...

¿Qué haría de mi vida ahora? No podía regresar con mi familia. No quería ser objeto de lastima e incomodidad. No, necesitaba estar sola con mis hijos. Encontrar un lugar en el mundo en donde pueda relajarme y dejar que el dolor me consuma sin afectar a nadie más.

Necesitaba huir... huir a un lugar lo bastante lejano.

¿Dónde sería un buen sitio?

Me puse a meditar un poco y a hacer memorias... mi viaje con Nahuel. Habíamos recorrido gran parte de Europa buscando a su padre: Joham, y me había enamorado de varios sitios... pero sin dudas París había llamado mi atención.

¿Estaba considerando irme a París? ¿Por qué no? No tenía nada que me atara a quedarme aquí. Algunos podrían decirme: tu familia, pero yo no quería estar cerca de ellos y que día a día notaran mi angustia y mis ganas de morir.

Paré las lágrimas y me separé de mamá, me quería ir... y me quería ir ya.

--Me voy.

Mamá me vio contraria y sacudió la cabeza.

--Nes... Renesmee... sé que estas afectada, pero no puedes hablar en serio. Esta es tu casa y aquí serás bienvenida siempre.

--Pues si estoy hablando en serio. Me voy, no quiero estar aquí... necesito un espacio en donde pueda ser yo misma y ser libre junto a mis hijos.

--No. Perdóname, pero no puedo permitirte eso.

--Mamá--musité y la tomé del brazo. --Lo necesito.--Comencé a mostrarle las imágenes de Jacob botándome y le mostré cada una de las partes de mi dolor. No podía... juro que no podía y necesitaba que me entendiera.

El rostro de mamá se torció de dolor y la escuché sollozar. No quería causar lastima ni nada por el estilo pero era preciso que ella me comprendiera. De repente me empujó y se agarró el pecho.

--No lo hagas por favor... no vuelvas a hacerme eso.

Me quede atónita por su respuesta. Quise acercarme y ella se encogió.

--¿Mamá? ¿Estás bien?

Juro que casi estaba sudando y respiraba entrecortadamente.

--No te apures... es que tus sentimientos, me hicieron recordar en carne viva cosas que pensé que ya había olvidado.

Una enorme "O" se dibujó en mi rostro.

Era una soberana idiota, había hecho que mamá reviviera prácticamente su ruptura con papá, su expresión de dolor lo decía todo. Yo no necesitaba mostrarle nada, ella sabía exactamente de que le estaba hablando.

--Lo siento... --murmuré llorando. No me bastaba con sufrir yo... si no que arrastraba a mi madre en el proceso.

Estaba mal... definitivamente muy mal.

Abrí la puerta del cuarto y le grité a mi papá. A los dos segundos estaba al lado de mamá abrazándola. Entrecerré los ojos y los vi amándose. Papá la consolaba y le decía que él estaba ahí... siempre para ella. Él sabía perfectamente lo que había pasado, nos estaba escuchando.

Sonreí en su dirección y me di la vuelta. Era cierto que él la había abandonado, pero nunca la había dejado de amar... y ahora se dedicaba a compensarla y hacerla feliz pasara lo que pasara. No era tan fuerte para seguirlos viendo y no quería opacar su momento. Corrí a la habitación de huéspedes en donde estaban mis cosas y las de mis hijos. Las mías no eran muchas obviamente porque no había traído conmigo nada de casa, sólo tomé la ropa que tía Alice compraba para mí cuando estaba de visita.

No quise saber si estaba bien o si estaba mal. Sólo sabía que tenía que huir. Corrí piso abajo y me topé con tía Rose tapando la entrada.

--Tía...

--Te conozco Renesmee... sé lo que planeas hacer y déjame te digo que es una soberana estupidez. Además que escuché lo que le decías a tu madre... no cabe duda que has pasado demasiado tiempo con ese perro...

Cuando dijo eso... volví a llevar mi mano al pecho y mi rostro se descompuso. El recuerdo de Jake me atravesaba como mil cuchillas.

--Oh... rayos... Renesmee. Déjalo ir... déjalo pasar.

--No puedo--respondí con voz seca. No era tan fácil cómo mi tía me la ponía.

--Tienes que poder.

Entrecerré mis ojos y me enojé a sobremanera. Miles de insultos quisieron brotar de mi garganta pero sólo salió lo siguiente:

--Si tío Emmett te botara, ¿Lo dejarías ir... lo dejarías pasar?

Mi tía abrió sus ojos como faroles y se quedó con la boca abierta sin poder argumentar algo decente.

Lo sabía... nadie puede vivir como si nada cuando el amor de tu vida te abandona.

Me seguí de largo y ya no me detuvo. Sólo necesitaba encontrar a mis hijos y largarme de allí. Necesitaba escapar y encontrarme en algún lugar del mundo. Olí a mis hijos y seguí su rastro hasta las profundidades del bosque. Estaban con tía Alice y tío Jasper... podía reconocer la esencia de cada uno y estaban a menos de 15 metros de mí.

No sería sencillo explicarles que nos teníamos que ir... que su padre no nos acompañaría. Me paré en seco cuando caí en la cuenta de que no sabía cómo se lo diría a los niños. Seguí caminando de repente, pero estaba completamente ida. ¿Cómo se les explica a unos niños híbridos que tienen que irse con su madre a Europa y que no verán por un tiempo a su padre?

Maldije en voz baja pero eso no impidió que mis pies siguieran moviéndose. Estaba enfrascada en mis pensamientos hasta que sin darme cuenta ya estaba delante de mi familia.

--¿Ness...

--No. Soy Renesmee, llámame por mi nombre tía Alice.

Vi a tío Jasper fruncir el ceño.

--O.K. Renesmee será pues. --contestó tía Alice en un intento de puchero.

--Mamí --gritó Sarabelle y corrió hasta mis brazos. --¿Nos vas a ayudar a cazar?

Se me hizo un nudo en la garganta y tragué saliva. Era el momento de la verdad. Miré los ojitos de Sarabelle que me esperaban curiosos y Taylor que estaba como lobo me miraba con semblante preocupado.

--No --contesté sin ver a ninguno de los dos a los ojos. --Pero... nos vamos de vacaciones.

De acuerdo, no fue lo más listo que dije, pero no se me ocurrió otra cosa.

--¿Vacaciones? --preguntó tía Alice atravesándome con la mirada. --¿A dónde?

--Europa. Es hermosa, tiene los países más bellos que...

--Lo sé.-- me interrumpió. --Yo también he viajado por ahí.

--¿Esta vez me llevas contigo mami? --preguntó la pequeña que sostenía.

--Por supuesto. La vez pasada te dije que cuando me fuera de vacaciones te llevaría conmigo.

--¡Yupi! ¡Vacaciones! --gritó mi pequeña.

Sonreí forzadamente y volteé a ver a tía Alice que me miraba con un rostro poco amable. Necesitaba huir a toda prisa.

--Taylor sígueme --ordené dándole la espalda a mis tíos y dejándolos ahí solos. Corrí de vuelta a la mansión Cullen mientras escuchaba el paso sigiloso de un lobo a mis espaldas.

Estaba segura que Taylor estaría preguntándose una y otra vez, que rayos estaba pasando. Lo más difícil de todo era tratar de explicárselo a él.

--Quédense aquí --les rogué cuando estábamos a unos cuantos metros de la mansión. Corrí sola por nuestras pertenencias. Cuando entré, escuché a mis padres aún enfrascados en sus memorias y la tía Rose sólo me vio con pesadez. No quise pensar mucho cuando tomé lo que me correspondía y huía con rapidez. Si me ponía a meditar, era probable que me acobardara.

--Vámonos.

--¿Y papá?

Levanté la vista y Taylor estaba ya como un adolescente -demasiado confundido por ciertoparado
delante de mí.

--No puede venir con nosotros.

--¿Por qué no?

Me puse nerviosa y juró que mi voz se quebró sin aún pronunciar nada. Sabía que lo más difícil sería enfrentar a Taylor.

--Porque papá tiene muchas cosas que hacer y no podemos molestarlo.

Taylor no era tonto, de mis dos hijos es el que más rápido se había desarrollado. En todos los sentidos, de todas las formas posibles. Y por la mirada que me dedicó era obvio que no se había creído ni una pizca de lo que le había dicho.

--A otro perro con ese cuento, mamá.

Sí, ni una pizca.

Sarabelle nos vio con ojos confusos y decidí actuar a prisa antes de que su pequeño
corazoncito se hiciera pedazos.

--Sarybelly, amor --la llamé hincándome y mirándola a los ojos. --¿Porqué no te adelantas un poquito y nos esperas en el río que esta cuesta arriba. Seguro que te podrás un chapuzón y Taylor y yo te alcanzaremos enseguida.

Sus ojitos se iluminaron y asintió enérgicamente. --¡Los espero! --gritó mientras su pelo desaparecía entre las ramas de los árboles.

Hasta que la perdí de vista totalmente fue que me atreví a contemplar a mi hijo. Era cierto que su piel era blanca como la mía, pero de ahí en fuera... era idéntico a su padre. Física y espiritualmente.

--¿Por qué no me dices de una vez que es lo que sucede mamá?

--¿En qué momento de estos dos años dejaste de ser un niño? --susurré más para mí misma que para él.

--No me cambies el tema.

--No lo hago. Sólo que aún me sorprendes.

Su pecho se infló y sus músculos me recodaron a los de su padre. Definitivamente eso de tener cuerpo de adonis era una condición de lobo.

Él se encogió de hombros y volvió a posar su mirada en mí.

--¿Y bien? ¿A dónde quieres que vayamos?

--París --decidí contestarle con la verdad.

--¿Paris? ¿Vamos hasta París y papá no viene?

--París no está tan lejos. Además, a ti te encanto, recuerdas cuando fuiste con Huilen a ver la torre Eiffel y...
--Lo recuerdo --me interrumpió ,--pero no entiendo que tiene que ver eso con que papá no venga.

¿Cómo se lo decía? ¿Cómo?

Me removí nerviosa y supe que no podía mentirle mucho. Taylor se daría cuenta si se me ocurría inventarme alguna estupidez. La verdad... no me quedaba de otra.

--Tú papá y yo nos vamos a separar. Más bien nos separamos...

Taylor me vio con los ojos abiertos como platos y vi como se fueron nublando.

--Eso no puede ser. ¿Por qué lo dejas?

--Tay, yo no... lo dejó--solté con voz desgarbada. --Sólo es que ya no nos entendemos y es lo mejor para los dos.

Tay empezó a dar vueltas en círculo y respiraba entrecortadamente. Parecía que se lo estaba pensando mucho.

--¿Aún lo amas?

--¿Qué?

--¿Que si aún amas a papá?

La respuesta era más que obvia y no sabía que esperaba Taylor que respondiera. ¡Pero por todos los cielos sí... lo amaba más que a mi vida!

--Lo amo --me puse a llorar y me caí de rodillas. Confesar que amaba a quien más me había lastimado era difícil, pero más difícil era saber que me había dañado por mi culpa. Porque yo lo había dañado a él... yo era la única culpable. Yo, yo y yo.

--¡Cielos mamá, no llores así!--Taylor corrió y me abrazó, permitiéndome que pudiera mojar su hombro con mis lágrimas. No sabía qué hacer, no sabía qué decir, sólo quería llorar y dejarme derrumbar. Pero no tenía derecho a embarrar a mis hijos con mis problemas emocionales. Ellos tendrían suficientes con sus propios problemas cuando supieran exactamente qué sucedía.

--Si lo amas, no lo dejes mamá. Lucha... tú eres muy fuerte--alentó mi pequeño con un tono esperanzado.

Yo podía ser fuerte... pero esto me había sobrepasado. No era más que un conejito débil y
lastimado.

--No hay nada que pueda hacer. Todo se terminó.

--Me niego a creer eso. --se separó de mí y volvió a caminar en círculos. --No, no, no. Simplemente no me lo creo.

--Así están las cosas --dije encogiendome de hombros. Restándole importancia a algo de suma importancia... por lo menos para mí, así lo era.

--Tengo que hablar con papá.

Levanté mi vista nublada y lo contemplé con ojos asustados. Él estaba en su derecho de verlo y hablar con él, pero yo tenía que irme enseguida y llevar a Taylor con Jacob antes de irnos complicaría mi huida.

--Luego podrás hablar con él. En cuanto encontremos un lugar donde quedarnos, te prometo que podrás hablar con él.

--No, mamá. Tú no lo entiendes. Soy un lobo... vampiro, pero a fin de cuentas lobo. Siento la necesidad de estar cerca de la manada de Sam. No soy completamente un integrante de ella, pero así me siento. Estoy ganándome su respeto y he estado logrando que confíen en mí a pesar de mi condición. No puedo irme así como así mamita... yo quiero quedarme.

Abrí la boca y quise negarle su petición. Pero estaba tan impactada por sus palabras que no supe que contestarle. No tenía idea de que mi hijo estuviera trabajando tan duro para ser parte de la manada de Sam. Supuse que desconfiaban de él por ser mi hijo. Con razón Taylor se pasaba tanto tiempo como lobo por los bosques. Había estado trabajando por su lugar en el mundo. Y yo no era nadie para quitárselo.

Las lágrimas cayeron a chorros por mis ojos. No quería estar lejos de Taylor, no podía concebir la idea de dejarlo aquí. Pero así como no concebía esa idea, tampoco concebía la idea de vivir sin Jacob... y ahora tenía que hacerlo.

Pasé mi brazo por la cara y borre las gotas saladas que manchaban mi rostro. Respiré serenamente tres veces y lo vi a los ojos.

--¿Es tu deseo quedarte?

Lo vi dudar un momento, pero después de un momento asintió. No había más que decir.

--Hagamos esto... Sarabelle y yo nos iremos a París, tú... te quedaras con tu padre. No me pienso ir mucho tiempo. Sólo quiero relajarme y estar un tiempo sola. Te llamare todos los días y si nos extrañamos mucho, correré para mirarte y tu puedes hacer lo mismo.

Taylor me sonrió y movió la cabeza de un lado a otro.

--¡Hay madre! ¡Actualízate! Si quieres verme, tan fácil como que te metas al Messenger y pongamos la webcam. --dijo en un intento de chiste, pero sabía que sólo lo decía para relajar la tensión del momento.

Quise sonreírle, de verdad lo intente, pero solamente logre que saliera una mugrosa mueca de mi boca. No quería alejarme de mi pequeño. Pero de verdad necesitaba alejarme de ahí... si no me desmoronaría cada vez que volteara y mirara cada lugar que me recordara a Jacob Black.

--Lo tendré en mente --le reconforté poniéndome de pie y alcanzándolo. Estiré mis brazos y lo apreté en mi pecho. --Te amo, te amo mucho Taylor Black. Quiero lo mejor para ti... aunque no sea a mi lado.

Taylor me rodeó con sus brazos y me reconforté en su alta temperatura. Olía extremadamente bien... me recordaba tanto a... un nudo se me formó en la garganta. --Yo también te amo,mamita.

Sollocé y apreté los labios para no soltarme a gemir y rogarle por que se fuera conmigo. Me limité a abrazarlo con más fuerza y colocarle un beso en la cabeza.

--Te extrañare, corazón. --musité alejándome de su cálido agarré.

Me di la vuelta y comencé a correr hacía el río. Claramente escuché un "Yo también te extrañare... No te apures, yo solucionare las cosas con papá" y después pude distinguir un aullido fuerte e imponente.

Mis ojos se cargaron de más lágrimas y corrí más fuerte. Puse extra atención en el camino porque estaba segura que por culpa del dolor, era muy probable que me fuese de bruces al suelo.

Dejaba atrás todo lo que más amaba... lo más importante de mi vida.

A mi familia, a mi hijo y a... él.

A Jacob Black.
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Ahora sí... Jojojo, entramos en la segunda parte de la historia. Desde que la empecé ya
tenía predestinada esa ida a París. Un personaje nuevo y conoceremos a algunos: Los hijos de la luna ¿Les gusta la idea? ¡Espero que sí!


¡Millones de besos hermosas! ¿Aullidos para esta lobita Alpha?

jueves, 17 de noviembre de 2016

Dulce Rendicion: Capitulo 12


Un Asesinato sin resolver y muchas intrigas.
Bajo el engañosamente suave exterior, Bella Swan es una mujer que sabe exactamente lo que quiere. Un hombre fuerte que la tome sin preguntar, porque está dispuesta a darlo todo...

El policía de Dallas Edward Masen, está en una misión secreta: encontrar el hombre que mató a su compañero y llevarlo ante la justicia. Hasta ahora, ha encontrado un vínculo entre el asesino y Bella, y si Edward ha de acercarse a ella para atrapar al asesino, que así sea.


 Adaptación krizia
Capítulo Doce

Bella bailó por la oficina con contenida emoción. Estaba nerviosa, emocionada y petrificada, todo en uno, por su cita de esta noche. El sexo en su cerebro hacía algunos sueños interesantes, y sólo podía estar agradecida por que fuera un día tranquilo en la oficina.

La tensión sexual entre ella y Edward parecía una caldera, y la hacía aún más decidida y ansiosa por explorar sus deseos más secretos. Él trajo a flote todas las fantasías sensuales que siempre había pensado, e incluso algunas que no.

Ella lo deseaba. Que ciertamente no era uno de sus deseos más secretos. No había nada secreto al respecto. Y tendría que ser muy idiota para no darse cuenta que quería tener sexo con él. Pero. Siempre había un pero.

Quería un hombre fuerte y dominante. De todas las apariencias externas, Edward era ese hombre. Él habló de eso en su charla, pero había tenido unos cuantos charlatanes en el pasado. De inmediato se desinflaban en la cama y fuera de ella.

Es la razón por la que vas esta noche. Para identificar, para poseer, para tomar lo que quieres. Ella sintió que este era el primer gran paso, y una vez aceptado este cambio, este deseo de ser ella misma, ya no habría vuelta atrás.

Emitió un pequeño suspiro mientras arreglaba un montón de contratos sobre la mesa. 

Luego se conectó a internet y abrió un correo electrónico de Carlisle, el hombre que había entablado su cita en La Casa.

En realidad habían intercambiado varios correos electrónicos desde su llamada telefónica hacía algunas noches. Se había sentido a gusto con su actitud amistosa y abierta. La había animado a hacer preguntas y a cambio le había dado una gran cantidad de información acerca de lo que pasaba en La Casa y también sobre lo que podía esperar de su tour.

En uno de sus tontos momentos, y después de pasar cinco horas leyendo sobre las imágenes en Internet de ropas de cuero, algo parecidas al tipo Klingon, le envió un correo electrónico a Carlisle preguntándole qué ropa debía usar. Porque si esperaban que se pusiera un traje de goma negro, sin trasero y un agujero en sus tetas donde se suponía que iban, podían besarle el culo. Su culo desnudo.

Leyó rápido el e—mail, sonriendo al recordar que el ambiente al que iba a entrar esta noche sería crudo y explícito. Sintió un cosquilleo de excitación recorrerla hasta los pies.

Estaba razonablemente dispuesta para su visita a La Casa. O al menos eso imaginaba. Había chequeado un sinnúmero de sitios en Internet, investigado todos los enlaces que Carlisle le había enviado, e incluso había superado sus nervios al ir a colarse al apartamento de Jasper y allanar su colección de pornografía. Ciertamente había conseguido una vista completa. Al parecer, la pornografía suave no estaba en el vocabulario de Jasper.

Ella sonrió mientras mentalmente repasaba la lista que había compilado de los escenarios y las posiciones que quería probar. Todo lo que necesitaba ahora era un compañero bien dispuesto, y tal vez uno que comprendiera mejor las necesidades que sentía. Por lo que esperaba que Carlisle y compañía pudieran arrojarle algo de luz sobre eso.

Se dio la vuelta en su asiento, sintiendo sólo un poco de vértigo y un poco más ridícula. 

Empujó su mano sobre la mesa para detener su movimiento cuando el teléfono sonó.

Sofocó una risita, cuando cogió el teléfono.

—Swan—dijo con voz entrecortada.

—Bella, tenemos que hablar—La voz estridente de su madre recorrió la oreja de Bella como una rama de un árbol sobre un techo de hojalata. —Necesito el dinero. Necesito que me ayudes. Tienes que ayudarme.

Había desaparecido la zalamería y los halagos a los que estaba tan acostumbrada al escuchar las llamadas de su madre.

Renunció a cualquier intento de suavizar su rechazo, Bella se apoderó del teléfono con más fuerza.

—Te pedí que no me llamaras de nuevo.

Ella comenzó a alejar el teléfono de su oído cuando un sonido lejano le levantó los pelos de punta. Presionó el teléfono a su oreja otra vez y aguzó el oído.

—… Dile a esa la perra que consiga el dinero, o ambas se van a arrepentir.

—Mamá, ¿quién era ese?—Exigió Bella.

—Nadie—dijo Reneé con voz entrecortada. —No es nada de lo que tengas que preocuparte.

La familiar tristeza se apoderó de Bella, aglomerando su mente con toda una vida de pesares. Reneé nunca cambiaría. Bella tenía que aceptarlo. Lo había aceptado, pero no por ello era más fácil de reconocer.

—Déjame decir esto para que quede perfectamente claro—comenzó a decir Bella con una voz titubeante. —No me llames. —Tiene su voz se volvió más fuerte y firme mientras permitía que la fuerza de su ira se derramase. —No tengo nada que decirte. No puedo ayudarte. Yo no te voy a ayudar. No puedo ser más clara que eso.

Sus palabras salieron temblorosas al final cuando expulsó una inestable respiración.

—Te quiero, mamá. —su voz se quebró, y ella se secó las lágrimas con el dorso de la mano. —Pero no me gusta en lo que te has convertido, lo que siempre has sido. Yo no quiero ninguna parte de mi vida pasada de regreso. Mi vida contigo. Soy feliz ahora. Lo siento, pero no tengo ningún deseo de volver a contactarme contigo, para permitir que me uses nunca más.

Bella escuchó un sollozo y honestamente no sabía si era ella o su madre. Colgó el teléfono con las manos temblorosas después se cubrió el rostro con los brazos sobre el escritorio.

Sus hombros se estremecían, y sintió que las lágrimas se deslizan sobre sus brazos. Cuando el teléfono volvió a sonar, alargó la mano, tiró de la cuerda de la pared y lo tiró por la habitación. Ella bajó la cabeza y lloró. Ruidosos, crudos sollozos desgarraron su cuerpo. 

Tanto dolor, ira y traición colisionaron en su pecho como una serpiente enfadada lista para atacar.

¿Por qué le daba tanto poder sobre ella a su madre? ¿Por qué le daba a Reneé la capacidad de hacerle daño con tanta facilidad?

Una mano firme la agarró por los hombros y ella se puso rígida.

—Bella, ¿qué pasa?—La súplica urgente de Edward cortó la neblina de color rojo que daba vueltas en su cabeza.

Lentamente, levantó la cabeza, repentinamente sintiéndose tonta por su arrebato emocional indisciplinado. ¿Qué pasaría si fuesen Charlie o Jacob los que entraran?

Tendría un rato endemoniado para explicar por qué estaba llorando a lágrima viva en su escritorio.

Se frotó con impaciencia los ojos y miró hacia otro lado, determinada a que él no viera sus lágrimas. La silla se movió un poco, y miró por el rabillo del ojo para verlo de rodillas a su lado.

Los dedos suavemente curvados alrededor de su barbilla y la levantó, lo que la obligó a mirarlo a los ojos.

— ¿Estás bien?—preguntó en voz baja.

Otro sollozo silencioso salió de su boca, y apretó los labios cerrándolos para evitar que se le escaparan más.

—No, no estás bien. Eso es obvio. —La acarició con el dorso de sus nudillos la mejilla luego metió su cabello tras la oreja. — ¿Qué pasa?—preguntó de nuevo.

—No es nada—dijo con voz temblorosa. —En serio. Me siento como una idiota. Solo estoy preocupada y sobre reaccioné.

—Obviamente es algo. No eres del tipo que reacciona de forma exagerada. ¿Qué te perturba tanto, Bella?

No, no era un tonto, y ella estaba insultando su inteligencia al negar su malestar.

—Está bien, no era nada, pero no es algo de lo que quiera discutir. ¿Puedes entender eso?—Ella le rogó en silencio para que no la presionara más.

Él la miró durante un largo rato.

—Sí. Puedo.

Le apartó una lágrima del rabillo del ojo. Sus miradas se encontraron y estancaron, suspendidos en un eco atemporal.

—No debería hacer esto—le susurró con voz ronca e inquieto.

— ¿Hacer qué?—Murmuró ella.

—Besarte…

— ¿Vas a…?

En vez de responderle, se acercó a ella, sus labios se cernieron peligrosamente cerca de ellos. Su respiración entrecortada fue todo el tiempo que tuvo antes que sus bocas se encontraran.
Sus manos enmarcaron su rostro mientras presionaba uno caliente y duro en su contra. Sus lenguas se encontraron y enredaron. Ella abrió la boca para tomar aire, pero no se apartó. La consumía. Él la consumía.

Su boca avanzó hasta que sus dientes mordieron su labio superior. Lo tironeó hacia afuera, luego lo chupó más hacia su boca. Su lengua la lamió y la exploró antes de liberarle el labio y se trasladó a la esquina de su boca.

Fueron olvidadas sus lágrimas, su angustia. Todo lo que existía en ese momento era el hombre frente a ella. Su toque, su beso, su esencia misma llegaba a su alrededor, llenándola hasta que todo lo demás se desvaneció.

Se acercó hacia él, deslizando sus manos sobre sus hombros. Sus dedos avanzaron hacia su cuello hasta que una mano ahuecó la nuca de su cuello, tirando de él más cerca. Ella mordió de nuevo en sus labios. Beso a beso, mordedura a mordedura, lamida a lamida.

Un gemido profundo se construyó en ella, en su pecho, agolpándose en su garganta, hasta que escapó en un sonido de dulce agonía. La tensión que tenían entre ellos a lo largo de los últimos días, formó una entidad enorme, que estalló en un torrente de lava fundida.

Ella movió sus manos al frente, bajando por su pecho hasta tirar de su camisa. Quería sentir su piel desnuda. Impaciente, le dio un tirón hasta que llegó para liberarlo de sus vaqueros. 

Luego deslizó sus dedos en el borde y llevó las manos a su estómago.

Él se estremeció, su boca se quedó quieta sobre la de ella. Sus manos se movían más altas, deslizándose sobre los músculos de su pecho, empujando hacia arriba la camisa.

Los dedos de él se enterraron en su cabeza, y los pulgares le rozaron las mejillas. No había fuerza en su toque. Una fuerza que ansiaba, necesitaba, deseaba tanto que le dolía.

Ella gimió contra sus labios cuando no se reanudó el beso apasionado, en vez de eso permanecieron inmóviles. Su cuerpo se tensó debajo de sus dedos, los músculos ondularon sobre su pecho.

—Edward—susurró.

Se apartó y cerró los ojos. Una dura interjección bailó en el aire entre ellos, agriando el momento. Sus manos se apartaron de ella, y él se empujó hacia arriba, la tensión salió de él como la arena que brota de balde.

La palma de su mano se deslizó hacia la parte posterior de su cuello, y se frotó arriba y abajo agitado.

—Dios, Bella, lo siento. Eso nunca debió pasar.

Ella lo miró, confusa.

— ¿Lo sientes? Yo quería que sucediera. Tú querías que sucediera. No veo lo que tienes que lamentar.

Recorrió la mesa, haciendo una pausa en el centro del piso, sus movimientos eran espasmódicos e indecisos. Luego se volvió para mirarla. Sus ojos brillaban con una multitud de emociones. El deseo aún ardía intensamente, por lo que ella sabía que no era cuestión de él que no quería lo que había sucedido. Pero también había arrepentimiento, y ¿auto—odio?

—Esto no debió ocurrir—dijo con una sacudida de cabeza. —Me aproveché de tu momento de debilidad. ¿En qué clase de imbécil me convierte eso?

Ella se levantó de su asiento. Sus rodillas temblaban, y colocó sus palmas sobre la mesa para mantener el equilibrio.

—Hemos estado viendo que llegaríamos a este punto en los últimos días. Tú lo sabes, y yo lo sé. Era tan inevitable como respirar. No me digas que no debió pasar cuando sabes malditamente bien que deseabas esto tanto como yo.

— ¿Desearlo?—Se echó una risa ladrido. —Infiernos, Bella, te deseo tanto que me duele. 

Pero no debía ocurrir. Nunca debí dejarlo.

Con eso, se volvió y salió de su oficina, dejándola reflexionar sobre la singularidad absoluta de su declaración.

Se hundió de nuevo en su silla, con las emociones hechas un desastre. Su mirada parpadeó hacia el cable del teléfono, y dejó escapar un suspiro. Se esforzó para levantarse, se acercó para recuperar el cable que había arrancado en su ataque de ira. No sabía cuántas llamadas había perdido mientras negociaba la respiración pesada con Edward.

Después de hurgar en el cable durante unos segundos, remplazó el enchufe de la pared y miró con inquietud otra vez al teléfono, con la maldita esperanza de que no sonara. Cuando el silencio se mantuvo intacto, sus hombros se doblaron aliviados.

Esto tenía que terminar. Esta tensión constante de las llamadas de su madre tenía que parar. ¿Finalmente Reneé entendería el mensaje y dejaría de intentar ponerse en contacto con Bella? Lo dudaba, pero nunca había enfrentado a su madre en el pasado. Esto tenía que ser tan impactante para Reneé como lo fue para Bella.

Tienes una vida. No le debes nada. Finalmente estas saliendo de tu concha y te estás aferrando a tus deseos y necesidades. No lo estropees todo ahora.

Mientras las palabras de ánimo se iban, aunque no eran las mejores, no eran falsas palabras.

Ella tenía una vida. Una con la que estaba contenta. Finalmente había ido extendiendo sus alas y salido de las sombras de su pasado. Finalmente estaba alcanzando lo que quería. 

Finalmente, sin miedo de enfrentarse al lado de sí misma que siempre había negado que existiera.

Tal vez Edward no era lo que necesitaba. Tal vez lo que quería estaba allá afuera, fuera de su alcance, pero cerca. Tal vez lo encontraría esta noche. No lo sabría hasta que diera el salto.

Sintiéndose moderadamente más tranquila después su anterior muestra de rabia, cuadró los hombros y se hizo un juramento silencioso a sí misma. No iba a permitir que su madre la pisoteara de nuevo.
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Gracias Krizia por otro infartante capitulo, se me infartaron las neuronas, las del ansia, jejeje