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martes, 7 de febrero de 2017

SPA-Atrevida Alice: Cap 7


res amigas…tres deseos secretos…tres oportunidades para hacerlos realidad.

Son tres amigas inseparables que se deleitan compartiendo sus aventuras y secretos.

Pero su última apuesta será la más arriesgada de todas: cada una debe acostarse con cualquier hombre que las otras dos escojan para ella… y luego relatar todos y cada uno de los jugosos detalles.
Capítulo 7

 Adaptación de  K de Krizia
Jasper paseó la mirada por el restaurante en busca de dos caras conocidas, hasta que por fin localizó a Rose y a Bella en un reservado de la esquina. Se abrió paso entre la gente y ocupó el asiento vacío.

—Os agradezco que hayáis aceptado reuniros conmigo.

Rose se encogió de hombros.

—No hay problema. ¿Qué sucede?

—Esperaba que vosotras pudierais decírmelo. ¿Qué le pasa a Alice?

Bella frunció el ceño.

— ¿A qué te refieres?

Él les contó lo sucedido la noche anterior, sintiéndose extrañamente reconfortado al ver que ambas mujeres abrían mucho los ojos.

—Eso no es propio de Alice —declaró Bella.

—No tiene una sola pizca de maldad en el cuerpo —añadió Rose—. ¿Y lo de la apuesta?

Ella jamás te lo soltaría así. De ninguna manera.

— ¿Habéis hablado con ella sobre el fin de semana que pasamos juntos y de si sucedió algo después?

Rose negó con la cabeza.

—Es extraño, pero no ha habido forma de verla, dice que está ocupada. Cosa que es verdaderamente insólito tratándose de ella.

—Creo que nos está evitando. Sabemos que está alterada, dijo que no había dado resultado, pero creímos que se refería a la diferencia de estatus social —Dijo Bella.

— ¿Estatus social? —preguntó Jasper.

—Le preocupaba que vuestro nivel socioeconómico fuera tan distinto —explicó Rose.

Jasper sacudió la cabeza.

—Eso es una estupidez. Ambos lo estuvimos hablando, le hablé de mi procedencia. ¡Por el amor de Dios, le dije que crecí en una granja! Los dos venimos del mismo agujero, de modo que ese no puede ser el motivo.

—En ese caso tienes razón. No puede tratarse de eso —Dijo Rose, dando golpecitos en la mesa con las uñas.

—Quizá tenga algo que ver con ese tipo de tu bufete que estuvo el otro día en su cafetería —sugirió Bella.

Jasper la miró.

— ¿Quién?

—No lo dijo. Sólo que uno de los socios sénior se pasó por allí después de cerrar y que no tenía importancia. Alguien llamado Walters. Creo que fue el lunes.

Y fue la noche del lunes cuando ella le soltó ese pequeño discurso de despedida.

— ¡Ah! Ya lo entiendo.

— ¿Qué? —preguntó Rose.

—Creo que tengo una idea de lo que puede haber pasado.

— ¿Tiene algo que ver con ese hombre? —preguntó Bella.

—Me parece que todo. —Estrechó las manos de Rose y de Bella—. Muchas gracias por la información. Ahora tengo que ir a hablar con una persona y espero que eso aclare las cosas con Alice.

—Hazlo —dijo Rose—. No creo esté muy alegre ahora mismo.

—Yo, desde luego, sé que no soy feliz sin ella. Quiero que vuelva.

—Nos alegra oír eso. —Bella le estrechó la mano.

Jasper salió del restaurante y se metió en su coche intentando reprimir la ira. Lo último que necesitaba era tener un accidente. Hizo un esfuerzo para tranquilizarse mientras conducía, pero le fue condenadamente difícil. Se hacía una muy buena idea de lo que había ocurrido entre Alice y Bob.

Era una verdadera pena que el asesinato fuera ilegal, porque en ese momento era lo único que tenía en mente.

Sabía que Bob estaría todavía en el bufete a pesar de la hora. Bob siempre estaba en el bufete. Mientras subía en el ascensor hasta las oficinas del ático, estuvo inspirando por la nariz y espirando por la boca, antes de ir a buscar a Bob al sitio donde sabía que iba a encontrarlo: en su despacho, trabajando. Debía de tener una esposa comprensiva.

Ni siquiera se molestó en llamar.

—Bob, necesito saber qué es lo que le dijiste a Alice —exigió abriendo la puerta.

Bob se giró en su silla y sonrió.

—Os vi a los dos en el cine la otra noche.

¿Bob estaba allí? Eso explicaba algunas cosas.

—Entiendo. ¿Y?

—Le dije a la señora Brandon que os había visto a los dos y lo que estabais haciendo. Le dije lo que deberías haberle dicho tú: que desapareciera.

Jasper empezó a verlo todo rojo. No recordaba haber estado nunca tan furioso.

Cálmate. No lo mates. Pero lo cierto era que quería hacerlo.

— ¿Qué coño te hizo pensar que tenías derecho a acercarte a ella y decirle nada?

—Tú no ibas a hacerlo y yo haré lo que sea para proteger a esta firma.

Jasper apretó los puños. Estaba deseando darle una paliza a ese bastardo presumido.

—Alice no es ninguna amenaza.

— ¿No? Tenemos una reputación que mantener y entre los socios no puede haber pervertidos sexuales. Me gustas, Jasper. Eres agresivo y te vas a convertir en un socio sénior muy bueno, pero no con esa degenerada al lado.

 Ahora, vas a buscar a una mujer socialmente aceptable, te casarás con ella, y mantendrás relaciones sexuales normales. Y ya no voy a hablar más del tema.

—Tú no puedes dirigir mi vida privada, Bob.

Bob sonrió con satisfacción.

— ¿No? ¿Cuánto crees que va a tardar en hundirse tu carrera profesional una vez que se corra la voz de tu preferencia por el sexo en público?

—No serías capaz de hacer algo así.

Bob levantó una ceja.

— ¿No? Me conoces, Jasper. Haré lo que sea necesario para conseguir lo que quiero. Y lo que quiero es que te conviertas en socio sénior de esta firma. Y sin esa tal Brandon al lado. Si sigues viéndola, una información bastante desagradable sobre ti va a ser del dominio público.

—No puedes demostrarlo.

—No necesito hacerlo. Lo único que se necesita es que cuente lo que vi en ese cine.

Investigando un poco, estoy seguro de que quedarán al descubierto muchos otros secretitos sórdidos sobre ti.

Jasper no podía creerse que estuviera pasando esto.

— ¡Y pensar que te admiraba!

—Me da igual que me admires o no, Jasper. Mientras sigas consiguiendo esos contratos millonarios todos los años, puedes odiarme a muerte. Ahora, si me perdonas, tengo trabajo que hacer.

—Esto no ha terminado, Bob.

Bob curvó los labios en una desagradable sonrisa.

—Sí, hijo, se ha acabado.

Jasper giró en redondo y salió del despacho antes de hacer algo que fuera a lamentar después.

Como partirle la cara de un puñetazo a ese hijo de puta. Mientras bajaba en el ascensor hasta el aparcamiento, se consoló imaginando la nariz destrozada de Bob y los documentos salpicados de sangre. No era igual de gratificante que hacerlo de verdad, pero de momento iba a tener que conformarse con eso.

Bob creía haberse salido con la suya, pero estaba equivocado. Aquello no había terminado.

Ni mucho menos. Puede que creyera que tenía la última palabra, sin embargo Jasper también era un tiburón en esos asuntos y sabía algunas cosas. Cosas que Bob no estaba enterado de que sabía.

Lo único que necesitaba ahora eran las pruebas. Dentro de unos días volvería a entrar en el despacho de Bob, y en esta ocasión, el socio principal de la firma no iba a reírse.

Bob acababa de desafiar al hombre equivocado.

Una semana más tarde Jasper estaba de nuevo en el despacho de Bob con un abultado sobre en la mano. Lo tiró encima del escritorio de Bob.

Bob alzó la vista hacia él.

— ¿Qué es esto?

—Puedes abrirlo si quieres, pero te voy a decir lo que hay dentro. En primer lugar esta mi carta de dimisión con efectos inmediatos. Lo otro es un sobre con fotos tuyas manteniendo sexo oral con tu amante.

Bob se quedó sin respiración.

— ¡Oh, sí, Bob! ¿Creías que no estaba enterado de lo tuyo con Janet? Hace mucho tiempo que conozco tus tres citas semanales con esa mujer. Las fotos son preciosas. Estoy seguro de que a tu esposa le encantaría verlas. O mejor dicho, a su abogado le encantaría saber que existen. Y sí, son sólo copias. Los originales los tengo yo. Quizá debieras ocuparte de tus propias preferencias sexuales en vez de preocuparte de lo que hacen los demás.

Bob abrió el sobre, sacó las fotos y palideció.

—Si dices una sola palabra a alguien sobre mi vida privada, esas fotos llegaran no sólo a tu casa, sino a todos los despachos de abogados de la competencia y a todos los periódicos y publicaciones legales de la ciudad.

 Húndeme y te hundo.

El rostro de Bob pasó del blanco al rojo.

— ¡Asqueroso hijo de puta!

Jack se encogió de hombros.

—Aprendí del mejor, Bob.

—Voy a hacer que te expulsen del colegio de abogados por esto.

Jasper se echó a reír.

—Tú no vas a hacerme nada. Me dejarás en paz y yo te dejaré en paz. Y también vas a dejar tranquila a Alice. —Apoyó las manos en el escritorio de Bob con tanta fuerza que éste retrocedió con el temor reflejado en su cara sudorosa—. Si me entero de que te has acercado a ella, vendré personalmente a darte una paliza. Crecí en una granja, Bob, ¿lo recuerdas?

 No soy un niño blanco, rico e inocente. Puedo ensuciarme las manos si es necesario, y espero que nunca lo olvides. Y sé dónde esconder los cuerpos.

A Bob se le desorbitaron los ojos, pero antes de que pudiera hablar, Jasper se inclinó hacia él y dijo: —Jamás te atrevas a desafiarme otra vez.

Se apartó del escritorio de Bob con intención de irse, pero se detuvo y se volvió.

—Y por cierto, estoy abriendo mi propio bufete que le hará la competencia a esta supuesta firma de primera categoría que tienes. Prepárate Bob, porque estoy a punto de enfrentarme cara a cara contigo. Y francamente, me parece que soy mejor que tú.

Se dio media vuelta y salió de allí, sintiéndose mejor de lo que se había sentido en la última semana.

Un problema solucionado, ahora sólo quedaba otro.

Era hora de ir a ver Alice.

Alice estaba sentada en el porche de su casa, intentando disfrutar de la brisa veraniega impregnada con el aroma de las gardenias del jardín, jugueteando con el bajo del vestido. Sin embargo, por mucho que lo intentara, las cosas que antes solían arrancarle una sonrisa ahora no le proporcionaban ninguna alegría.

Claro que durante la última semana no había sentido alegría por nada.

Desde la noche que echó a Jasper de su casa vivía como un robot, trabajando de día y volviendo a casa de noche para dar vueltas con apatía hasta que llegaba la hora de acostarse, y luego quedarse tumbada contemplando el techo, incapaz de dormir. Ni siquiera quería ver a Bella y a Rose, porque no podía contarles lo que le había hecho a Jasper.

¡Dios, cuánto lo echaba de menos! Lo lloraba como había llorado a Bobby. Aunque sabía que no era lo mismo. Bobby había muerto. Fue su marido, su amigo del alma, el hombre con quien compartió su vida durante años. Jasper había sido una aventura de fin de semana y nada más.

Seguía vivo y ella debía continuar con su vida. Había sido un experimento, una apuesta, un simple coqueteo que no había llegado a nada.

Entonces, ¿por qué dolía tanto? ¿Por qué tenía la sensación de tener un agujero en el estómago, un constante dolor que no acababa nunca?

Porque aunque Jasper y ella sólo habían pasado juntos un fin de semana, aquello llevaba gestándose mucho más tiempo. Su destino era estar juntos y ella había permitido que el imbécil de su jefe decidiera que tenían que romper.

¿Pero qué le pasaba? ¿Tan mala opinión tenía de sí misma que cedía a los dictados de cualquier abogado importante sólo porque éste pensaba que ella no era lo bastante buena para Jasper? ¿Por qué no había confiado en Jasper lo bastante como para al menos contarle lo que le había dicho Bob Walters? ¿Por qué no había dejado que fuera Jasper quien decidiera si ella era adecuada o no para él?
¿Y por qué no podía decidirlo por sí misma? ¿Dónde se habían metido el orgullo, el valor y la decisión que le habían permitido soportar la muerte de Bobby e iniciar un negocio? ¿Por qué no le había plantado cara a Bob Walters? ¿Por qué no le había respondido que sí que era lo suficientemente buena para Jasper?

¡Que le jodieran! O mejor dicho, que se jodiera solo. Eso era lo que estaba mal. Había tomado la decisión equivocada. Había permitido que otra persona decidiera por ella y eso no estaba bien. Tenía que contarle a Jasper la verdad. Y luego tenía que decirle lo que sentía por él. Si después se iba, al menos sabría que había sido sincera.

Se levantó y entró en la casa con intención de coger el teléfono, vacilando tan sólo un instante antes de marcar el número del móvil de Jasper. Él descolgó al primer timbrazo.

— ¿Jasper?

— ¿Alice?

Se le desbocó el corazón al oír el sonido de su voz. ¿Querría hablar con ella?

—Necesito verte.

— ¿Va todo bien?

—Sí. Tengo que explicarte lo de la otra noche. Las cosas que te dije… las razones para hacerlo… es muy difícil hacerlo por teléfono.

— ¿Entonces por qué no me lo cuentas cara a cara?

Ella se volvió en redondo y casi se desmayó al verlo en la entrada de su casa con el teléfono pegado al oído. Colgó.

—Estás aquí.

Él sonrió y se guardó el móvil en el bolsillo.

—En realidad venía a verte.

— ¿Sí? —Se secó el sudor de las manos en el vestido.
—Sí.

— ¿Por qué?

—Porque tengo muchas cosas que decirte. —Entró y cerró la puerta.

Ella se acercó a él.

—Yo también.

— ¿Sí?

—Sí. Es acerca de la noche que te eché de mi casa. Te mentí.

En ese momento sólo los separaban unos centímetros. Ella estuvo a punto de echarse a llorar al inspirar su olor, por lo mucho que había echado de menos su aroma. Quiso extender la mano hacia él, lanzarse a sus brazos, rodearlo con las piernas y olerlo.

— ¿Me mentiste?

—Sí. Uno de los socios principales de tu firma vino a verme y me dijo que no debía verte más. Estaba en el cine la noche que fuimos nosotros. Nos vio y dijo éramos unos pervertidos y que si seguías viéndome podría poner en peligro tu futuro en el bufete.

—Lo sé.

—Luego dijo… ¿Lo sabes?

—Me lo imaginé después de hablar con Rose y con Bella.

— ¿Hablaste con ellas?

—En cuanto me echaste. Sabía que algo no iba bien. No es propio de ti, Alice. Tú no te comportas así.

Él la conocía. La conocía de verdad. Se le llenaron los ojos de lágrimas y parpadeó para contenerlas.

—Lo siento Jasper. Lamento mucho haberte dicho todas esas cosas. Me dolieron tanto como a ti.

Él le puso una mano en la mejilla y ella estuvo a punto de desfallecer ante el calor y el amor que sintió.

—Lo sé cariño. Y también sé que él te hizo daño. Pero ese hijo de puta no volverá a acercarse a ti ni a mí, nunca.

Ella abrió mucho los ojos.

— ¿Qué has hecho?

—He dejado el bufete.

— ¿Cómo? —Le sujetó la mano—. ¿Por qué?

—Porque así no podrán chantajearme. Además, lo que nosotros hacemos no es una perversión, Alice. Es asunto nuestro y de nadie más. No le hace daño a nadie y por supuesto, no afecta a mi forma de trabajar. Por otro lado, Bob Walters lleva cinco años tirándose a su secretaria.

— ¡No!

Jasper asintió.

—Sí, y además tengo fotos que lo demuestran. Esta noche se las he puesto encima de la mesa, después de que me amenazara con hacer públicas mis supuestas perversiones si no me comportaba como es debido y hacía exactamente lo que él decía.

A Alice le temblaban las piernas.

—No puedo creer que te amenazara de esa manera. —Alzó la vista hacia él—. ¿Tienes fotos de él con su secretaria?

Él sonrió de oreja a oreja.

—Desde luego. No volverá a molestarnos jamás. Al menos si quiere conservar todo su dinero y evitar un divorcio desagradable y costoso.
— ¡Oh, Dios! —Se sentía en cierto modo responsable de todo aquello—. Has dejado tu trabajo por mi culpa.

—No, Alice. Lo he dejado porque el socio principal es un idiota. No tiene nada que ver contigo.

—Sí, sí que lo tiene. Es por mí, por lo que hicimos, por lo que hacemos.

— ¡Eh! —La acercó hacia sí, rodeándola con los brazos—. Lo que hacemos es divertido y no hace daño a nadie. Es emocionante, sexualmente estimulante y más ardiente que el infierno.

No tiene nada de malo, de modo que no tienes que avergonzarte ni sonrojarte. Lo que hagan por voluntad propia dos adultos solteros es completamente aceptable.

Ella asintió.

—Tienes razón. De todos modos te has quedado sin trabajo por culpa de esto.

—No es así. Ven conmigo. Tengo que enseñarte algo.

La llevó hasta el centro de la ciudad, aparcó en la calle, y luego recorrieron una corta distancia y entraron en un edificio en construcción. Un modesto complejo de oficinas de cuatro pisos situado muy cerca de su cafetería.

— ¿Dónde vamos? —preguntó ella.

—A mi nueva oficina.

Mientras caminaban por la planta del edificio, hacia el nuevo local, ella arrugó la nariz ante el olor a serrín y pintura. Era un lugar modesto, luminoso y amplio, con un área de recepción y tres despachos.

—Voy a empezar desde abajo, pero espero crecer rápidamente.

—Has creado tu propia empresa.

Él asintió, con una ancha sonrisa.
—Ya tengo dos clientes que se han venido conmigo. He contratado una secretaria y tengo un socio que se incorporará el lunes. Hasta que las oficinas estén terminadas trabajaré desde mi casa, pero oficialmente ya estoy en marcha.

Ella le oprimió la mano.

—Estoy muy orgullosa de ti, Jasper.

—Necesitaba una buena patada en el culo como ésa. No creo que sirva para ser el lacayo de nadie. Desde que tomé la decisión de dejar la firma de abogados y empezar con mi propio bufete he sentido una descarga de adrenalina. Ahora podré hacer las cosas a mi manera. De la manera correcta.

—Y vas a tener mucho éxito.

—Igual que tú, cuando creaste tu propio negocio desde abajo.

Ella se iluminó ante el halago.

—Gracias. Me gustaría pensar que así es.

—Yo lo sé. Y ahora, ¿te gustaría ayudarme a inaugurar mi nuevo bufete?

La brisa agitó las protecciones de plástico contra la madera y Alice sacudió la cabeza.

— ¿Aquí?

—Demonios, sí. Se me ha puesto dura sólo de pensar en hacerte el amor aquí.

A ella se le contrajeron los pezones. Lo había echado de menos a él y a la emoción de tenerlo en su vida. Sin él se sentía vacía. Con él cada día era una aventura.

— ¿Dónde?

Él miró a su alrededor, luego la cogió de la mano y se dirigió al despacho de la esquina.

—En mi despacho. Mientras follamos veremos el centro de la ciudad.

En el rincón había una mesa de trabajo y algunas telas. Jasper las desplegó, las extendió sobre la mesa, y luego se palmeó el pene por encima de los vaqueros.

—Ya la tengo dura por ti, Alice. Necesito metértela ahora mismo.

La urgencia de su voz estimuló el deseo de ella; una ráfaga de aire entró en el lugar y le levantó el vestido. Ella se acercó a la mesa, se tumbó boca abajo y giró la cabeza hacia él.

—Fóllame, Jasper.

Miró al frente y contempló la panorámica de la ciudad, húmeda de expectación al sentir a Jasper a su espalda y oír que se bajaba la cremallera del pantalón. Él le levantó el vestido y ella sintió sus labios ardientes en el hueco de la espalda.

—Que piel tan hermosa, Alice —dijo él—. Se funde bajo mi mano como la más suave de las mieles.

Él le acarició el sexo. Ella gimió y, tal como él había dicho, se derritió sobre su mano a través de las bragas. Él se las bajó, dejando al descubierto el coño, y luego la besó entre las piernas, enterrando allí la boca y desrizándole la lengua en la vagina.

Se le tensaron las piernas mientras él la lamía, pasándole la lengua por el clítoris dilatado. El placer que le daba este hombre era diferente a cualquier otro que ella hubiera experimentado nunca. Prohibido y lascivo, más de lo que nunca se atrevió a desear, la llevó en un viaje salvaje que inflamó sus sentidos, intoxicándola. Cuando estaba al borde del orgasmo, él se detuvo, se incorporó y se inclinó para besarla. Ella lamió su propia humedad en los labios de él, absorbiendo su lengua cuando la penetró desde atrás.

Él le sujetó las muñecas y se movió contra ella mientras Alice contemplaba todos los edificios de oficinas de la ciudad, preguntándose si habría alguien en alguna de las ventanas mirándolos. Se derritió ante la sola idea de que alguien pudiera estar viéndolos.

—Fóllame más fuerte, Jasper.

Él se impulsó profundamente, con tanta fuerza que la mesa se movió de su sitio. Sus testículos chocaban contra el clítoris de ella, acercándola cada vez más al clímax.

—Córrete para mí, Alice —le dijo él al oído, con voz ronca y grave—. Córrete en mi polla.

Se movió contra ella y empezó a frotarle el clítoris. Aquello fue demasiado para Alice. Se clavó las uñas en las palmas de las manos y lanzó un grito de éxtasis, lanzándose contra él y llevándolo a su propio orgasmo. Él se derramó en ella y se introdujo profundamente, gimiendo contra su cuello y clavándole los dientes en la nuca. Ella se estremeció ante la intimidad del gesto.

Ambos estaban sudorosos. Y jadeantes. Cuando Jasper se levantó, el aire refrescó la piel húmeda de Alice. Él la incorporó, le dio la vuelta y la besó en la boca. No fue un beso de pasión, sino uno suave y tierno, cargado de emoción y de un sentimiento que ella esperaba que fuera amor, porque eso era lo que ella expresó al asir sus hombros, manifestando sin palabras lo que sentía por él.

Cuando se separaron, ella apoyó la cabeza en su hombro y permitió que le acariciara la espalda, sintiéndose tan increíblemente completa que no quería moverse, temiendo que el cuento de hadas desapareciera si pronunciaba una sola palabra.

— ¿Crees que alguna vez haremos el amor en una cama?

Ella resopló. Levantó la cabeza y sonrió.

—No lo sé. Supongo que podríamos intentarlo.

Él la cogió de la mano y se dirigieron a la escalera.

—Desde luego sería una novedad.

—Tendré que pensarlo. No estoy segura de estar preparada todavía para algo tan retorcido.

Él se rió mientras se dirigían a la calle.

—Tienes razón, deberíamos tomárnoslo con calma. Volveremos a empezar en el porche e iremos entrando.

Al pasar por la cafetería, Alice se detuvo, lo miró a él, luego a la tienda y de nuevo a él, levantando una ceja.

—Bueno, todavía no hemos bautizado como Dios manda tu cafetería —dijo él.


Ella sonrió de oreja a oreja y buscó las llaves.
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Y ya solo nos queda el epilogo de "Atrevida Alice", para que se acaben estas tres historias, que nos han mantenido al filo entre el calor máximo y nuestro lugar soñado.
Espero que lo disfrutaran, gracias Krizia!!!

martes, 13 de diciembre de 2016

Recuperando la eternidad- Capitulo 9



Los Volturi pondrán en predicamentos a la familia Black Cullen. ¿Qué tendrá que hacer Jake para proteger lo que más ama ahora que es humano? Secuela de Contigo en el alba.

Disclaimer: La mayoría de los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, aunque Jacob es mío... en muchos sentidos.


ME VOY
Original de Kokoro Black

Nessie

Mamá estaba moviéndose de un lado al otro. Parecía que no podía estar tranquila por más de tres segundos antes de volver a caminar exasperada.

--Es que no lo puedo creer. ¡Dios santo! ¡Voy a matar a un lobo!

Quise sonreírle pero no pude. Estaba enfrascada en mi dolor y sufrimiento. No era como si me durmiera y despertara y el dolor desapareciera... no, no era así. El dolor estaba ahí, latente y lacerante porque mi Jacob me temía... mi Jacob no me amaba. Definitivamente no iba a poder sonreír en un largo tiempo.

--Y lo peor de todo, es que no puedo creer que le creyeras.

--¿Qué? --pregunté regresando mi atención a ella. --¿Cómo que no puedes creer que le creyera? Él me lo dijo. Sólo le faltó decirme que me odiaba.

--Nessie... --pronunció y se sentó a mi lado. --Hija, ¿Recuerdas cuando te conté que tu padre me había dejado?

Asentí y me limpié las lágrimas que aún amenazaban con nublarme la vista. Conocía la historia demasiado bien. Papá había dejado a mi madre cuando recién comenzaban su relación, para protegerla de su estilo de vida después de un accidente que tuvieron con tío Jasper. Pero la situación era completamente distinta... papá no temía de mi madre, no la odiaba... la amaba.

--Pero no es lo mismo, mamá.

--No... no es lo mismo, es mucho peor. Nessie, conozco a Jacob y sé que aún te ama... sólo te dijo eso porque cree que está protegiéndote.

Volteé para otro lado y me agarré el corazón. De verdad tenía suficiente con mis propios demonios como para que mi madre me pasara los suyos.

--Mamá... no me tortures más con eso. No me lo hagas más difícil de lo que ya es.

--Ness...

--No. No me llames Nessie o sus derivados, ya no más. Llámame Renesmee. No quiero escuchar ese apodo nunca más... te lo ruego.

No. No soportaría escuchar "Nessie" y saber que el hombre que amo y que me otorgó el apodo jamás lo volvería hacer. Me sentía completamente débil y vulnerable.

--De acuerdo Renesmee, será como tú quieras.

Caminó en mi dirección y cuando me puso la mano en el hombro, me solté llorando. No podía evitarlo, trataba de aguantarme por los niños, cuando me habían visto llegar se extrañaron y lo primero que hicieron fue preguntar por su padre... casi me muero.

Apoyé mi rostro en el gélido pecho de mi madre y me solté llorando sin siquiera poderlo evitar. Todo dolía como el mismo demonio. Ella me acarició el cabello y me dejó chillar, patalear, gritar y desahogarme. Lo más probable es que mi familia hubiese escuchado cada uno de mis gritos de dolor y sufrimiento, pero no me importó en ese momento. Sólo quería expulsar todo lo que me acongojaba y desgarraba. Me sentía vacía y sin rumbo. Sin ganas de nada...

¿Qué haría de mi vida ahora? No podía regresar con mi familia. No quería ser objeto de lastima e incomodidad. No, necesitaba estar sola con mis hijos. Encontrar un lugar en el mundo en donde pueda relajarme y dejar que el dolor me consuma sin afectar a nadie más.

Necesitaba huir... huir a un lugar lo bastante lejano.

¿Dónde sería un buen sitio?

Me puse a meditar un poco y a hacer memorias... mi viaje con Nahuel. Habíamos recorrido gran parte de Europa buscando a su padre: Joham, y me había enamorado de varios sitios... pero sin dudas París había llamado mi atención.

¿Estaba considerando irme a París? ¿Por qué no? No tenía nada que me atara a quedarme aquí. Algunos podrían decirme: tu familia, pero yo no quería estar cerca de ellos y que día a día notaran mi angustia y mis ganas de morir.

Paré las lágrimas y me separé de mamá, me quería ir... y me quería ir ya.

--Me voy.

Mamá me vio contraria y sacudió la cabeza.

--Nes... Renesmee... sé que estas afectada, pero no puedes hablar en serio. Esta es tu casa y aquí serás bienvenida siempre.

--Pues si estoy hablando en serio. Me voy, no quiero estar aquí... necesito un espacio en donde pueda ser yo misma y ser libre junto a mis hijos.

--No. Perdóname, pero no puedo permitirte eso.

--Mamá--musité y la tomé del brazo. --Lo necesito.--Comencé a mostrarle las imágenes de Jacob botándome y le mostré cada una de las partes de mi dolor. No podía... juro que no podía y necesitaba que me entendiera.

El rostro de mamá se torció de dolor y la escuché sollozar. No quería causar lastima ni nada por el estilo pero era preciso que ella me comprendiera. De repente me empujó y se agarró el pecho.

--No lo hagas por favor... no vuelvas a hacerme eso.

Me quede atónita por su respuesta. Quise acercarme y ella se encogió.

--¿Mamá? ¿Estás bien?

Juro que casi estaba sudando y respiraba entrecortadamente.

--No te apures... es que tus sentimientos, me hicieron recordar en carne viva cosas que pensé que ya había olvidado.

Una enorme "O" se dibujó en mi rostro.

Era una soberana idiota, había hecho que mamá reviviera prácticamente su ruptura con papá, su expresión de dolor lo decía todo. Yo no necesitaba mostrarle nada, ella sabía exactamente de que le estaba hablando.

--Lo siento... --murmuré llorando. No me bastaba con sufrir yo... si no que arrastraba a mi madre en el proceso.

Estaba mal... definitivamente muy mal.

Abrí la puerta del cuarto y le grité a mi papá. A los dos segundos estaba al lado de mamá abrazándola. Entrecerré los ojos y los vi amándose. Papá la consolaba y le decía que él estaba ahí... siempre para ella. Él sabía perfectamente lo que había pasado, nos estaba escuchando.

Sonreí en su dirección y me di la vuelta. Era cierto que él la había abandonado, pero nunca la había dejado de amar... y ahora se dedicaba a compensarla y hacerla feliz pasara lo que pasara. No era tan fuerte para seguirlos viendo y no quería opacar su momento. Corrí a la habitación de huéspedes en donde estaban mis cosas y las de mis hijos. Las mías no eran muchas obviamente porque no había traído conmigo nada de casa, sólo tomé la ropa que tía Alice compraba para mí cuando estaba de visita.

No quise saber si estaba bien o si estaba mal. Sólo sabía que tenía que huir. Corrí piso abajo y me topé con tía Rose tapando la entrada.

--Tía...

--Te conozco Renesmee... sé lo que planeas hacer y déjame te digo que es una soberana estupidez. Además que escuché lo que le decías a tu madre... no cabe duda que has pasado demasiado tiempo con ese perro...

Cuando dijo eso... volví a llevar mi mano al pecho y mi rostro se descompuso. El recuerdo de Jake me atravesaba como mil cuchillas.

--Oh... rayos... Renesmee. Déjalo ir... déjalo pasar.

--No puedo--respondí con voz seca. No era tan fácil cómo mi tía me la ponía.

--Tienes que poder.

Entrecerré mis ojos y me enojé a sobremanera. Miles de insultos quisieron brotar de mi garganta pero sólo salió lo siguiente:

--Si tío Emmett te botara, ¿Lo dejarías ir... lo dejarías pasar?

Mi tía abrió sus ojos como faroles y se quedó con la boca abierta sin poder argumentar algo decente.

Lo sabía... nadie puede vivir como si nada cuando el amor de tu vida te abandona.

Me seguí de largo y ya no me detuvo. Sólo necesitaba encontrar a mis hijos y largarme de allí. Necesitaba escapar y encontrarme en algún lugar del mundo. Olí a mis hijos y seguí su rastro hasta las profundidades del bosque. Estaban con tía Alice y tío Jasper... podía reconocer la esencia de cada uno y estaban a menos de 15 metros de mí.

No sería sencillo explicarles que nos teníamos que ir... que su padre no nos acompañaría. Me paré en seco cuando caí en la cuenta de que no sabía cómo se lo diría a los niños. Seguí caminando de repente, pero estaba completamente ida. ¿Cómo se les explica a unos niños híbridos que tienen que irse con su madre a Europa y que no verán por un tiempo a su padre?

Maldije en voz baja pero eso no impidió que mis pies siguieran moviéndose. Estaba enfrascada en mis pensamientos hasta que sin darme cuenta ya estaba delante de mi familia.

--¿Ness...

--No. Soy Renesmee, llámame por mi nombre tía Alice.

Vi a tío Jasper fruncir el ceño.

--O.K. Renesmee será pues. --contestó tía Alice en un intento de puchero.

--Mamí --gritó Sarabelle y corrió hasta mis brazos. --¿Nos vas a ayudar a cazar?

Se me hizo un nudo en la garganta y tragué saliva. Era el momento de la verdad. Miré los ojitos de Sarabelle que me esperaban curiosos y Taylor que estaba como lobo me miraba con semblante preocupado.

--No --contesté sin ver a ninguno de los dos a los ojos. --Pero... nos vamos de vacaciones.

De acuerdo, no fue lo más listo que dije, pero no se me ocurrió otra cosa.

--¿Vacaciones? --preguntó tía Alice atravesándome con la mirada. --¿A dónde?

--Europa. Es hermosa, tiene los países más bellos que...

--Lo sé.-- me interrumpió. --Yo también he viajado por ahí.

--¿Esta vez me llevas contigo mami? --preguntó la pequeña que sostenía.

--Por supuesto. La vez pasada te dije que cuando me fuera de vacaciones te llevaría conmigo.

--¡Yupi! ¡Vacaciones! --gritó mi pequeña.

Sonreí forzadamente y volteé a ver a tía Alice que me miraba con un rostro poco amable. Necesitaba huir a toda prisa.

--Taylor sígueme --ordené dándole la espalda a mis tíos y dejándolos ahí solos. Corrí de vuelta a la mansión Cullen mientras escuchaba el paso sigiloso de un lobo a mis espaldas.

Estaba segura que Taylor estaría preguntándose una y otra vez, que rayos estaba pasando. Lo más difícil de todo era tratar de explicárselo a él.

--Quédense aquí --les rogué cuando estábamos a unos cuantos metros de la mansión. Corrí sola por nuestras pertenencias. Cuando entré, escuché a mis padres aún enfrascados en sus memorias y la tía Rose sólo me vio con pesadez. No quise pensar mucho cuando tomé lo que me correspondía y huía con rapidez. Si me ponía a meditar, era probable que me acobardara.

--Vámonos.

--¿Y papá?

Levanté la vista y Taylor estaba ya como un adolescente -demasiado confundido por ciertoparado
delante de mí.

--No puede venir con nosotros.

--¿Por qué no?

Me puse nerviosa y juró que mi voz se quebró sin aún pronunciar nada. Sabía que lo más difícil sería enfrentar a Taylor.

--Porque papá tiene muchas cosas que hacer y no podemos molestarlo.

Taylor no era tonto, de mis dos hijos es el que más rápido se había desarrollado. En todos los sentidos, de todas las formas posibles. Y por la mirada que me dedicó era obvio que no se había creído ni una pizca de lo que le había dicho.

--A otro perro con ese cuento, mamá.

Sí, ni una pizca.

Sarabelle nos vio con ojos confusos y decidí actuar a prisa antes de que su pequeño
corazoncito se hiciera pedazos.

--Sarybelly, amor --la llamé hincándome y mirándola a los ojos. --¿Porqué no te adelantas un poquito y nos esperas en el río que esta cuesta arriba. Seguro que te podrás un chapuzón y Taylor y yo te alcanzaremos enseguida.

Sus ojitos se iluminaron y asintió enérgicamente. --¡Los espero! --gritó mientras su pelo desaparecía entre las ramas de los árboles.

Hasta que la perdí de vista totalmente fue que me atreví a contemplar a mi hijo. Era cierto que su piel era blanca como la mía, pero de ahí en fuera... era idéntico a su padre. Física y espiritualmente.

--¿Por qué no me dices de una vez que es lo que sucede mamá?

--¿En qué momento de estos dos años dejaste de ser un niño? --susurré más para mí misma que para él.

--No me cambies el tema.

--No lo hago. Sólo que aún me sorprendes.

Su pecho se infló y sus músculos me recodaron a los de su padre. Definitivamente eso de tener cuerpo de adonis era una condición de lobo.

Él se encogió de hombros y volvió a posar su mirada en mí.

--¿Y bien? ¿A dónde quieres que vayamos?

--París --decidí contestarle con la verdad.

--¿Paris? ¿Vamos hasta París y papá no viene?

--París no está tan lejos. Además, a ti te encanto, recuerdas cuando fuiste con Huilen a ver la torre Eiffel y...
--Lo recuerdo --me interrumpió ,--pero no entiendo que tiene que ver eso con que papá no venga.

¿Cómo se lo decía? ¿Cómo?

Me removí nerviosa y supe que no podía mentirle mucho. Taylor se daría cuenta si se me ocurría inventarme alguna estupidez. La verdad... no me quedaba de otra.

--Tú papá y yo nos vamos a separar. Más bien nos separamos...

Taylor me vio con los ojos abiertos como platos y vi como se fueron nublando.

--Eso no puede ser. ¿Por qué lo dejas?

--Tay, yo no... lo dejó--solté con voz desgarbada. --Sólo es que ya no nos entendemos y es lo mejor para los dos.

Tay empezó a dar vueltas en círculo y respiraba entrecortadamente. Parecía que se lo estaba pensando mucho.

--¿Aún lo amas?

--¿Qué?

--¿Que si aún amas a papá?

La respuesta era más que obvia y no sabía que esperaba Taylor que respondiera. ¡Pero por todos los cielos sí... lo amaba más que a mi vida!

--Lo amo --me puse a llorar y me caí de rodillas. Confesar que amaba a quien más me había lastimado era difícil, pero más difícil era saber que me había dañado por mi culpa. Porque yo lo había dañado a él... yo era la única culpable. Yo, yo y yo.

--¡Cielos mamá, no llores así!--Taylor corrió y me abrazó, permitiéndome que pudiera mojar su hombro con mis lágrimas. No sabía qué hacer, no sabía qué decir, sólo quería llorar y dejarme derrumbar. Pero no tenía derecho a embarrar a mis hijos con mis problemas emocionales. Ellos tendrían suficientes con sus propios problemas cuando supieran exactamente qué sucedía.

--Si lo amas, no lo dejes mamá. Lucha... tú eres muy fuerte--alentó mi pequeño con un tono esperanzado.

Yo podía ser fuerte... pero esto me había sobrepasado. No era más que un conejito débil y
lastimado.

--No hay nada que pueda hacer. Todo se terminó.

--Me niego a creer eso. --se separó de mí y volvió a caminar en círculos. --No, no, no. Simplemente no me lo creo.

--Así están las cosas --dije encogiendome de hombros. Restándole importancia a algo de suma importancia... por lo menos para mí, así lo era.

--Tengo que hablar con papá.

Levanté mi vista nublada y lo contemplé con ojos asustados. Él estaba en su derecho de verlo y hablar con él, pero yo tenía que irme enseguida y llevar a Taylor con Jacob antes de irnos complicaría mi huida.

--Luego podrás hablar con él. En cuanto encontremos un lugar donde quedarnos, te prometo que podrás hablar con él.

--No, mamá. Tú no lo entiendes. Soy un lobo... vampiro, pero a fin de cuentas lobo. Siento la necesidad de estar cerca de la manada de Sam. No soy completamente un integrante de ella, pero así me siento. Estoy ganándome su respeto y he estado logrando que confíen en mí a pesar de mi condición. No puedo irme así como así mamita... yo quiero quedarme.

Abrí la boca y quise negarle su petición. Pero estaba tan impactada por sus palabras que no supe que contestarle. No tenía idea de que mi hijo estuviera trabajando tan duro para ser parte de la manada de Sam. Supuse que desconfiaban de él por ser mi hijo. Con razón Taylor se pasaba tanto tiempo como lobo por los bosques. Había estado trabajando por su lugar en el mundo. Y yo no era nadie para quitárselo.

Las lágrimas cayeron a chorros por mis ojos. No quería estar lejos de Taylor, no podía concebir la idea de dejarlo aquí. Pero así como no concebía esa idea, tampoco concebía la idea de vivir sin Jacob... y ahora tenía que hacerlo.

Pasé mi brazo por la cara y borre las gotas saladas que manchaban mi rostro. Respiré serenamente tres veces y lo vi a los ojos.

--¿Es tu deseo quedarte?

Lo vi dudar un momento, pero después de un momento asintió. No había más que decir.

--Hagamos esto... Sarabelle y yo nos iremos a París, tú... te quedaras con tu padre. No me pienso ir mucho tiempo. Sólo quiero relajarme y estar un tiempo sola. Te llamare todos los días y si nos extrañamos mucho, correré para mirarte y tu puedes hacer lo mismo.

Taylor me sonrió y movió la cabeza de un lado a otro.

--¡Hay madre! ¡Actualízate! Si quieres verme, tan fácil como que te metas al Messenger y pongamos la webcam. --dijo en un intento de chiste, pero sabía que sólo lo decía para relajar la tensión del momento.

Quise sonreírle, de verdad lo intente, pero solamente logre que saliera una mugrosa mueca de mi boca. No quería alejarme de mi pequeño. Pero de verdad necesitaba alejarme de ahí... si no me desmoronaría cada vez que volteara y mirara cada lugar que me recordara a Jacob Black.

--Lo tendré en mente --le reconforté poniéndome de pie y alcanzándolo. Estiré mis brazos y lo apreté en mi pecho. --Te amo, te amo mucho Taylor Black. Quiero lo mejor para ti... aunque no sea a mi lado.

Taylor me rodeó con sus brazos y me reconforté en su alta temperatura. Olía extremadamente bien... me recordaba tanto a... un nudo se me formó en la garganta. --Yo también te amo,mamita.

Sollocé y apreté los labios para no soltarme a gemir y rogarle por que se fuera conmigo. Me limité a abrazarlo con más fuerza y colocarle un beso en la cabeza.

--Te extrañare, corazón. --musité alejándome de su cálido agarré.

Me di la vuelta y comencé a correr hacía el río. Claramente escuché un "Yo también te extrañare... No te apures, yo solucionare las cosas con papá" y después pude distinguir un aullido fuerte e imponente.

Mis ojos se cargaron de más lágrimas y corrí más fuerte. Puse extra atención en el camino porque estaba segura que por culpa del dolor, era muy probable que me fuese de bruces al suelo.

Dejaba atrás todo lo que más amaba... lo más importante de mi vida.

A mi familia, a mi hijo y a... él.

A Jacob Black.
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Ahora sí... Jojojo, entramos en la segunda parte de la historia. Desde que la empecé ya
tenía predestinada esa ida a París. Un personaje nuevo y conoceremos a algunos: Los hijos de la luna ¿Les gusta la idea? ¡Espero que sí!


¡Millones de besos hermosas! ¿Aullidos para esta lobita Alpha?