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lunes, 22 de julio de 2013

Detras de los ojos azules- Capitulo 4


Descubrir que la muerte gusta de ti, siempre será peligroso. Aceptar ser su confidente, puede ser peor. Porque la verdad de las novelas, usualmente, no es como se cuenta en el papel.

Elise, enamorada de la vida y deslumbrada por quien menos debía, descubrirá su propia historia en los ojos transparentes que la encontraron sin buscarla.

Oportunidades y elecciones. Recuerdos y miedos. Ambos, Muerte y Elise, revivirán lo que no creyeron pudiera darse. El cambio de las decisiones, no quiere decir que todo saldrá bien esta vez.

No hay finales felices, sólo finales, que a veces… Pueden continuar eternamente.



PESADILLAS



Original de Sissy


Era media tarde cuando Elise por fin llegaba a su casa acompañada por Marita y Ralph. Edward había estado a su lado toda la noche y brevemente durante la temprana mañana, pero poco después de la llegada de los primeros amigos de ella, se disculpó para marcharse.


Elise se había deshecho en agradecimientos para con él cuando por fin los dejaron a solas, pero eso se sentía insuficiente. Edward le había salvado la vida y estaba en eterna deuda con él. Simplemente no había modo de compensarlo. Su caballerosidad lo había hecho discutir con el encargado y seguirla hasta el tercer piso para no abandonarla en el solitario estacionamiento, llegando a tiempo para librarla de morir ahí mismo.


Él había sido enviado por un ángel, no había otra excusa para sus dos oportunas apariciones. Quizá, él era algo más, lo había conocido para algo más…


Fue terrible que se despidiera sin saber su domicilio, sólo con la promesa de estar en contacto con ella, ya que a través del papeleo del hospital conocía sus datos.


Luego de dejarla instalada y alimentada, sus amigos la dejaron sola a petición de ella. Quería asearse y llamar a casa, oír a sus padres, decirles que siempre los amaría, no importara donde estuviese; pero no iba a contarles lo sucedido tan pronto. No quería preocuparles.


Abrió la llave caliente y se desvistió cuando ya empezaba salir el vapor. El agua cálida le mojó el cuerpo y el pelo; y mientras comenzaba a limpiarse, volvió a llorar al revivir todo. Estuvo así bastante tiempo, hasta que de repente la visión de Edward se interpuso entre ese miedo y ella. Al pensar en sus ojos, volvió a sentirse como hipnotizada, y se dejó caer en los misterios que escondían en su profunda claridad. Sólo así, tomándolos como un amuleto protector, se calmó por fin.


Se fue a la cama sin tener noticias de él luego de haber realizado su llamada y preparado el uniforme y el almuerzo para presentarse al trabajo como cualquier otro lunes. Fue una mala noche, llena de pesadillas e imágenes oscuras que la acosaban, haciéndola retorcerse dormida. La más terrorífica de ellas, fue la que regresó desde los recuerdos de su infancia.


Una figura humana, escuálida y calva, la miraba con oscuros y espeluznantes ojos parada al lado de una cama de hospital. Elise se vio a sí misma transformada en una chiquilla indefensa, imposibilitada por su propia debilidad para gritar por ayuda, o para alejarse de ahí. El ente, de sexo amorfo, se le acercó lentamente hasta colocarse en la cabecera y desplegó su mano hacia ella. El sólo hecho de ver el huesudo dedo extendido en su dirección la hizo sentir una horcajada y vomitar hacia un costado. Débil, sucia, febril y asustada quiso suplicar que la dejara en paz, pero su voz era muy tenue como para ser escuchada. La criatura sólo la miró, analizándola impasiblemente en su descompuesta apariencia y ahora se concentró en su rostro, llevando esta vez, el apéndice cerca de sus ojos. Elise elevó los brazos aterrorizada, tratando de protegerse el rostro y la cabeza con ellas, y mientras lo hacía, un mechón de pelo se enredó en sus dedos. Elise, tiró de él para liberarse de la sensación aprensiva, y una gran cantidad de cabello cayó sin dificultad. En un gesto infantil, intentó recolocarlo en su lugar, pero en vez de eso, más y más del mismo se le venía a puños adhiriéndosele a la cara amenazando con asfixiara.


Elise empezó a llorar, podía verse a sí misma hecha un amasijo lastimoso y cómo la figura, la muerte misma, se cernía ahora sobre ella para cubrirla con su cuerpo y extinguirla…


Gritó, gritó sin control. Y por fin despertó, sudorosa y con el corazón saliéndosele del pecho, desbocado. De un manotazo encendió la luz de su mesa y se hizo un ovillo contra la cabecera. Intentó de muchos modos tranquilizarse, pero no podía volverse a dormir. La imagen del espectro la amenazaba apenas cerraba los ojos. Eran sólo las dos de la madrugada y temió que iba a ser una larga noche. Encendió el televisor y esperó que éste la distrajera lo suficiente como para relajarla y adormecerla en algún punto.


No supo cuando eso sucedió finalmente; pero la pesadilla no la iba a dejar escapar tan fácilmente, y cuando ésta amenazó con comenzar otra vez, una repentina sensación de frío amparo la invadió y una suave y aterciopelada voz le dijo desde algún lado: “…Estas segura conmigo, Elise…”. Aquello fue suficiente para que el miedo se alejara y los ojos que tanto admiraba, la resguardaran dentro de ellos para librarla de todo mal.


El vampiro sólo había visitado su hogar brevemente esa noche, el sueño de Elise era demasiado perturbado como para arriesgarse a que lo viera ahí. Los monstruos de su imaginación eran suficientes para la pobre chica como para tener a uno real a su lado, y eso no era necesario, decidió él.


Cuando la oyó gritar de terror, deseó poder consolarla, ayudarla a saber que estaba a salvo, pero se contuvo. Él había sido el consuelo para los más desesperados, lo más solos en una lucha perdida; pero en el caso de Elise, eso hubiese sido una aberración. Sintió pena por ella, por no tener a nadie a su lado para cuidarla y deseó poder en verdad ser más cálido para ofrecerle sus brazos… ¿Aún recordaría como era dar cariño a alguien? La imagen de Bella lo miró triste en su imaginación. – Sólo tú, amada; sólo a ti…- Y suspiró con tristeza.


Tuvo que esperar, escondido e inmóvil, a que Elise recuperase el sueño. Únicamente se acercó de nuevo a su lecho para observarla, hasta que notó que su respiración se había hecho más profunda. En verdad era una indignación lo que le había sucedido a esa niña. Tenía el rostro hinchado, tanto por el llanto, como por los golpes; y de los suaves labios partía una gran sombra morada hacia su cuello y orejas.


¡Malditos!


¡Ah! Pero él estaba ahí, ahora. Se dijo, sonriendo con su verdadera naturaleza expuesta de modo terrorífico repentinamente. Ésa, era una de sus funciones, como lo llamaba a veces. Él era el Devorador de Monstruos y esa misma noche se alimentaría de ellos…


Repentinamente, el pulso de Elise volvió a alterarse en su descanso, y Edward supo que la pesadilla atacaba de nuevo. Pasmado por la acción que realizaba con voluntad ajena, y por encima de su pensamiento racional, contempló como su mano se dirigió hacia el rostro de la chiquilla asustada en el lecho, y le tocó la frente con sumo cuidado. Lleno de piedad por ella, permitió revivir a su promesa, y la elaboró en un mínimo susurro:


-Tranquila Elise… Estás a salvo conmigo…


Para su satisfacción, notó la pronta respuesta en el cuerpo de ella, que poco a poco se relajó finalmente.


Permaneció ahí, con ella, sólo un rato más. Apagó el televisor antes de partir, y la dulce mirada que le dedicó, se tornó en una diabólica mueca cuando marchó en pos de sus asaltantes. Él siempre cumplía sus promesas…


La semana de trabajo se regularizó de inmediato. Sus compañeros y superiores se mostraron todos compasivos y solidarios con la agresión que ella había vivido y el rumor se extendió como fuego en el hotel, cuando el empleado nocturno del estacionamiento simplemente no volvió a presentarse, de que era obvio que estaba involucrado en el fallido intento de robo y había huido antes de que la policía lo detuviese. Nadie supo de la nota amarillista que hablaba una semana después, del hallazgo de tres cuerpos sin vida; que además los identificaba como implicados en varios asaltos con arma de fuego y cargos por violación no probados.


Edward tampoco apareció tan pronto, para desencanto de Elise; y a pesar de añorarlo tanto, luego de varios días, tuvo que aceptar la idea que quizá todo había sido demasiado intenso para él, y simplemente no quería saber más de ella.


La verdad era que luego de vengarla, él se encontró a sí mismo indigno de acercársele de nuevo; pues aunque justo, también era el verdugo y sabía que nadie podría querer nunca nada que ver con un monstruo como él.


Estuvo completamente quieto en su refugio luego de ajustar cuentas con esos asesinos. No salió, ni movió un músculo si quiera en ese tiempo, más allá de los de su mente; donde contempló mudamente a la visión del pasado, que para estas alturas era ya imposible de contener. Ella nunca decía nada, sólo le miraba con decepción, recordándole lo indigno que era por seguir existiendo.


Los recuerdos de su vida con Bella fueron resurgiendo uno a uno en la oscuridad y en el día, específicos, claros y conmovedores. La primera vez que la había visto… La primera noche que la vigiló en sus sueños y escuchó como ella lo llamaba desde ahí… El cómo su corazón muerto volvió a latir a partir de ese momento… Y el cómo se había detenido de nuevo al perderla.


Elise le había llenado de dolor con su mera existencia, ¿por qué había seguido esa sensación y ese aroma hasta ahí? Quizá debería marcharse para siempre. A nadie le convenía que él rondara a la chica. De todas maneras, Bella no iba a revivir. Eso, sólo sucede en las malas novelas…


Su amada volvió a observarlo con reprobación y dándole la espalda, desapareció lentamente, entre la neblina de su mente.


-Está bien. Iré a buscarla, si eso es lo que quieres. –Le dijo él, casi sin emoción, pero ella no regresó.


Así fue que decidió por fin tomar un alojamiento real y conveniente en la ciudad. Comprar ropa, asearse y aparentar con mayor calidad, ser sólo uno más de ellos, los humanos.


El viernes, poco después del último segundo del atardecer; se presentó a las afueras de su trabajo, a la espera de Elise.


La cabellera rojiza, sometida en un peinado formal, dejaba despejado por completo el claro rostro, dándole un aspecto refinado. Seguramente en otra época también hubiese sido considerada muy atractiva y sobresaliente. En estos días, los pelirrojos estaban en vías de extinción, pero las mujeres dueñas de una cabellera con ése color, siempre caían en la lujuriosa imagen mental de ser ardientes… Aún en el siglo donde debían cubrirse hasta la barbilla y llevar pesadas capas de ropa para disimular sus formas femeninas. No pudo evitar sonreír torcidamente al imaginarla ataviada de esa manera y cuestionarse como alguien como ella, hubiese sido en esa edad de la inocencia. Difícil…


Él había aprendido que en la intimidad de una pareja, la esencia era la misma; sin importar la generación de que se tratara. La hipocresía no tenía cabida en el amor verdadero y la pasión. Bella se lo había demostrado. La imagen en su cabeza se ruborizó al contemplar sus pensamientos y él le dedicó otra sonrisa pícara en respuesta.


Concentró su atención de nuevo en Elise, que dejaba por fin el edificio, bolso en mano y aún con el uniforme marino puesto; y se encaminó hacia ella.


-Hola de nuevo, extraña…


Elise se sobresaltó al escuchar la voz a su espalda, pero la reconoció de inmediato. No pudo evitar sonrojarse de gusto, ni contener la acción de lanzarse a los brazos de él, apenas giró en su dirección.


-¡Edward!


A él le tomó por sorpresa el gesto tan familiar de ella. Sabía que el apretado abrazo era completamente sincero, pero no lo esperaba. Aún así, le permitió prolongarlo cuanto quiso y se separó sólo cuando ella lo soltó. Sonreír ante la muestra de afecto fue automático, la chiquilla le miraba con adoración y se sintió avergonzado e inmerecido de semejante devoción.


Los ojos de Elise destellaban felicidad. Edward estaba ahí.


-¿Dónde te habías metido extraño?


-Por ahí, Elise. Discúlpame por no comunicarme contigo antes…


-¡Ni lo digas! Ni te disculpes… Volviste, y eso es lo que cuenta.


Él volvió a sonreír, contagiado de la suavidad inherente en ella. Ésta vez no era el señuelo del depredador lo que la hacía reaccionar así; sino un sentimiento auténtico y honesto. Era agradable que alguien lo mirase así de nuevo.


-¿Cómo estas, Elise? Estoy apenado por dejarte sola con todo lo sucedido.


-¡Por favor, Edward! No soy tu obligación, apenas me conoces… Soy yo la que está en deuda contigo.


-No Elise, no es así. Simplemente estuve ahí, hice lo que se debía hacer. Además… Ya lo hablamos mucho en el hospital, me gustaría mucho aceptaras que no hay compromiso alguno.


Ella rodó los ojos, arrugando graciosamente la nariz con ello. No iba a discutir con él, sólo quería gozar del tiempo a su lado.


-Ya… ya… Yo sé mis asuntos, Edward.


-¿Ibas a casa? ¿Has comido aún?


-Sí, no… Iba a comprar algo para llevar, –agregó alegremente. La verdad era que desde el asalto corría directo a casa y se encerraba, comiendo lo que hubiera o le pudiesen entregar en su puerta-. ¿Y tú? ¿Quieres ir a cenar?


-Oh… Ya lo hice Elise, gracias.


-Mmm… Y… ¿ya decidiste si te quedas? –sus ojos no pudieron ocultar la esperanza que su respuesta le provocaba, y no le pasó desapercibido a él.-


-Sí… Renté una, cabaña, en la zona al sur de la ciudad. Cerca de lo que llaman, La Loma, creo…


-¡Oh, sí! Ubico el área… Un poco alejada, pero creo que es bonita, cerca de la naturaleza y mucho más tranquila que la urbe… Yo vivo al otro lado prácticamente; pero cuenta con que ya tienes otra casa aquí si es que prefieres ahorrarte la renta. Tengo un dormitorio extra desocupado…


-Te agradezco el ofrecimiento Elise, pero estoy bien. Además, apenas me conoces. No deberías meter a un extraño en tu casa así como así. Eso es peligroso.


-Edward, tú, no eres peligroso. ¡Eres un caballero!


Él pensó en corregirla, pero se contuvo y sonrió.


-Elise, nadie ni nada es todo blanco o negro. Por favor, recuérdalo cuando inicies tus travesías, ¿de acuerdo?


Él y sus comentarios crípticos, pensó Elise; y le devolvió la sonrisa mientras asentía.


-Oye, Edward; bueno… Y… ¿Qué tal un café al menos?


-En realidad no apetezco nada Elise, pero ¿porqué no vamos por algo para ti y te acompaño?


-Me parece bien.


Comer acompañada sonaba fantástico, aunque resultó un poco incómodo que él en verdad no probase un solo bocado. Tanto, que Elise temió que el motivo fuese una escases financiera y decidió hacer hincapié en que era el turno de ella de ayudarlo. Empezando por la cena y siguiendo en buscar empleo para él.


Edward la miró con paciencia. Esa parte de la fachada humana casi nunca había sido tan complicada de sostener, ya que siempre mantenía una beneficiosa distancia de las personas con las que llegaba a relacionarse en los sitios donde permanecía por breves años. Esta vez, tendría que hallar el modo de encubrir los detalles sobre su dieta con mayor esmero, pensó.


Un modo de distraer a Elise sobre su alimentación fue el de ofrecerse a pagar por todo. Quizá así ella comprendería que él no necesitaba de sus preocupaciones.


Ciertamente, Elise se quedó sorprendida luego de pelear por la comanda y ver como la cartera de él estaba bastante llena. ¿Acaso uno de sus medios de supervivencia incluía el robo? Le dio pena creer semejante idea. Edward no parecía ser capaz de ese tipo de bajezas, ¿o sí?


Apenas ella había realizado semejantes meditaciones, él pareció leerle el pensamiento y le compartió una sorprendente información.


-Elise, quiero decirte algo. Creo que con todo lo que, azarosamente hemos compartido, puedo confiar en ti…


Ella enmudeció, temiendo escuchar algo inconcebible sobre de él, pero decidió que no quería juzgarlo antes de tiempo.


-La verdad es, que, Elise… Bueno, provengo de dinero viejo… Yo… Mi familia, ha estado y estará protegida en ese aspecto por generaciones. Y te comparto esto, porque quiero que entiendas y lo aceptes, cuando te pida me permitas hacerme cargo de tus gastos. Compartir esto que me sobra, es casi una obligación para mí Elise, ¿puedes entenderlo?


Ella se quedó fría. ¿Qué? ¿Heredero vagabundo? … Y por un momento se quedó en blanco, para luego empezar a atar cabos. ¡Por supuesto! Desde un principio él le había parecido una persona demasiado fina; con una conducta, apariencia y vocabulario intachables. ¿Acaso éste era un rebelde niño rico? -¡No! Recuerda lo que él te contó, está huyendo de un pasado… Su padre debe estar de acuerdo con su huida, quizá conoce la historia y por eso lo apoya…-. Y en un instante, toda su percepción de él cambió.


-Pero, Edward… ¿Generaciones? ¿En serio?


-Sí. Mi padre… Su familia es de origen italiano, muy antiguo. Y en mi caso, bueno, mi madre también me dejó algo cuando ella falleció y mi padre se encargó de cuidarlo y multiplicarlo por mí. Pero aún así, la herencia de él, me cubre y por mucho…


-¿Tu madre falleció, Edward?


-Sí, pero fue hace tanto, que ya apenas si la recuerdo. Además, mi padre es un hombre muy sabio y ha sabido ser un buen guía y un gran ejemplo, Lástima que jamás podré estar a su altura…


-Edward, no digas eso. Eres una excelente persona; no tienes porqué intentar ser igual a él, eso no es correcto.


-Elise, hace mucho que disto de ser digno si quiera de llamarme su hijo. Todas sus enseñanzas, las he deshonrado por completo… Pero tienes razón… No puedo ser como él. Yo he hecho mi propio camino…


-Edward, por favor, no seas tan duro contigo mismo.


-Elise, recuerda que no me conoces en realidad, y que aunque estoy siendo honesto contigo de un modo que me sorprende a mí mismo; no conoces toda mi verdad. Y, espero que nunca la conozcas… - Y no añadió más, aparte de la penetrante mirada azul que le causó a Elise un escalofrío por sentir que la desproveía por completo, de la capacidad de ocultarle nada a él.


Edward no dejaba nunca de sorprenderla. Sus acciones y su educación eran, invariablemente perfectas; pero su conversación de frases a medias, siempre dejaba una inquietante incógnita. ¿Qué clase de culpa cargaba que lo atormentaba tanto?


La cuenta la liquidó él y luego de salir de ahí, se dirigieron por el auto de ella. Obviamente, ésta vez Elise fue escoltada hasta el interior del mismo por Edward. Cuando llegaron a la calle, Elise insistió de nuevo en llevarlo hasta su casa, pero fue rechazada con la misma consigna de la última vez; su seguridad. La única diferencia, para sorpresa de Edward, fue que ella consiguió obtener de él la confirmación de reunirse al día siguiente, al anochecer; justo donde se habían encontrado la primera vez.


Cuando el auto de Elise se perdió entre los otros, Edward decidió que si iba a encontrarse con ella al día siguiente, necesitaba estar bien alimentado para evitar accidentes. La imagen de Bella le sonrió en sus adentros, felicitándolo por la idea. Con ella fue siempre precavido. Un caballero siempre debía asegurarse de proteger el bienestar de una dama.




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Mmm… sí, chicas. Éste Edward me gusta, me gusta mucho. Es… Bueno… Es como le soñé aquella vez. ¿Les está pareciendo atractivo también a Uds.?

Cariños: Sissy

Esta es la cancion que acompaña el capitulo...


9 comentarios:

maty dijo...

increible sissy k emocion k esten acercandose cada vez mas, y sin kerer Edward se muestra mas como es en relaidad, k pasa en la siguiente cita, k mas se revelara.. k emocion ya kiero leer el proccimo :D

Sissy dijo...

Bueno, chicas, tal como le decía a Coka; ya sabía yo que este fic no iba a gustar mucho. Ya demasiados refritos hemos leído todas sobre Twilight para que salga yo con uno más.
No sé, me estoy divirtiendo tecleándolo, pero me estanco muy fácilmente. Quizá hasta yo misma me rebelo a contar éste cuento.
Lo que sí, es una historia corta. Y si me aplico, espero terminaría en poco tiempo.
Gracias a las que me han comentado ahora y antes. En verdad aprecio su atención. Maty, Lizzz, Martha, Bell.mary, Krizia y muchas más... GRACIAS
Cuídense mucho.
Sissy

María Veronica dijo...

Sissy a mi tambien me gusta mucho esta historia espero que la sigas escribiendo!!! Saludos, ma veronica

LA VIDA ES BELLA dijo...

Ya me meti en esta nueva historia..tienes un estilo muy propio Sisy... me gusta mucho el conflicto que has creado en Edward...espero el próximo capítulo..

Blanca Estela dijo...

Sissy como siempre tus historias son fantasticas ya quiero leer el proximo capitulo hay algo que me dejo intrigada pero esperare a ver que sigue saludines

Heidi Alarcon dijo...

HAHAHA, QUE CAPITULOOO... NOS CONTARAS COMO FUE QUE MURIÓ BELLA?... ESTOY INTRIGADA QUIERO LEER MAS... SISSY GRACIAS!!!

althena dijo...

Hola Sissy pero que dices??? Esta histora esta buenisima cada vez quiero leer mas sobre Edward y Elise!!! y saber como murio Bella tambien!!! Ya me gustaria verlos a ellos juntos que Edward sea feliz con Elise!!!! :) esperaremos mas capis Kissitos linda

Bell.mary dijo...

Como que no iba a gustar esta historia??? Pero si todas tus historias son fabulosas, nos gustan y atrapan desde el inicio, ademáss de que siempre haces que nos enamoremos aun mas de Edward, y esta no será la excepción porque este Edward es genial todo un caballero y me encanta como poco a poco se van acercando mas, además de mantenerme intrigada con lo que sucedió con Bella.... Así que mi Sissy aquí estaremos apoyando esta gran historia pero sobretodo muy agradecidas por tener el honor de disfrutar de ella....Besos

healcar dijo...

Sissy esta historia es fantástica, me puse muy contenta al ver que habías actualizado no cabe duda que tienes un talento que atrapa (engatusa jajaja) espero que publiques pronto que muero por saber que pasa en la próxima sita, y si Edward sigue visitándola por las noches (que envidia) Te felicito y Coka nuevamente gracias por publicarlo.