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sábado, 27 de septiembre de 2014

Salvaje, Perversa y Atrevida- Capitulo 11


Tres amigas…tres deseos secretos…tres oportunidades para hacerlos realidad.

Son tres amigas inseparables que se deleitan compartiendo sus aventuras y secretos.

Pero su última apuesta será la más arriesgada de todas: cada una debe acostarse con cualquier hombre que las otras dos escojan para ella… y luego relatar todos y cada uno de los jugosos detalles.

CAPITULO 11
Final primera historia
Adaptación de Krizia 
Bella tenía una cita con Jacob aquella noche.

Cuando Jacob la llamó por la mañana, aceptó salir con él, convencida de que estaba completamente equivocada en cuanto a su reacción emocional hacia Edward de la noche anterior.

Al principio pensó en negarse. Tenía documentos que terminar y cosas de última hora para la facultad. Tenía que averiguar qué hacer con su carrera. Y después de pasar un fin de semana salvaje con ambos hombres, lo último que deseaba era más caos. Hubiera sido agradable disponer de tiempo para pensar.

Sin embargo, las persistentes dudas en cuanto a Edward la mantuvieron despierta toda la noche.

Edward quiso que se quedara a dormir con él.

Dios, eso era lo que deseaba ella también. Quería acurrucarse contra él y dormirse envuelta en la comodidad de sus brazos. Pero le respondió que no,  por segunda vez, si contaba la noche del trio donde él también se lo había pedido.

Le dijo que tenía cosas que hacer.

Y él reaccionó bien. Dijo que lo entendía. La llevó a su casa y le dio un beso de buenas noches que la excitó y la humedeció una vez más. Estuvo a punto de invitarlo a entrar y pedirle que se quedara con ella.

No quería que se fuera.

Maldición.

Pero ella lo dejó partir. Y luego no pegó ojo en toda la noche porque seguía llevando encima su olor, y recordaba tan vividamente sus caricias y sus besos, que se pasó la noche sufriendo por él.

Aquella noche descubriría si sentía lo mismo por Jacob.

Sabía cuál era el problema. Su sequía sexual había durado tanto tiempo que aquello era como la primera lluvia en el desierto; estaba simplemente recuperando el tiempo perdido.

Disfrutar de un mano a mano con Edward fue algo sensacional y confundió con emoción lo que en realidad fue sólo un sexo grandioso.

Apostaba a que aquella noche iba a suceder lo mismo.

Jacob le dijo que irían al casino de la ciudad. Estaba muy nerviosa por eso, ya que nunca se había podido permitir ir allí sola, de modo que no había estado. Se puso una falda corta de color negro y un top plateado y ceñido, que le había cogido prestado a Rose unas semanas antes. Se apartó el pelo y se puso unos pendientes falsos de cristal. Incluso volvió a ponerse los tacones de aguja.

Estaba vestida para matar. O mejor dicho, para joder.

Cuando Jacob llamó al timbre, corrió hacia la puerta, con un hormigueo de anticipación. Él arqueó una ceja y lanzó un silbido al entrar.

— ¿Estás segura de que quieres que salgamos esta noche? —preguntó, revisando cada centímetro de su cuerpo.

Ella se rió y giró sobre sí misma, mareada de entusiasmo.

— ¿Te gusta?

Él asintió.

—Demonios sí. Estás buenísima.

—Gracias. —Él también estaba condenadamente bueno con aquellos pantalones negros que se ajustaban tan bien a su elegante culo, y una sencilla camisa blanca que se le pegaba al cuerpo.

Fuera cual fuera el aroma que desprendía, tanto si se trataba de colonia como si era sólo su propio olor, penetró en sus sentidos como un llamamiento a sus feromonas. Era tan caliente y sexy que no la sorprendió en lo más mínimo.

— ¿Estás lista?

¡Oh, sí! Estaba lista. Su cuerpo estaba a punto de dispararse como un cohete.

En el casino no había demasiada gente, ya que era lunes, de modo que fueron pasando de una mesa a otra. Aprendió a jugar a los dados y a la ruleta, incluso jugó unas manos de blackjack, el cual no tardó en descubrir que no se le daba nada bien. La que más le divirtió fue jugar a las tragaperras porque podía entretenerse más sin perder todo su dinero.

Por muy generoso que fuera Jacob, ella se negaba a desperdiciar el dinero. Por eso le gustaba jugar en las tragaperras. Él estaba entretenido en una mesa de dados y parecía estar acumulando bastantes fichas, de modo que buscó una máquina y metió veinte dólares. Ganó, cosa que la alegró tanto que continuó jugando.

— ¿Te diviertes?

Ella se dio media vuelta, con una ancha sonrisa, creyendo que era Jacob.

—En realidad…

No se trataba de Jacob. Se le congeló la sonrisa y luego desapareció del todo cuando se enfrentó a la mirada de su ex marido, Mike.

El corazón le dio un vuelco, los nervios se le pusieron en tensión. Una cascada de recuerdos, todos desagradables, cayó sobre ella, y de pronto volvió a ser la tímida ama de casa.

Mike, alto, rubio oscuro, guapo, el chico de sus sueños. Sí, vale, el error más grande que había cometido en su vida. Todo el entusiasmo y la diversión de los que había estado disfrutando, desaparecieron en un instante.

— ¿Qué haces tú aquí?

Él se apoyó contra la máquina en la que ella estaba jugando y se quitó un padrastro, una costumbre que a ella siempre le había molestado.

—Estoy jugando, querida. ¿Y tú?

Fregar los suelos, imbécil. ¿A ti qué te parece que estoy haciendo?

—Tengo una cita.

—Al parecer tu cita te ha abandonado, porque no lo veo por aquí.

Tranquila, Bella. Está intentando irritarte a propósito. Le dedicó una sonrisa de satisfacción.

—En realidad sé exactamente dónde está.

— ¿Quién es?

—Está en la mesa de los dados. Justo ahí. —Señaló con la cabeza la mesa en la que estaba Jacob. Este levantó la vista justo cuando ella miraba en su dirección. Le guiño un ojo y tiró los dados.

— ¡Ah! Black.

—Sí.

—La otra noche te vi con él en el club.

¿Mike estaba en el club la otra noche? Ella no lo había visto, pero claro, dejando aparte los primeros cinco minutos, estuvo tan inmersa en Edward y Jacob que no lo habría visto aunque lo hubiera tenido delante de las narices.

— ¿De verdad?

—Sí. Estabas con Cullen y con  Black.

Ah. De modo que la había visto. Se preguntó hasta que punto lo habría hecho. Una pequeña llamarada de triunfo empezó a parpadear en su interior.

—Entonces era yo. Es gracioso, no te vi por allí. Claro que estaba bastante ocupada con mis citas.

Mike abrió mucho los ojos.

— ¿Estabas allí con los dos?

Ella apretó uno de los botones de la máquina, sin hacerle caso.

—La verdad es que sí.

—Un poco putita, ¿no es así, Bella?

Ella ni siquiera desvió la mirada de las luces que parpadeaban en la máquina.

—Eso es como si el cazo llamase negra a la sartén, ¿no Mike?

—Antes eras una buena chica.

El desagrado en el tono de su voz era evidente, pero ya no poseía el poder de herirla.

Apartó por fin la mirada de la máquina y arqueó una ceja.

—Sigo siéndolo, Mike. Una chica muy buena.

—No puedo creer cuánto ha cambiado la chica dulce con la que me casé.

Ella lanzó un bufido.

— ¡Por favor! ¿Y de qué me sirvió eso, Mike? Te fui fiel, me quedé todas las noches en casa esperándote. ¿Dónde estabas tú? Saliendo con otra mujer, follándola a ella en vez de a mí. Bueno, pues ahora soy yo quien se acuesta con otros hombres en vez de contigo. —Apretó el botón de devolución del dinero, esperó a que se imprimiera el justificante y lo arrancó de la máquina—. Y deja que te diga algo: ahora mismo estoy disfrutando del mejor sexo de mi vida. Todos esos años desperdiciados con un hombre como tú.

¡Ojalá hubiera sabido lo que me estaba perdiendo!

Esperó a que le contestara, pero él se limitó a mirarla fijamente, con la cara roja. Entonces se dio cuenta de que se había quedado mudo. Por primera vez en su vida había conseguido que el bastardo fuera incapaz de hablar. Era el momento de entrar a matar.

—En cualquier caso, ¿qué vieron en ti todas esas chicas que te tiraste mientras estuvimos casados?
Él parecía a punto de estrangularla. Ella agitó el recibo delante de su cara, con expresión triunfante.

—Me gustaría quedarme a charlar contigo un poco más, Mike, pero ahora tengo una vida en la que no hay sitio para ti.

Se alejó sin mirar atrás, se acercó furtivamente a Jacob y se apoyó en su hombro. Él le rodeó la cintura con un brazo y le plantó un beso ardiente en los labios.

Esperaba que Mike estuviera todavía mirándola.

—Te he visto hablando con tu ex —dijo Jacob cuando ella interrumpió el beso. Reunió sus fichas y se apartó de la mesa, llevándola hacia la ventanilla de cobros.

—Es un imbécil —declaró ella, entregándole el recibo al empleado.

— ¿Te ha causado algún problema? —preguntó Jacob, metiéndose en el bolsillo la importante cantidad de billetes que le entregó el cajero.

Bella le devolvió lo que había ganado en la máquina tragaperras, a pesar de los intentos de Jacob por impedírselo.

—Ninguno. Me las he arreglado muy bien.

—Me lo imagino. —La rodeó con un brazo y se dirigieron a la salida. Él había aparcado su coche al final del aparcamiento. Aquello estaba aislado, rodeado por un semicírculo de árboles y a oscuras. En cuanto llegaron al coche, él la hizo volverse, la empujó contra la puerta y su boca cayó sobre la suya.

Se quedó sin aire cuando él le introdujo la lengua y devoró sus labios con un beso lleno de pasión. Ella busco sus brazos, sintiendo el ardiente y duro músculo bajo la camisa. Él le separó las piernas con la rodilla, metiendo el muslo entre ellas.

Su cuerpo respondió con una explosión instantánea, se le humedeció el coño y se le contrajeron los pezones al rozar contra su pecho. No era capaz de evitar su reacción ante él. Era irresistible y ella no podía hacer otra cosa que dejar que su cuerpo respondiera.
¿Lo deseaba? ¡Demonios, sí! Sin embargo, mientras las manos de él vagaban por su cuerpo, acariciándole los pechos, pellizcándole los pezones, y volviéndola loca de deseo, una parte de ella reconoció que la reacción que estaba experimentando era pura y simplemente física.

Deseaba a Jacob. ¡Oh, Dios! Lo deseaba siempre.

Pero eso era lo único que sentía. Lo único que iba a sentir siempre. Se dio cuenta, de manera instintiva, de que Jacob Black era demasiado para ella. Aunque era maravilloso, atractivo y condenadamente excitante, no era la clase de hombre con el que podría mantener una relación.

El tipo de relación que ansiaba.

El tipo de relación que quería.

La relación que deseaba con Edward.

¡Oh, Dios!

Edward.

Jacob separó la boca de sus labios para llevarla a su cuello y le lamió el punto en el que le latía el pulso, haciendo que se le pusiera la piel de gallina.

Le metió la mano por debajo de la falda, abarcando su sexo. Ella estuvo a punto de correrse.

Aquello tenía que parar. ¡Se sentía culpable!

Le plantó las manos en el pecho y lo empujó, al principio con suavidad y luego con algo más de firmeza.

—Para, Jacob.

Él le acarició el clítoris y ella luchó contra las sensaciones. Estaba cerca, tan condenadamente cerca, que estuvo a punto de correrse, de olvidar sus principios y dejarse llevar.

Pero no podía. No podía, maldición. Malditos escrúpulos.
—Jacob, por favor, para. —Le sujetó la muñeca y le apartó la mano de la falda.

Él levantó la cabeza y la miró, con expresión de desconcierto.

Y en aquel momento, ella supo exactamente por qué. Porque estaba jadeando, sus pechos subían y bajaban contra el torso de él, y le temblaba todo el cuerpo. Y aunque el pene que se movía contra su muslo estaba duro, en los ojos de él había algo que indicaba que no estaba tan alterado por aquello como ella. Un distanciamiento que no había notado antes.

Algo que no estaba presente en los ojos de Edward. Con Edward había sexo, era un Dios del sexo, pero ella podía mirarle a los ojos y verle el alma con toda claridad. Cuando estaban juntos, él se involucraba totalmente.

Jacob no sentía ninguna clase de emoción. Era, simple y llanamente, lujuria. Entre él y ella no existía la conexión emocional que había con Edward.

— ¿Qué pasa, Bella? Estás tan condenadamente a punto que puedo notar como tiemblas.

—Lo sé. Dios, lo sé. Lo siento. No puedo hacerlo.

—Podemos irnos a mi casa sí este sitio te molesta. No había pensado que aquí no tenemos intimidad.

Ella negó con la cabeza.

—No es eso. Yo… Ni siquiera sé por dónde empezar.

Jacob suspiró y se apartó, poniendo distancia entre ellos. Ladeó la cabeza y la observó.

—Es por Edward.

A ella se le ensancharon los ojos.

— ¿Cómo lo has sabido?

—Él dijo casi lo mismo respecto de ti, anoche.
— ¿Sí? —No pudo evitar la sonrisa que asomó a su cara. No quería ponerla, simplemente apareció. Se sintió muy mal por ello e intentó borrarla, pero no lo consiguió.

—Sois de los que se enamoran. Lo lleváis escrito en la cara y da náuseas.

Le estaba tomando el pelo. Lo notó en la media sonrisa de sus labios y en su forma de mover la cabeza.

—Lo siento, Jacob.

—No lo sientas. —La atrajo hacia sí y la abrazó, depositando un beso en su cabeza.

Permaneció callado unos segundos y luego susurró—: Envidio vuestra capacidad para amar.

Iba a preguntarle qué quería decir con eso, pero él la apartó y le dirigió una ancha sonrisa.

—Voy a llevarte con Edward. Puede que le haya mencionado que tú y yo teníamos una cita esta noche, y seguramente ahora mismo esté destrozando su casa por culpa de los celos.

—No habrás sido capaz.

Jacob se encogió de hombros.

— ¡Oye, soy un cabrón! Lo sabe todo el mundo.

Edward iba de un lado a otro de su salón, bebiéndose lo que le quedaba de cerveza  y mirando hacia el bar para escoger otra bebida.

No era una buena idea. Por la mañana temprano tenía una operación. Además, el alcohol no había llegado a rozar siquiera la irritación que llevaba toda la noche consumiéndole, maldita sea, más que toda la noche, desde el principio, cuando Jacob le mencionó de pasada, al salir de la clínica, que aquella noche iba a recoger a Bella.

Lo cual explicaba por qué no se quedó en su casa la noche anterior; abandonó su cama, se fue a su casa y quedó con Jacob para esta noche. Puede que incluso le hubiera llamado nada más entrar en casa.

De cualquier forma, sabía lo que eso significaba: ella no sentía nada por él.
Lo cual le molestaba. Bueno, lo cierto era que dolía. No se había metido en aquello para que volvieran a hacerle daño. Sin embargo, ¿no se le había ocurrido que de todos modos sucedería? Cerró su corazón al amor después de que su ex se lo pisoteara, dejando un tocón marchito y seco tras ella.

 Después de eso, utilizó a las mujeres únicamente para el sexo.

Y además se le daba condenadamente bien era un maestro. Jacob era condenadamente seductor. Se fijó en él, y aprendió del mejor.

Pero en algún momento, se dejó la puerta abierta, y en el transcurso del año anterior, Bella se coló sin hacer ruido.

Ahora tendría que volver a cerrarla.

Puede que después de todo, se tomara otro trago.

Cuando sonó el timbre, frunció el ceño. Mierda. ¿Quién demonios llamaba a ésas horas de la noche? Se acercó a la puerta y miró por la mirilla; se llevó un gran sobresalto al ver a Bella.

Entreabrió la puerta y la observó con cautela.

—Hola —saludó ella, con las mejillas enrojecidas.

—Hola. Creía que esta noche salías con Jacob.

El rubor de sus mejillas se intensificó.

—Lo sé. Me dijo que lo sabías. Acaba de dejarme.

— ¿Por qué?

— ¿Puedo entrar o quieres que hablemos aquí fuera?

— ¡Oh! Lo siento. —Se apartó para dejarla entrar. Maldición, tenía un aspecto muy sexy con aquella falda negra, ajustada y el exiguo top. Llevaba el pelo ligeramente recogido y unos cuantos bucles castaños se habían escapado del pasador. Cerró los puños para no estirar la mano y tocarla—. Siéntate. ¿Quieres beber algo?

—No, gracias. —Se sentó en uno, de los sofás del salón, tan peligrosamente cerca del borde que corría el riesgo de caerse en cualquier momento.

Y parecía sentirse muy incómoda.

Lo cual sólo podía significar una cosa: había ido a decirle que no quería volver a verlo.

¡Qué considerado por parte de Jacob que le permitiera hacerlo sola! Claro que, a lo mejor, ella quería hacerlo sin que él estuviera presente. Eso sería típico de Bella. No quería que Jacob anduviera por allí con una sonrisa victoriosa, mientras ella rechazaba a Edward.

— ¿Por qué estás aquí, Bella?

Ella levantó la cabeza, con los ojos desorbitados por algo parecido al terror.
—T… tengo que decirte algo.

Supuso que debía comportarse como un caballero y facilitarle las cosas, pero en ése momento no se sentía amable precisamente. En su lugar, se sentó en el sofá de enfrente.

—Claro. Cuentame.

Estiró las piernas y descansó los brazos en el respaldo del sillón. De ninguna manera iba a demostrarle hasta que punto le afectaba su rechazo. Cuando ella se lo dijera, él se limitaría a actuar como si no tuviera demasiada importancia y se despediría de ella. Lo más probable era que Jacob la estuviera esperando en el coche.

Dímelo y acaba de una vez, Bella.

— ¿Tienes algo que decirme?

—Estoy enamorada de ti, Edward.
Él tamborileó con los dedos el respaldo del sofá.

— ¿Y?

Ella enarcó una ceja.

— ¿Y?

Cuando las palabras que ella acababa de pronunciar penetraron en su cerebro, dejó los dedos quietos y se inclinó hacia delante.

— ¿Qué acabas de decir?

Ella tragó saliva y él se quedó mirando el movimiento de su garganta.

—He dicho que estoy enamorada de ti.

Aquello no era lo que se había preparado para escuchar. En absoluto.

¡Mierda!

Bella observó las emociones que cruzaban la cara de Edward, resistiendo el impulso de sonreír de oreja a oreja. Dedujo que se había preparado para oír algo completamente distinto.

—Me amas.

—Sí.

— ¡Demonios! —Parpadeó, se pasó los dedos por el pelo y alzó la vista hacia ella otra vez—. Me amas.

—Sí —repitió ella, riéndose en esta ocasión—. Te amo.

Él se levantó, cruzó los dos pasos que le separaban de ella, la cogió de las manos y la puso en pie.

—Me amas.

Ella asintió.

Él sacudió la cabeza.

— ¡Pensaba… Joder! Da igual. —Se agachó y unió los labios con los de ella. El beso fue conmovedor, cargado de tanta emoción y sentimiento que se le llenaron los ojos de lágrimas. Él extendió los dedos sobre la piel desnuda de su espalda y la acercó más.

Ella deseó fundirse con él.

Él se separó, con una mirada cargada de emociones que ella no supo cómo interpretar.

—Llevo enamorado de ti desde el primer día que apareciste en la clínica, Bella. No quería enamorarme. Me juré que no lo haría. Y después de este fin de semana, entre Jacob, tú y yo, no estaba seguro de lo que querías, pero sí de lo que quería yo. Te deseaba a ti. No quería volver a compartirte jamás.

El corazón de ella se iba aligerando con cada palabra.

—Soy mujer de un solo hombre. Este fin de semana ha sido una experiencia, una fantasía hecha realidad. No voy a negar que disfruté como una loca. Sin embargo, no quiero volver a repetirla.

Él sonrió.

—Yo también disfruté, pero puedo hacer realidad tus fantasías de muchas formas diferentes.

Ella levantó las cejas.

—Estoy segura de que sí.

—Y apuesto a que tienes unas fantasías verdaderamente salvajes.

De algún modo sabía que estaría dispuesto a explorarlas todas con ella. No podía esperar.

—La verdad es que sí.

Sus dedos trazaron un ardiente sendero, lento y sensual a lo largo de su espalda, se deslizaron bajo su falda y se detuvieron justo en la separación de las nalgas.

—Dime una ahora mismo.

Ella miró a su alrededor y luego sonrió.

—Siempre he tenido la fantasía de estar inclinada sobre el sofá con la falda levantada…

La sonrisa de él causó estragos en sus sentidos. Era diabólica y estaba cargada de promesas.

—Creo que podemos arreglarlo. —Se puso detrás del sofá y la inclinó sobre él.

Ella meneó el trasero y luego extendió las piernas.

—Me gusta esta fantasía tuya, Bella.

Ni siquiera la había tocado aún y ya estaba empapada. Notó sus manos en el dobladillo de la falda y sus nudillos acariciándole los muslos. Le levantó la falda tan despacio que le entraron ganas de gritar y el clítoris le palpitó de expectación.

Lo que no se esperaba era que le apartara las bragas y le deslizara la lengua directamente en el coño. Lanzó un grito y aferró los cojines del sofá. La lamió y arrastró la lengua hasta rodearle el clítoris.

Ese hombre hacía maravillas con la lengua y sexualmente era una sorpresa constante. Le metió la mano entre las piernas para acariciarle el sexo, tirándole del clítoris hasta que ella se contorsionó contra su mano.

—Córrete para mí, Bella —la animó él, instándola a tener un orgasmo con la misma tranquilidad que si le estuviera pidiendo que le pasara la sal. Ella se tensó, gritó y se estremeció contra su lengua y sus dedos.

Dios, estaba tan preparada para llegar al orgasmo, tan excitada sexualmente por culpa de Jacob, que Edward la llevó al borde en cuestión de segundos. Jadeó y cerró los ojos, pensando que debería sentirse culpable por permitir que un hombre terminara con lo que otro había empezado.

No. El hombre adecuado estaba terminando lo que había empezado el equivocado, y no iba a sentirse culpable por eso.

Todavía temblaba cuando él se incorporó, le separó las piernas con los muslos y entró en ella con un fuerte empujón, pegándola contra el respaldo del sofá. Se sujetó mientras él se movía con fuerza contra ella, dándole exactamente lo que había pedido y haciendo realidad otra de sus más secretas e íntimas fantasías.

La folló sin piedad, sin darle tiempo siquiera a recuperar el aliento, impulsando su miembro hacia arriba y haciendo que el clítoris rozara contra el sofá, hasta que su vagina lo asió con tanta fuerza que gritó su nombre, la sujetó por las caderas y se corrió con una sucesión de estremecimientos. Se derrumbó contra su espalda con el corazón desbocado.

Cuando se retiró, le dio la vuelta y le levantó las piernas para que le rodeara con ellas. La besó otra vez —al parecer le encantaba besarla, gracias a Dios—, con ternura, y le quitó el pasador del pelo para poder meter los dedos entre los bucles.

A ella le encantó su forma de tocarla.

La llevó así hasta el dormitorio, con los pantalones medio bajados, y se echaron los dos a reír cuando estuvo a punto de tropezar con ellos varias veces. Cayeron en la cama y se quedaron allí, mirándose el uno al otro.

—Me amas —volvió a decir él, con una sonrisa tonta en la cara, que ella estaba segura que era un reflejo de la propia.

—Sí. Y tú a mí.

—Tan cierto como que estoy aquí.

— ¿Y qué vamos a hacer ahora?

Él se apoyó en un codo y le desató los tirantes del top.

—Ahora vamos a volver a follar.
—Eso ya lo sé —dijo ella, riendo—. Me refería a nosotros.

—Lo iremos viendo día a día —dijo él, apartando la tela y dejando al descubierto sus pechos—. Tienes una carrera y una vida por delante. No voy a interponerme en eso.

Y aquella era una de las cosas que más le gustaban de él. Se daba cuenta de que necesitaba ser independiente sin necesidad de que ella se lo dijera.

Enamorarse había sido la cosa más descabellada de aquel fin de semana.

Algo inesperado, pero desde luego, no por ello indeseado.

Había obtenido de aquella apuesta más de lo previsto.

No podía esperar a contárselo a Rose y a Alice en cuanto volviera a verlas. Pero ahora mismo, un hombre increíblemente sexy estaba desnudándola.

 Extendió las manos hacia los botones de su camisa y empezó a desabrocharlos.


—Bueno, Edward, ya hemos investigado a fondo mis fantasías, así que, hablemos ahora de las tuyas…


FINAL PRIMERA HISTORIA

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Tranquila Chikas que no dejaremos de tener calor por estos lados, porque aun falta la fantasía de Rose y Alice, recuerden que el pacto fue entre tres, jejeje...
Gracias Krizia una vez mas...
Chikas comenten, ¿que les pareció el final de esta cálida historia?
La verdad que esta es la primera vez que publicamos con tanto condimento, ha sido un experimento y por lo menos no ha salido mal, opinen sobre que les pareció este tipo de lecturas en el blog, please, se los agradeceria

11 comentarios:

Anónimo dijo...

KRIZIA GRACIAS esta historia es mi favorita pero porque se termino soy suuper fans de tus historias las leo aqui y en el otro blogs y simplemente te felicito eres muy buena escritora al igual Que Coka y sissy gracias nuevamente por tan buen trabajo!!!!!!!!! DAMARIS

Anónimo dijo...

Me encanto, pero en los capítulos anteriores parecía que Jacob era el que se estaba enamorando y no Edward que paso

Erlinda Suarez dijo...

Me encanto que edward se quedara con bella son perfectos. Aunque me gustaria que jacob
Tambien se enamorara y encontrara una buena chica. Gracias kricia por tus historias son grandiosas. Les deceo muchas bendiciones a todas coka, Sissy sigan adelante.

Anónimo dijo...

auuuuuuu!!!! de verdad que con esta historia no hay de otra mas que quedar aullando LITERAL!!!

hayyyymi Jacob yo lo consolare!!!!

en encanto el final!!!!!!!! esta increíble, yo hubiera hecho lo mismo... lo que daría por ser Bella por un solo dia!!! y tener a ese hombre para mi sólita diciendo que me ama!!!!

Un fuerte abrazo.
Nancy Q.

Anónimo dijo...

Me encanto leeros,teneis mucho gancho, y como nunca dejamos de pensar en, Edward, siempre nos es muy agradable todo lo que le involucre a el, la historia es fuerte, pero tiene su punto, y a mi me a encantado, y me quede con ganas de mas, lo siento pero asi es,
Un fuerte abrazo.
F.P.

maty dijo...

ai dios krisia uf!!! que momentos... me encanto edward y bella juntos.. amo a jacob y supongo que la experiencia que tuvieron los 3 fue increible... pero mi team suiza es mas acercandose a team edward jajaja... me encanto como se dieron las cosas y bien por bella mira k tener un hombre asi para que cumpla todas tus fantacias uf!! jajajja y pobre de jacob... si necesita alguien con kien distraerse pos le paso mi direccion jajaja

ya kiero leer quien sigue Rose o Alice y me imagino que nos tendran en duchas eladas tambien jijij

gracias krisia esta adaptacion esta buenisima y gracias coka por publicar :D

saludos
maty

Bell.mary dijo...

Hola Krizia excelente final, me encanto como se dieron las cosas y como un fin de semana loco pude ser la puerta para un gran amor.
Me dio gusto por Bella después de estar en una pésima relación merecía esta experiencia y que mejor si termina enamorada y que mejor que de Edward.
Me encanto como fue valiente para poner en su lugar al cretino de Mike, pero quien se creía para venir e insultarla de esa manera, el que fallo tanto en su relación, lo bueno fue que lo dejo sin palabras.
Gracias Krizia por esta mas que excelente historia y aquí estaremos pendientes de las fantasías de Álice y Rose, seguro ocuparemos una que otra ducha jejejee
Besos

Pao dijo...

Wowww que final! Estuvo genial y muy intenso jajaja. Me encanto TODO. Lo mejor es que hay segunda parte SIIIIIII. Me gusto mucho la parte del Ex, y sobretodo que terminen juntos con Ed hayyyy (Muchos suspiros).

Krizia Muchas Gracias por compartir su talento con nosotras, y Coka gracias por publicar y me encanta todo lo relacionado con tu casita, todo todo es genial

Pao

Sissy dijo...

Ay, Krizia! Tú y tus adaptaciones calenturientas!
Mujer, que me causas cada lío para besarme la temperatura sin poder explicarle a mi marido de razones..! Ja ja ja.
Abrazos amiga. Y espero que las cosas vayan mejor por casa.
Sissy

Anónimo dijo...

Jajajaaaaa si Sissy gracias a Dios estamos casadas porque leer semejante historia y después quedar sola en un cuarto nooooooo para morir jajajajaaaa cuando actualizas al igual que coka se les extraña con un buen capítulo!!! Damaris!!!

krizia cullen dijo...

Gracias a todas por comentar, pero llevo una temporada movidita sin tiempo para casi nada.
Cuando dispongo de tiempo, no tengo internet y cuando no tengo tiempo funciona a la perfección, salvo que el pobre ordenador se ha suicidado y lo tiene un amigo intentando arreglarlo, si no lo tengo fatal espero no perder archivos como la ultima vez que me entro un virus. Estoy en el portátil de mi hija aprovechando que esta wn wl instituto y yo dentro de poco me voy al Festival de cine de Sitges a trabajar un poco.
Leer si las leo desde el móvil, pero los comentarios cuando los subo no aparecn en la página y no se el por qué. Besos a todas.