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lunes, 21 de julio de 2014

Salvaje, Perversa y Atrevida- Capítulo 9


Tres amigas…tres deseos secretos…tres oportunidades para hacerlos realidad.

Son tres amigas inseparables que se deleitan compartiendo sus aventuras y secretos.

Pero su última apuesta será la más arriesgada de todas: cada una debe acostarse con cualquier hombre que las otras dos escojan para ella… y luego relatar todos y cada uno de los jugosos detalles.


Capítulo 9
Solo Mayores de 18

Adaptación de Krizia Cullen



Bella despertó con la luz del sol introduciéndose en la habitación y brillando sobre su cara.

Ardiente.

Y en una cama muy grande y muy vacía.

Una cama que no era la suya. Se incorporó de un salto, momentáneamente desorientada.

Entonces lo recordó todo de golpe y se apartó el pelo de la cara.

¡Ah sí! Era la cama de Edward. El lugar donde la noche anterior había tenido un sexo verdaderamente salvaje. Con dos hombres asombrosos.

Lo había hecho. Se había liberado de los últimos vestigios que quedaban de la aburrida, sumisa y estúpida ex esposa de Mike. Por primera vez tenía la sensación de ser una mujer independiente y sensual. En resumen, ahora se sentía endemoniadamente mundana.

Elevó las manos por encima de la cabeza con una media sonrisa satisfecha, se estiró, bostezó, salió de la cama y caminó suavemente por el pasillo, en busca de sus compañeros de sexo.

En la cocina no había nadie, pero descubrió una jarra de café que consiguió que se le abrieran los ojos de golpe. Y una taza vacía. Se sirvió y se encaminó a la puerta de atrás, desde donde vio a Jacob nadando en la piscina.
Desnudo, por supuesto. Se apoyó contra la puerta y bebió unos sorbos de café, complacida con la visión del poderoso cuerpo de Jacob surcando el agua. El sol de la mañana se reflejaba en la superficie de la piscina, bañando su cuerpo con un brillo dorado. Sus nalgas tersas aparecían y desaparecían mientras oscilaba de un lado a otro. Suspiró de placer ante la imagen que ofrecía.

Realmente le gustaba aquello del desnudo integral. Sobre todo cuando dos hombres tan magníficos se paseaban sin ropa a su alrededor.

Cuando Jacob llegó al extremo más alejado, se sumergió y desapareció. Bella esperó. Y siguió esperando. Preocupada, cruzó la puerta abierta y se acercó al borde de la piscina, mirando atentamente el agua transparente.

Vale, ya llevaba demasiado tiempo sumergido.

Justo cuando estaba a punto de dejar la taza y zambullirse para buscarlo, la cabeza de Jacob emergió de golpe, directamente a sus pies.

—Buenos días, preciosa.

El alivio la inundó.

—Creí que te habías ahogado.

Él exhibió una ancha sonrisa.

—Tu preocupación me conmueve. —Sacó los brazos del agua y los apoyó en el borde de la piscina—. ¿Me estabas mirando?

—Sí. Desde la puerta.

—En el colegio formaba parte del equipo de natación. No te preocupes, puedo aguantar mucho tiempo debajo del agua.

Aguantar debajo. Aquellas palabras le aceleraron el corazón de un modo que no tenía nada que ver con la natación. Habría pensado que después de las actividades de la noche anterior, lo más alejado de su mente sería el sexo.

 Estaba dolorida en sitios que no habían sido usados desde… bueno, que no se habían usado nunca. Pero era un malestar muy placentero.
—Ven aquí conmigo.

Un chapuzón mañanero parecía algo celestial.

—De acuerdo.

Depositó la taza en una mesa cercana y se zambulló en el extremo más profundo. El agua estaba fría lo que hizo que desaparecieran las últimas telarañas de su cerebro. Jacob se reunió con ella en medio de la piscina y emergieron juntos.

Ella se echó el pelo hacia atrás y parpadeó para quitarse el agua de los ojos.

— ¿Dónde está Edward?

—Se ha ido a la clínica para comprobar el estado del perro que operó ayer. Volverá enseguida. —Jacob le rodeó la cintura con los brazos y la atrajo hacia sí—. Pero de momento estamos solos.

Ella era más ligera en el agua, de modo que le resultó fácil poner las piernas alrededor de la cintura de Jacob. Su vagina entró inmediatamente en contacto con una polla muy dura. Sonrió de oreja a oreja y le rodeó el cuello con los brazos.

—Cierto. ¿Qué vas a hacer al respecto?

A él se le oscurecieron los ojos y su sonrisa, habitualmente tranquila y despreocupada, murió y fue sustituida por una expresión tan intensa que le produjo una acumulación de calor entre las piernas.

—Voy a follarte. Con fuerza. Exactamente aquí. —Cruzó la piscina hasta que la espalda de ella chocó contra el borde. Antes de que le diera tiempo a respirar, tenía su pene dentro.

La sensación de su miembro desnudo en su interior fue tan salvajemente erótica que lanzó un grito ahogado y se impulsó hacia arriba. A él se le dilataron los ojos y luego sonrió de oreja a oreja cuando ella se desmoronó, con un orgasmo que los pilló a ambos por sorpresa.

Jamás se había corrido tan rápido. No era propio de ella, sin embargo entre sus brazos llegó al clímax con una aguda e intensa explosión de placer que la hizo subir como un rayo. La boca de él cubrió la suya, zambulléndole la lengua al tiempo que arremetía con tanta fuerza que el borde de la piscina le arañó la espalda. Le dio la bienvenida al dolor y disfrutó del orgasmo de él casi tanto como del propio.

Permanecieron unidos, jadeando durante unos segundos, luego Jacob se rió.

—Eso ha sido un polvo rápido —murmuró contra su cuello.

Bella se echó a reír y se inclinó hacia atrás, sonriéndole.

—Pero un gran polvo.

Él la besó, y esta vez saboreó dulcemente sus labios con besos lentos y modelados, que parecían… sentimentales. A Bella se le contrajo el corazón, el estómago le dio un vuelco ante la forma en que la sostenía, la tocaba y acariciaba cariñosamente con la boca.

Cuando se apartó, su mirada era tan intensa que ella contuvo el aliento.

—Bella, necesito decir algo…

— ¿Habéis estado follando sin mí esta mañana?

Ella levantó la cabeza de golpe y dirigió la vista hacia la intensa luz del sol.

El cuerpo de Edward quedaba en sombras, alto e imponente contra la brillante luz.

—Hola.

—Demonios, claro que estábamos follando sin ti —contestó Jacob, apartándose de ella y saliendo del agua—. ¿No creerías que íbamos a esperarte, verdad? —Cogió una toalla y se secó.

Bella se preguntó que sería lo que Jacob estaba a punto de decirle antes de que Edward apareciera. A juzgar por la seriedad de su rostro, parecía ser algo importante.

—No, sabía que no ibas a esperar. Maldición, yo tampoco lo habría hecho —respondió Edward, guiñándole un ojo a Bella.
Ella sonrió y asió la mano extendida de Edward. Él la sacó de la piscina y le entregó una toalla.

—Pareces una sirena, completamente mojada y recién follada.

Ella soltó una risita.

— ¡Vaya, gracias! —Él iba vestido con unos vaqueros y un polo—. ¿Cómo está el paciente?

—Recuperándose. He traído el desayuno. ¿Tienes hambre?

Ella lo siguió a la cocina.

—Estoy hambrienta. Y desnuda. Tengo que ducharme y vestirme.

—De momento ponte una de mis camisetas. Están en el cajón de arriba de la cómoda.

Después de una ducha rápida, se puso una de las enormes camisetas de Edward, que era tan grande que le quedaba como un vestido por encima de las rodillas. Para cuando volvió a entrar en la cocina, Edward ya había preparado los croissants calientes con mermelada, el zumo y otra taza de aromático café. Cuando entró, tanto Edward como Jacob levantaron la vista de la mesa y la miraron con una expresión hambrienta en los ojos.

Caramba, tenía el pelo hecho un lío, húmedo y enmarañado, y vestía una de las camisetas de Edward que debía ser unas diez tallas mayor que la suya.

 Era prácticamente un antídoto contra la lujuria.

Suponiendo que aquella expresión hambrienta era por la comida que había sobre la mesa, cogió un croissant, una silla y empezó a comer con entusiasmo. Su estómago protestó ruidosamente ante los deliciosos olores.

 Era evidente que una gran cantidad de horas de sexo, despertaba el apetito.

Una vez satisfecha su hambre de comida, se preguntó qué iba a pasar a continuación. La única ropa que tenía era el vestido ajustado de la noche anterior. Y aunque no le apetecía dar por finalizada aquella mágica fantasía, al igual que a Cenicienta, el reloj había dado la medianoche y la fiesta había terminado. Era hora de volver a la antigua Bella y a la monotonía de su vida normal.

—Tengo que volver a casa —dijo, bebiéndose el último sorbo de zumo de naranja.

—Yo puedo llevarte —se ofreció Jacob—. Tengo algo de papeleo en la oficina.

—Genial.

Edward se recostó en la silla y le sonrió mientras se terminaba el café. Jacob hizo lo mismo. De repente se sintió como si estuviera en un escenario, en el primer acto de una comedia, y a punto de fracasar porque no se le ocurría una sola cosa que decir.

Ellos la observaban expectantes. ¿Pero por qué?

Porque se trata del ajedrez, te toca mover, idiota.

¡Guau! Aquello era embarazoso. ¿Cómo iba a arreglárselas? Ehh, gracias por ese gran trío, chicos.

Ha sido el mejor polvo de mi vida. No, eso quedaba frío. Y se sentía demasiado caliente y cómoda por dentro para convertirlo en algo tan… falto de emoción.

Aunque, la verdad, ¿qué pintaban allí las emociones?

A veces el mejor movimiento era sencillamente reconocer la derrota.

Admitámoslo, la noche anterior fue la representación de una fantasía y de un papel. A la fría luz del día, seguía siendo Bella Swan y no tenía ni idea de cómo comportarse con dos hombres maravillosos y viriles que la miraban fijamente con la esperanza reflejada en sus caras.

—Dejad que limpie esto y luego me… vestiré. Tengo muchas cosas que hacer en casa —

Inclinó la cabeza y empezó a quitar las servilletas, los platos y los restos del desayuno, con la esperanza de que ninguno de ellos hablara o que, Dios no lo quisiera, se moviera de la silla.

La osadía de la noche anterior había desaparecido, sustituida por su terror habitual. Aquí estaba fuera de su elemento. Sin poder mover la lengua, nerviosa y temblándole las manos, tiró los restos a la basura, aclaró los platos y los metió en el lavaplatos vacío.

—Bella.
Ella se congeló ante el sonido de la voz grave de Edward a su espalda, sin ni siquiera darse cuenta de que él se le había acercado furtivamente por detrás. Cuando le rodeó la cintura con un brazo, pegó un salto y se dio media vuelta.

—Maldita sea, mujer. Esta mañana estás muy tensa.

Apartándose de un soplido un mechón de pelo de la cara, esbozó una deslumbrante sonrisa, con la esperanza de disimular su incomodidad.

—Lo siento. Sólo estaba repasando la lista de las cosas que tengo que hacer.

Dentro de unos días tengo que entregar un documento final y necesito empezar a trabajar en él.

— ¿Qué sucede?

Echó un vistazo hacia la mesa del rincón y se dio cuenta de que Jacob había abandonado la cocina.

—Nada. —Aparte del hecho de que tu cercanía me está haciendo comprender que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo.

Tenía que salir de allí.

—Te late el corazón como el de un caballo después de correr un cuarto de milla.

Tranquilízate y dime que es lo que pasa.

Ella se le quedó mirando el torso, percatándose de que sus pechos estaban aplastados contra la dura superficie de sus pectorales. No era de extrañar que notara los latidos de su corazón. Respiró hondo, con lo cual sólo consiguió que se le impregnaran los sentidos del fresco aroma del jabón que utilizaba. Quería enterrar la nariz en su cuello, rodearlo con las piernas y suplicarle que volviera a follarla; deseaba negar la realidad y su monótona existencia, y vivir para siempre en este mundo de fantasía.

Le dio una palmada en el pecho con un suspiro y lo empujó con cuidado. Él retrocedió un paso, interpretando la señal. Entonces ella lo miró y, como siempre, se perdió de inmediato en sus ojos azules.

—Sólo estoy sintiendo la realidad de todo esto.

Su sonrisa y su asentimiento, ayudaron.

—Está bien. Anoche pasamos un muy buen rato. Nada de ataduras. —Le abarcó el cuello y la obligó a acercarse para darle un beso que empezó siendo tranquilo y amistoso, pero que se convirtió rápidamente en algo más.

¡Dios, con qué facilidad era capaz de perderse en él! Su magnetismo dominante y la manera en que se hacía con el mando, la conducían hasta un lugar escondido dentro de su propia cabeza, en el que habitaba aquella criatura salvaje e indómita. En cuestión de segundos estaba mojada, con el clítoris palpitando y el coño dolorido por la necesidad de su polla. Él presionó toda la longitud de su miembro contra su muslo, insistiendo, exigiendo, meciéndose contra ella, hasta que asió su camisa y gimoteó contra su boca.

—Sí —susurró él contra su cuello cuando apartó los labios—. Aquí. Ahora mismo.

Le levantó la camiseta que vestía, abarcando su coño desnudo con su enorme mano. Ella se arqueó ante el contacto, sin pensar en dónde estaban y sin preocuparse de que Jacob fuera a entrar.

—Ya estás condenadamente húmeda, Bella. ¿Quieres mi polla en tu coño?

—Ya sabes que sí. Fóllame. —Extendió las piernas, mordiéndose el labio inferior, mientras él se desabrochaba los vaqueros y se los bajaba a medias, liberando su pene. Le asió las nalgas con una mano y la levantó, empalándola con su miembro.
Ella se deslizó en él, desechando la idea de la facilidad con la que cualquiera de aquellos hombres podía poseerla; que bastaría con que chasquearan los dedos para que ella estuviera húmeda y preparada para ellos. En aquel instante le importaba una mierda. Estaba siendo follada y le encantaba.

— ¡Tan caliente! ¡Cristo, Bella, estás muy apretada! Uno de los mejores polvos que he tenido en la vida. —Su voz era pastosa y grave, y multiplicó por diez el deseo de ella.

Apoyó las manos en la repisa del fregadero que tenía a la espalda y empezó a ascender y descender sobre su polla, permitiendo que el clítoris se arrastrara a lo largo de su miembro. Olas de placer se apoderaron de su coño, tensándola.

—Más fuerte —exigió, con la vista clavada en la de él, observando la expresión atormentada de su cara mientras le oprimía las nalgas y le hundía los dedos en ellas. Se retiró y embistió de golpe contra ella, golpeándole el clítoris y haciendo que gritara de dolor y de éxtasis.

—Sí, eso es. Fóllame fuerte.

Apretó los dientes y se sostuvo, los brazos temblando, y el clítoris dilatado mientras la espiral de tensión se iba haciendo cada vez más intensa.

—Me voy a correr en tu polla, Edward.

La volvía loca, la hacía sentirse perversa. Le encantaba.

—Córrete para mí, Bella. Conmigo.

—Sí, ¡Sí, me estoy corriendo! —Luego ya no pudo contenerse, cuando las oleadas se estrellaron dentro de ella, inundándolo con sus fluidos. Lanzó un grito por la intensidad de su orgasmo. Edward la sujetó y la aplastó contra él, gruñendo mientras se corría, introduciendo profundamente su pene en ella, estremeciéndose y sacudiéndose al alcanzar el clímax.

Ella soltó el fregadero y le rodeó con los brazos, lamiendo el sudor salado de su cuello hasta que la dejó de pie en el suelo. Se sujetó a él unos segundos, temblorosa todavía, preguntándose qué acababa de pasarle.

Dios, había perdido el control. Estaba a punto de vestirse para marcharse cuando él susurró su nombre y se lanzó a por él.

—Jacob ha ido a ducharse. No tardará en volver. Si quieres te puedes lavar en otro cuarto de baño.

Casi no pudo mirarlo a los ojos, él parecía muy afectado por lo que acaba de pasar, mientras que lo único que ella quería era acurrucarse en el suelo y llorar.

—De acuerdo. Espera a que coja mi ropa.

Le dirigió una sonrisa desenfadada, con tanta despreocupación como le fue posible, y se alejó por el pasillo, recogiendo su vestido en la sala de estar y yendo en busca del cuarto de baño de invitados. Después de darse una ducha rápida, se puso el vestido, se arregló el pelo con los dedos y se entretuvo unos segundos para recobrar el aliento.

Un golpe en la puerta la hizo volverse con el corazón desbocado.

Por el amor de Dios, Bella. Domínate.

— ¿Sí?

—Soy Edward. ¿Puedo pasar?

—Ehh, claro. —Se apoyó en el lavabo, tratando de parecer tranquila y relajada y ofreciéndole una sonrisa cuando entró y cerró la puerta—. Ya estoy casi lista para irme.

—Puedes quedarte si quieres. No estoy intentando echarte. —Se apoyó contra la puerta cerrada y se cruzó de brazos—. Aunque me da la sensación que estás deseando largarte de aquí.

— ¡No! ¡No es eso para nada! Es que tengo muchas cosas que hacer en casa.

— ¡Oh!

Se le daba fatal eso de la despreocupación.

—Lo he pasado muy bien, Edward. De verdad. Gracias. Esto ha… superado mis fantasías más salvajes. Estar con Jacob y contigo esta noche ha sido…

—Quiero volver a verte.

Ella se interrumpió a media frase.

— ¿Sí?

—Sí. Sal conmigo esta noche.

Ella sabía que tenía la boca abierta, pero francamente, no se esperaba aquello.

—Contigo.

—Sí.

—Esta noche.

—Sí.

— ¿Sólo tú y yo?

Él arqueó una ceja.

— ¿Deseas otro trío?

Aquella era la pregunta del millón. ¿Deseaba otro trío? ¿Quería salir con Edward? Demonios, en ese momento el cerebro no le funcionaba en absoluto.

 Edward acababa de pedirle que saliera con él. Ella simplemente se limitó a suponer que se refería a los dos.

¿Qué era lo que quería?

—Tengo que pensarlo.


— ¿De verdad?
— ¡Oh, no es lo que piensas! Quiero decir que es un honor que me pidas que salga contigo.

Cualquier mujer se excitaría si le pidieras que saliera contigo, Edward. Creo que lo sabes. Pero honradamente, ahora mismo no me funcionan las neuronas.

 Necesito irme a mi casa y reorganizarme.

Él se rió.

—De acuerdo. Te mandaré un e-mail después.

Esperaba no acabar de insultarlo, pero realmente no sabía lo que quería en ese momento.

Aunque sí lo que necesitaba: distancia y tiempo para pensar.

Edward abrió la puerta y la dejó salir. Jacob estaba esperando en la sala de estar y ladeó la cabeza con curiosidad al ver que Edward y ella salían del mismo cuarto de baño.

— ¿Estás lista? —preguntó él.

—Sí. —Se volvió hacia Edward—. Gracias de nuevo. Por todo.

Él la besó ligeramente en los labios, pasándole el pulgar por el labio inferior.

—Quedamos luego.

Le hormigueó el labio en el punto donde él lo había tocado y su siguiente respiración fue temblorosa.

—De acuerdo.

El viaje de vuelta a su casa en compañía de Jacob fue extrañamente silencioso. Y tampoco fue un silencio cómodo. Lo notaba irritado por algo, pero no quería ser ella quien lo rompiera.

Seguro que no estaba celoso de que hubiera pasado un rato a solas con Edward, ¿verdad?
¡Oh, desde luego, Bella! Eres tan increíblemente deseable que ahora estos dos hombres van a pelearse por ti.

Era asombrosa la cantidad de tiempo que podía pasarse en el mundo de la fantasía.

Cuando Jacob entró en su complejo de apartamentos, Bella estaba convencida de que él tan sólo estaba deseando dejarla y librarse de ella. Sin embargo, cuando se soltó el cinturón de seguridad y asió el tirador, él le puso una mano en el brazo.

—Bella, espera.

Ella se detuvo, sabiendo que le iba a decir algo agradable como gracias por una gran noche.

—Sal conmigo esta noche.

Ella parpadeó.

— ¿Qué?

—Sé que es una tontería, pero todo el camino hasta aquí he estado intentando averiguar cuál sería el modo correcto de plantear esta pregunta sin que pareciera que lo único que quería era volver a joder contigo. Pero es más que eso. Aunque también quiera volver a follarte —añadió con una seductora sonrisa.

A ella se le cerró la garganta e intentó respirar. De acuerdo, aquello no podía estar pasándole. Edward le pedía que saliera con él. Jacob  lo mismo.

 Tenía la cabeza hecha un lío y no sabía qué hacer con todo aquello.

¿Quería verlos a cualquiera de ellos otra vez? ¿Y qué quería decir eso?

—Su… supongo que estaría bien, pero —barbotó. Luego se dio cuenta de que Edward se lo había pedido primero. ¿Existía algún tipo de protocolo para esto? ¿Había alguna razón para que le dijera que no a Jacob cuando antes le había dicho a Edward que tenía que pensar?

Sus células cerebrales necesitaban recuperarse. No cabía ninguna duda.
Él resopló.

—Bueno, eso es entusiasmo.

Ella se frotó el punto palpitante entre las cejas que anunciaba el comienzo de un dolor de cabeza.

—Lo siento. Creo que necesito echar una cabezada.

—Esta tarde te llamo y lo hablamos. Vete a descansar. —Se inclinó hacia ella y presionó los labios contra los suyos; su aliento era fresco y sabía a canela. Deseó quedarse en el coche y lamerle los labios, zambullirse en su abrazo e invitarlo a entrar en su casa. No quería dejar que se fuera. Sin embargo, también necesitaba espacio.

¿Confusa, Bella?

Abrió la puerta de su apartamento, la cerró, tiró el bolso al suelo, se quitó los zapatos y se desplomó en la silla más próxima.

Acababa de quedar con Jacob para que la llamara esa tarde. Y Edward iba a mandarle un e-mail para conocer la respuesta a su proposición de tener una cita esa noche.

Joder con ambos era una cosa. Citarse con los dos otra completamente distinta. Y obviamente, era un desastre a la hora de compaginar varias citas, porque ella lo había complicado todo por no contestar a Edward primero.

¿Qué demonios se suponía que iba a hacer ahora?

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De todo corazón, espero que las más pequeñas sean juiciosas y no nos metan en un lío leyendo algo que es para mayores de edad. Tal y como lo estipula Coka.
Y es que éste capítulo de la adaptación de krizia sigue de nuevo, ¡¡¡¡ardiente!!!!

Disfrútenlo chicas y, ¡a comentar! 

Sissy
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8 comentarios:

coka dijo...

Sissy muchas gracias otra vez niña, sabes por un lado estoy contenta de que sepas como manejar este blog, si alguna vez yo falto, estarás tu
Con respecto a la historia de Krizia, por Dios, que subidon,cuando le pedí a Krizia a ver si nos podía regalar una adaptación nunca imagine que podía estar tan buena, tuve mis dudas en publicar pero ahora que ya es una historia más, estoy muy contenta, y le agradezco enormemente su tan gentil regalo
Te quiero Krizia!!!

nydia dijo...

Me encantaaaaaaaaaaaa esta adaptacion es fascinante....

maty dijo...

krizia el capitulo esta uff!!! hot, hot!! ajja pero buenisimo k envidia de esa bella, ahora que ara con cual saldra?? yo me iva con los dos un día uno y otro el otro jajaj y asi disfruta de los 2 jajaja...

Tan lindos los dos quieren algo mas con bella no un simple polvo jajaja aun que como dice jacob también lo kiere otra vez jajaja yo pienso que se quede ocn los 2... pero ellos aceptaran compartir en algo mas serio... ai k intriga ya quiero leer el próximo capi jiji

gracias krizi excelente adaptación y coka por publicar y en esta ocasión a sissy por atendernos mientras coca disfruta sus vacaciones :D

saludos
maty

Bell.mary dijo...

Tremendo capítulo muy candente este par no tiene llenadera, después de tremenda noche aun les quedaba bastante pila para seguirle en la mañana y claro Bella mas que encantada y toda dispuesta a dejarse consentir, pero quien no verdad jejejeje
Sin duda estos dos ya no solo quieren un polvo rápido y ya creo que después de haber pasado la noche juntos y haber conectado con ella como lo hicieron se dieron cuenta de que quieren algo mas, ahora solo falta ver que era Bella una difícil decisión con tremendos hombres no hayas por cual decidir te....como dice Matty un día con uno y después con el otro jajajaja me encanto tu idea ..
Esta adaptación se esta poniendo muy interesante, habrá que estar al pendiente de lo que sucede.
Gracias Krizia por tu excelente adaptación y muchas gracias a Sissy por publicarla...Besotes

Anónimo dijo...

Chicas menudo capi,estuvo superhot,de veras que Bella tiene un problema ya que esto esta pasando de lo plenamente pasional a los sentimientos y menudo par de hombres que tiene para elegir.Esperare ansiosa su decision.Espero esten disfrutando sus vacaciones.besos.Maria del Mar desde España

Anónimo dijo...

Genial y tremendo es poco, ¡¡¡vaya barullo, de sexo y sentimientos!!!
Chicas... sois la pera limonera de la imaginación, por que si eso fuera posible.... YO TAMBIEN QUIEROOOO. Jajajajaja.
F.P.

krizia cullen dijo...

Gracias amigas por comentar. Estoy de vacaciones y sólo tengo internet en el móvil. Con muy mala cobertura. Besos

May May dijo...

krizia por todos los cieloooos jajaja

Perdon pero no habia podido comentar sino hasta ahora pero casi me da una combustion

mmmm necesito definitivamente leer el proximo capitulo sentada en un cubo de agua con hielo o metida en la refri jajaja

Quien fuera esta Bellaaaa jajaja

Un abrazo!

May May