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martes, 21 de abril de 2015

Salvaje, Perversa y Atrevida: Perversa Rose Cap. 6


Tres amigas…tres deseos secretos…tres oportunidades para hacerlos realidad.

Son tres amigas inseparables que se deleitan compartiendo sus aventuras y secretos.

Pero su última apuesta será la más arriesgada de todas: cada una debe acostarse con cualquier hombre que las otras dos escojan para ella… y luego relatar todos y cada uno de los jugosos detalles.

Capítulo 6

adaptación de Krizia

Rose soltó un suspiro y se dirigió a la mesa donde Bella y Alice la estaban esperando.

Ambas se retorcían prácticamente en el asiento, con una sonrisa expectante en la cara, mientras ella se acercaba.

Honestamente, se arrepentía de haber puesto en marcha esa apuesta absurda.

— ¿Y bien? —Preguntó Alice, antes de que Rose se hubiera sentado siquiera en el reservado de La Bella Italia.

Rose le pidió a la camarera un margarita y cogió una rodaja de limón de la cesta que tenía delante.

— ¿Y bien, qué?

—No te hagas la estrecha con nosotras —dijo Bella con los ojos brillantes de entusiasmo—. Ya sabes el qué. Cuéntanos.

—Estuvo bien. —Mordió la rodaja y empezó a masticar.

— ¿Bien? —Alice miró primero a Bella y luego de nuevo a Rose—. Puedes hacerlo mejor.

Queremos detalles.

La camarera puso un margarita delante de Rose. Ella bebió un par de sorbos para animarse y luego dijo:

—Fui a su casa. Follamos sin parar. Nos lavamos, y repetimos. Luego me fui a mi casa.

Bella frunció el ceño.

— ¿Y?

— ¿Y qué?

— ¿Ya está?

—Ya está.

—Tiene que haber algo más, cariño —dijo Alice—-. Eres una fuente de información sexual. Por lo general nos enteramos con todo detalle de cada una de tus conquistas. Nunca te mantienes callada como ahora.

¡Maldición!

—De acuerdo. Fue tórrido. Más que tórrido. Ha sido el mejor sexo de mi vida. ¿Ya estáis contentas? —Cogió un puñado de patatas fritas y se llenó la boca para no tener que seguir hablando.

—Lo sabía —dijo Alice.

— ¿Él estuvo fabuloso, verdad? —preguntó Bella.

—Sí —consiguió responder ella, con la boca llena de patatas.

— ¿Entonces te quedaste todo el fin de semana con él?

Ella se acabó el margarita.

—No, me fui a casa después de la primera noche.

Alice abrió mucho los ojos.

— ¿Por qué?

Rose se encogió de hombros.

—O empiezas a contarlo todo desde el principio, o llamo Emmett para que me cuente los detalles —amenazó Bella.

Rose levantó la cabeza de golpe.

— ¡Ni se te ocurra!

— ¡Entonces cuéntanos qué pasó! Porque si no lo haces, juro por Dios que iré a por Emmett y escucharé su versión de la historia.

Rose miró a Bella boquiabierta. Nunca se había dado cuenta de que su amiga fuera tan violenta. Además, si tenía que hablar de aquello sin tapujos, ¿quién mejor que sus dos mejores amigas para escucharla? ¿Si no podía confiar en ellas, en quién iba a confiar?

—De acuerdo, pero aquí no. No puedo hablar de ello en este sitio.

—En mi casa —dijo Alice, cogiendo el bolso y llamando a la camarera para que trajera la cuenta.

Una hora más tarde estaban instaladas en el salón de Alice descalzas y cómodas, con una jarra de margarita casero y la mesa salpicada de aperitivos salados. Bella y Alice la miraron expectantes.

Ella nunca le había contado a nadie sus deseos secretos más íntimos, ni siquiera a sus dos amigas. Aunque necesitaba consejo, de modo que era ahora o nunca.

—Probablemente no os lo creáis, porque siempre he sido una persona de carácter dominante y controlador, pero en la cama soy una sumisa total.

—Cuéntame algo que yo no sepa —dijo Alice, con una suave sonrisa.

A Rose se le cayó la mandíbula.

— ¿Lo sabías?

—Yo sí. Bella, no sé.

Bella sacudió la cabeza, con los ojos muy abiertos.

—Explícame eso. ¿Sumisa tú? No tenía ni idea.

De acuerdo, no estaba siendo tan difícil como ella creía. Miró a Alice.

— ¿Cómo lo supiste?

—Por algunas cosas que has ido diciendo a través de los años. Además, sé que Emmett es tu tipo. Es un hombre totalmente dominante. Y hace que te derritas sólo de pensar en lo que te puede hacer.

A ella se le contrajo el sexo sólo de pensar en todo eso.

—Lo hace.

—Bueno, eso ya lo sabía —dijo Bella—, de modo que, ¿por qué no sigues allí?

—Porque él me asusta. Y también me aterra mi propia reacción hacia él.

— ¿Por qué? —preguntó Alice, recostándose en el sofá.

Rose se sentó sobre los pies y centró la vista en su copa de margarita, avergonzada por lo que estaba a punto de admitir.

—Vi cómo mi padre controlaba todo lo que hacía mi madre: cuánto dinero se gastaba, quiénes eran sus amigas, a qué dedicaba el tiempo. Ni siquiera podía ir al supermercado sin que él la cronometrara, y luego la acusaba de engañarlo. Hiciera lo que hiciera, no estaba bien. No se levantaba a tiempo, no andaba bien, no se vestía bien. Cuando fui lo bastante mayor como para irme de casa, ella ya no era más que un robot a sus órdenes. Vivió una existencia miserable toda su vida, por culpa de un hombre dominante.

Carecía del carácter, de la autoestima y del valor necesario para abandonarlo. A mí intentó hacerme lo mismo, pero yo me resistí todo lo que pude, negándome a permitir que me doblegara a su voluntad.

»Me juré que nunca, jamás, me enamoraría de un hombre así; que nunca me relacionaría con un hombre de voluntad fuerte, controlador y dominante.

El salón quedó en silencio, y a Rose le dio miedo mirar a Bella y a Alice, temiendo que fueran a juzgar los defectos de su madre y, de alguna forma, descubrieran también las imperfecciones que tenía ella.

Sus dos amigas, en cambio, se sentaron a ambos lados de ella en el sofá, y se vio en medio de un fuerte abrazo, que le llenó los ojos de lágrimas.

—Tú no eres responsable del comportamiento de tu padre ni de la falta de carácter de tu madre —declaró Alice, apartándose y mirándola.

Los ojos ambarinos de Alice estaban brillantes a causa de las lágrimas. Y de la tristeza.

—No llores por mi madre. Ella era débil. Yo no lo soy.

—Ya sé que no lo eres.

Bella le apretó la mano.

—Y Emmett no se parece en nada a tu padre.

Rose asintió.

—La parte racional de mi cerebro lo sabe, pero la parte emocional sale corriendo como si la persiguiera el diablo siempre que se acerca a mí, y siempre lo hará. Eso es lo que me ha mantenido apartada de él todos estos años, lo que me empuja a ir con hombres de carácter débil en vez de hacia el dominante y controlador Emmett.

Su siguiente respiración fue temblorosa.

—Amo a Emmett desde que me di cuenta de las diferencias entre hombres y mujeres. Es divertido, honrado, inteligente, amable, y tiene una fortaleza que hace que las rodillas se me conviertan en gelatina. Entonces supe lo que era él y lo que era yo. Sabía que podía darme lo que necesitaba. Porque en el terreno sexual soy una sumisa. En los demás aspectos de mi vida soy fuerte, capaz y dominante. En el dormitorio me gusta rendirme. Y me da miedo que si me rindo a él en la cama, pretenda que me rinda en todo lo demás.

Simplemente… no puedo.

— ¿Le has hablado sobre tus temores? —preguntó Alice.

Ella sacudió la cabeza.

—No.

—Deberías hacerlo.

—No voy a tener esa oportunidad. Sé que es cobarde por mi parte, pero no puedo arriesgarme a entregar mi alma a un hombre que querrá controlarme cada vez que respire.

—Puedes confiar en él —dijo Bella—. Lo presiento. Es un buen tipo. Y creo que lleva toda su vida esperándote.

Ella cogió aire; el miedo le hacía temblar.

—También me aterra no ser lo que él quiere que sea.

—Nunca te había visto así —intervino Alice—. Eres una de las mujeres más fuertes que conozco. A ti no te asusta nada.

—Esto sí. Él sí. Lo que siento por él, sí. Todo lo relativo a nosotros dos me asusta. No puedo estar con él.

—Entonces vas a huir en vez de descubrir si lo tuyo con Emmett puede funcionar —dijo Bella.

Rose la miró y asintió.

—Sí.

—Puede que te estés alejando del amor de tu vida. Un punzante cuchillo se le clavó en el vientre.

—Puede.

Le daba la sensación de que ya lo había hecho. Tenía ese presentimiento.

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—Tenemos un nuevo cliente.
Rose alzó la vista de su escritorio, en su oficina y sonrió a Mary, su asistente.

—Eso es genial.

—Puede que sí y puede que no. —Mary se mordió el labio inferior, y apretó la hoja de papel que llevaba en la mano.

—Déjame ver eso.

—No te va a gustar.

Rose puso los ojos en blanco. La empresa de decoración de interiores era su criatura, la sal de su vida. Vivía para tener clientes nuevos. Extendió la mano.

—Dame eso, Mary.

Mary deslizó el papel sobre el escritorio. Rose revisó la solicitud y luego frunció el ceño.

¿En qué diablos estaba él pensando? ¿Se trataba de otro juego, de otra forma de manipularla? ¡Ah, no! Eso no iba a suceder.

—Asígnaselo a Sue Ellen.

—Solicita expresamente que seas tú quien haga el trabajo.

—Ya lo veo. No voy a hacerlo. Estoy demasiado ocupada.

—Tienes la agenda vacía. Y éste es un trabajo importante. Dice que toda la casa.

—Me da igual. No voy a hacerlo.

—Dice que o te encargas tú, o no hay trato.

Ella se encogió hombros y se giró hacia el ordenador.

—Entonces supongo que no va a haber trato.

—No podemos permitirnos rechazar un encargo, Rose.

¡Tenía razón, demonios! Maldito fuera Emmett por arrinconarla de ese modo.

Esa era precisamente la razón por la que nunca iba a intentar tener una relación con él.

Manipulación, pura y dura. Exactamente como su padre. Todo giraba en torno al control.

Golpeó ligeramente el escritorio con los dedos y reflexionó. El proyecto era inmenso y supondría unos ingresos necesarios para el negocio. Lo cierto es que no podía permitirse rechazarlo, pero le fastidiaba ceder al ultimátum de Emmett.

—De acuerdo, lo haré. Avisa a Emmett de que me reuniré con él, en su casa, esta noche a las siete.

Mary soltó un suspiro.

— ¡Genial! Va a ser un proyecto muy bueno. Me alegro mucho de que hayas cambiado de idea, Rose. ¡Va a ser maravilloso para el negocio!

Y catastrófico en otros muchos aspectos.

Emmett se apoyó contra el pilar del porche y observó a Rose detenerse en el camino de entrada. Rascal salió corriendo a saludarla, ladrando y meneando la cola.

Él reconocía la sensación. Sólo de ver cómo salía del coche, vestida con una falda rosa ajustada y una chaquetilla a juego, se le aceleró el pulso. Las gafas de sol le tapaban los ojos, pero la expresión severa de sus labios le indicó que no se alegraba de estar allí.

Y no es que él esperara que se alegrara. De hecho, estaba seguro de que el ultimátum la había irritado.

—Rose —la saludó, cuando ella se acercó a la escalera.

—Emmett.

—Gracias por venir.

—Vale, vale. ¿Empezamos?

—Claro. —Abrió la puerta mosquitera para dejarla pasar y ella entró con la espalda recta y rígida.

¡Oh, sí! Estaba más furiosa que una avispa. Sonrió de oreja a oreja.

—Indicabas que querías reformar toda la casa, ¿no es así? —preguntó ella, paseando la mirada por la habitación y tomando notas en un portapapeles.

—Sí.

—Voy a tomar unos apuntes y vuelvo. Supongo que no te importa si me doy una vuelta por toda la casa.

—Ya has estado aquí, Rose. No me importa nada que te pasees por donde quieras.

—En ese caso, siéntate —dijo ella, sin tan siquiera mirarlo—. Enseguida vuelvo.

Él se dejó caer en el sofá y apoyó los pies en la mesa de centro, mientras ella pasaba del salón a la cocina y a los cuatro dormitorios. Se preguntó si estaría recordando lo que habían hecho en el dormitorio la otra noche.

Él desde luego sí. El último par de noches tampoco había conseguido dormir.

 Las pasó despierto, masturbándose, con el olor de ella adherido a las sábanas y a las almohadas.

¡Joder, quería volver a tenerla en su cama! Y no solamente una o dos noches. La quería para siempre. Dios, se imaginaba cual sería su reacción si él le decía algo así. Sin embargo, conociendo sus temores, tenía que actuar con cuidado. Si la presionaba demasiado, la perdería. De modo que tenía que fingir indiferencia. Mucha indiferencia.

Cogió una revista de coches y se puso a hojearla mientras ella deambulaba por la casa; la soltó cuando ella volvió, y se fijó en que se sentaba en la silla que estaba junto al sofá.
Manteniendo las distancias.

Ella lo miró de frente, dándole la vuelta al papel de portapapeles.

—Me imagino que tendrás alguna idea concreta sobre el diseño.

—La verdad es que no.

Las cejas de ella, perfectamente esculpidas, se alzaron.

— ¿Perdón?

Él se echó hacia atrás y colocó los brazos en el respaldo del sofá.

—No tengo la menor pista.

— ¿Entonces cómo se supone que voy a diseñar el interior de tu casa?

—En eso tú eres la experta, Rose. Yo soy un representante de la ley, no diseñador.

—Pero se trata de tu casa.

—Confío en tu criterio.

—Podría convertir toda tu casa en una pesadilla rosa, llena de volantes.

Él se rió.

—Podrías, pero no lo harás. Eres demasiado honrada para eso.

Ella suspiró.

—Tienes razón. ¿Cómo voy a saber qué es lo que quieres, Emmett?

—Es fácil. Me conoces. Y este lugar es un batiburrillo de muebles que no hacen juego.

Aparte de un par de antigüedades que pertenecieron a mis abuelos, lo demás sobra. Quiero sentar la cabeza y formar una familia algún día, de modo que lo único que me interesa es que sea práctico.
— ¿De verdad?

Ella golpeó ligeramente el portapapeles con la pluma. Él contuvo una sonrisa.

—Sí, de verdad.

—De modo que quieres renovar la decoración para que las posibles novias se paseen por un lugar un poco más elegante de lo que tienes ahora.

Vaya, se estaba enfadando. Sentía no poder echarse a reír.

—Nada estrafalario. Soy un hombre sencillo. Sólo quiero que resulte agradable.

—Define agradable.

Le encantaba la forma en que le temblaba el labio inferior cuando estaba molesta. Le daban ganas de atraparlo con los dientes y acercarla a él. Le dolía el pene. Maldición, la quería como fuera. Pero no iba a tenerla. Al menos esa noche.

—Decórala como te gustaría que estuviera si vivieras aquí.

—De acuerdo. Me aseguraré de que le guste a la sucesión de posibles novias.

—Genial.

—Vas a tener que mudarte durante un par de semanas.

—Puedo quedarme en la comisaría. Allí hay un dormitorio y una ducha.

Ella se levantó, se alisó la falda y arrancó una hoja del portapapeles.

—Necesito que hagas una lista con los artículos que quieres conservar.

 Alguien de mi oficina te llamará por la mañana para decirte qué día empezaremos.

—Espero que sea pronto.

Ella apretó los labios y lo miró.
— ¿Ya has pensado en alguna candidata a señora McCarty?

—Algo así.

A ella le costó disimular la sorpresa ante ese comentario.

—En ese caso, haré cuanto pueda por acelerar las cosas. No quisiera hacer esperar a la novia.

—Gracias. Aprecio el detalle.

Ella respiró profundamente por la nariz, ya que tenía los labios fuertemente apretados, recogió sus cosas y echó a andar hacia la puerta, arrancando prácticamente la mosquitera de sus goznes al cerrarla de golpe.

¡Oh, sí! Ahora estaba completamente furiosa.

La tenía justo donde él quería. Encolerizada, celosa y desconcertada.

¡Dios, la amaba!

Redecorar. Sucesión de posibles novias. Rose dio golpecitos con las uñas en el escritorio y rompió los catálogos, deseando ser capaz de decorar la casa de Emmett como el harén de un sultán.

Almohadones enjoyados, guirnaldas colgando, cortinas de seda de todos los colores del arco iris.

Le estaría bien empleado si lo hacía.

Era una pena que ella tuviera escrúpulos profesionales.

Idiota. Estúpido. Degenerado. Gilipollas. Le odiaba. Le odiaba, le odiaba, le odiaba. Con una intensidad que hacía que le hirviera la sangre.

Por ser tan agradable, tan profesional y tan acomodadizo.

Tan total y absolutamente imprevisible. Ella se esperaba que tuviera una descripción exacta de cada uno de los muebles que quería, de cada color y de cada tela, y que no le permitiera salirse de eso. En cambio, la sorprendió diciéndole que podía hacer lo que quisiera.
En una ocasión, su padre le permitió redecorar una habitación de la casa.

Fue justo después de que se graduara. Ella dio algunas ideas, pero a él ninguna le pareció lo bastante buena. Lo cambió todo. Y sus elecciones fueron horribles, pero, por supuesto, tenía que ser él quien diera las órdenes. Su madre no dijo ni una sola palabra. Muy típico. Rose no se molestó en discutir con él. Después de todo se trataba de su dinero. Él deseaba el feo estilo americano antiguo, y eso fue lo que obtuvo. Los colores eran oscuros, sin un solo toque femenino. Y se trataba del dormitorio principal. Cuando Rose terminó, no quedaba nada de su madre en él. Excepto su madre.

Y su madre se mostró encantada, elogió a Rose por su trabajo y le dijo a su padre que tenía un gusto maravilloso.

Repugnante.

Sin embargo, Emmett, en vez de hacer lo que hubiera hecho el padre de Rose, acababa de poner en sus manos toda su casa. Le dijo que la decorara como lo haría si ella viviera allí.

Excepto que no iba a decorarla para ella, lo iba a hacer para otra mujer.

Acababa de follar con ella cuando era evidente que ya le daba vueltas a la idea de casarse con otra.

Hijo de puta. ¿Cómo podía haber permitido que su corazón se viera involucrado por una noche de sexo fabuloso? Porque decididamente la idea de Emmett casado con otra mujer; de que cualquier otra estuviera en ese patio trasero con esos niños, esos perros, y esa piscina, le resultaba dolorosa.

En cualquier caso, aquello era una estúpida fantasía. Se trataba de una apuesta. Ella había cumplido con su parte y la había llevado a cabo. Ahora se acabó. Emmett y ella habían terminado.

Y cuando acabara con ese encargo, no tendría que volver a pensar nunca en él, ni verlo, ni hablarle.

Pero iba a hacer un buen trabajo en su casa. Lo diseñaría como si fuera a ser ella quien se trasladara a vivir allí; como si fuera ella la mujer que iba a tener a sus hijos y a forjar una vida con él.

Le demostraría que podía depositar su confianza en ella.

Porque era una profesional que hacía condenadamente bien su trabajo.


No porque él la importara.
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Esta historia se pone cada vez mejor, me muero por conocer el final de esta historia.
Gracias Krizia, gracias otra vez...

6 comentarios:

maty dijo...

wow!!! krizia esta historia esta cada vez mas buena, ahora entiendo por que Rose es como es, por su pasado, no entendía por que le daba miedo Emmett si le gustaba tanto.... por fin se revelo la razón jijij me encanta como Rose se consume con los celos sin saber que sera para ella jajja amo a este Emmett tubo una excelente idea jajaja

ya quiero leer el próximo... se pone cada vez mejor jijij gracias krizia por la historia y gracias coka por publicar :D

saludos
maty

Anónimo dijo...

Llega el momento de la historia q mas m gusta que es cuando se enamoran los protagonistas y empiezan a haber sentimientos. Me encanto el capi,lo vivi tan real...Gracias chicas por esas letras tan maravillosas q hacen que nos olvidemos del mundo para vivir en el de ellos aunque sea por unos instantes.Se les quiere mucho.Desde España con cariño.Maria del Mar

Nancy Quintero dijo...

holaaaaaaa Krizia!!!!! gracias por este capitulo....

Hay nooooooooooooooo!! pobre Rose, que feo debe sentir, pensar en que allí vivira Emmet con otra mujer :(
son ironías de la vida...

Pero ya vamos un paso adelante!! Ya que Rosse por fin acepto que lo ama con locura!!

Aun que entiendo el conflicto interno que lleva Rose! Con una historia asi quien iba a querer enamorarse!

De verdad que Emmet la tiene muy dificil!!! Pero me encanta!!! el amor nunca es facil!! lleva esfuerzo, sudor y sangre!! Y la verdad si no fuera asi no valiera la pena!!!
Es una gran montaña rusa!!! o te subes o eres una cobarde para toda la vida y puedes empesar a pensar el nombre para tus gatos jajajaja!! hay que subir a la montaña.... ya sea que subas o bajes, todo valdrá la pena siempre y cuando vallas de la mano de Emmet!!!!

Amo a estos dos!!!

Mil gracias Krizia!! Quedo a la espera del próximo capitulo!!!

Un gran abrazo

Nancy Q

Bell.mary dijo...

Oh que gran capítulo Krizia cada día se pone mucho mejor esta historia.

Pobre Emett no la tiene fácil con Rose mas con esos miedos que ella trae y después de haber vivido una relación como la de sus padres es lógico que tenga miedo a terminar cediendo a sus sentimientos y caer con una persona dominante, ella es libre y le gusta su independencia.

Buen punto para Emett con lo de diseñar la casa, es una forma de acercarse y además la esta haciendo que diseñe su propia casa sin imaginárselo ella, ojala y Rose se de una oportunidad para que a vea realmente como es él.

Gracias Krizia por este gran capitulo y estaré pendiente del siguiente... Besos

María Veronica dijo...

ME ENCANTA ESTA HISTORIAAA!! GRACIAS POR PUBLICAAR!

May May dijo...

Kriziaaaa buenisima adaptacion!!

No habia podido comentar porque queria terminar de leer todos los capis que tenia pendienteees...

Gracias por tomarte el tiempo de escribir y compartir con nosotras esta historia...

Un Abrazo...

May May