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sábado, 31 de mayo de 2014

Salvaje, Perversa y Atrevida- Capitulo 7




Tres amigas…tres deseos secretos…tres oportunidades para hacerlos realidad.

Son tres amigas inseparables que se deleitan compartiendo sus aventuras y secretos.

Pero su última apuesta será la más arriesgada de todas: cada una debe acostarse con cualquier hombre que las otras dos escojan para ella… y luego relatar todos y cada uno de los jugosos detalles.


Capítulo 7
Solo Mayores de 18


Adaptación de Krizia Cullen
Jacob empujó hacia arriba, observando cómo su polla desaparecía entre los carnosos labios de Bella. Elevó la mirada hacia Edward, y vio las tensas líneas de concentración en su rostro, mientras su amigo la follaba, imaginándose lo que debía sentirse al estar sumergido en su pequeño y caliente coño.

No tardaría en estar dentro de su vagina. La idea hizo que se le estremecieran los huevos. Si pudiera, estaría en ambos sitios de inmediato. Pero no era posible, de modo que se concentró en sus labios. La boca de ella era húmedo calor líquido, rodeándolo, succionándolo, conduciéndolo a una agonía insoportable, mientras él batallaba con un orgasmo que amenazaba con salir a borbotones, como un geiser. Enredó los dedos en su pelo, le quitó las horquillas y las tiró, liberando las suaves ondas para que se derramaran sobre su rostro. Así era como le gustaba; con el pelo suelto y enmarcándole la cara. Cuando los ojos marrón chocolate de ella se encontraron con los suyos, tenía un aspecto salvaje e indómito; el fuego de su excitación lo abrasó.

A ella le gustaba proporcionar placer tanto como disfrutaba recibiéndolo. Aquello no le sorprendió, teniendo en cuenta lo que sabía de ella. Saboreaba su polla como un animal hambriento, sacándosela para mirarla y lamer las gotas de líquido nacarado que se reunían en la cabeza, para luego volver a devorarla, introduciéndosela hasta el fondo de la garganta.

Él podría correrse en su garganta y ella lo aceptaría todo, se tragaría cada gota que brotara de allí. Su entusiasmo y su deleite de aquella noche le asombraban. Oh, al principio estaba insegura e indecisa, pero ahora estaba disfrutando de cada segundo. Le gustaba verla tan liberada, sin embargo tenía que admitir que una parte de sí mismo deseaba que esa ferocidad fuera sólo para él, quería que chupara sólo su polla y que follara sólo con él.

Aunque esa noche era para Bella. Aquella noche tenía que compartirla.

—Eso es, nena —dijo, elevando las caderas para metérsela—. Chúpala a fondo. — Estableció contacto visual con Edward, vio la forma en que éste apretaba los dientes, y supo que estaba a punto. Jacob no creía que ninguno de los dos estuviera dispuesto a correrse todavía, sin que Bella tuviera antes otro orgasmo. Contempló los movimientos de su boca, reprimiendo mentalmente el impulso de mover su pene con mayor rapidez entre la fuerte succión de sus labios; luego extendió las manos hacia su rostro, deteniéndola.

—Basta por ahora.

—Quiero que te corras —dijo ella, con la voz convertida en poco más que un susurro gutural. ¡Dios, lo que le estaba haciendo!

—Lo sé. Y lo haré. Más tarde.

Edward se retiró también, y Jacob se levantó, incorporando a Bella del todo.

—No queremos que te canses demasiado o que te dé un tirón en la espalda. Tenemos toda la noche.

La atrajo hacia sí y la besó, introduciéndole la lengua para saborear el lugar donde acabada de estar su miembro. Sabía a ron y a él. Sus senos se frotaron contra su pecho, seduciéndolo con sus puntas endurecidas. Abarcó los pechos con las manos, frotando los hinchados pezones con los pulgares, y se obligó a interrumpir el beso para poder contemplar sus ojos mientras lo hacía.

Ella contuvo el aliento cuando los hizo rodar entre sus dedos. Él utilizó su respuesta a modo de guía. Le gustaba con un poco más de presión, algo más fuerte que un pellizco.
Ella era muy receptiva y le indicaba con sus suspiros, sus gemidos y las expresiones de su cara qué era insuficiente y qué demasiado.

Él iba a darle cualquier cosa que deseara. Incluso lo que todavía no sabía que deseaba. Pero en aquel instante lo que quería él era estar dentro de su pequeño y estrecho coño; quería acomodarse en su calor y sentir su húmeda vagina rodeándolo. Levantó una de las piernas de Bella, adaptándola a su cadera.

Edward había salido de la habitación. Jacob no sabía dónde había ido.

Sinceramente, no le importaba, por el contrario deseaba disfrutar de su momento a solas con Bella. Encajó la polla contra su sexo, frotándola contra su clítoris, observando cómo se le desenfocaban los ojos. Ella le rodeó el cuello con los brazos y se elevó, deslizando su vagina sobre su pene y empalándose a sí misma.

— ¡Cristo! —murmuró al notar lo estrecha que era.

Ella se aferró a él, y comenzó a moverse arriba y abajo. Él le sujetó la pierna, le oprimió el culo con la otra mano y tomó impulso, deseando enterrarse profundamente en ella. Le gustaba mirarla, ver la expresión de su cara. Ella se mordió el labio inferior, concentrándose como si estuviera conteniendo su propio orgasmo, mientras se sostenía sobre sus hombros y echaba el cuerpo hacia atrás. Ahora él podía ver el movimiento de sus pechos y su clítoris cada vez que se elevaba. Tenía el coño hinchado y húmedo, y el aroma de su pasión impregnaba el aire en torno a ellos. Su cuerpo estaba bañado por la luz tenue de la habitación, enrojecido por el calor de sus movimientos. Tenía el pelo enmarañado alrededor del rostro y los labios hinchados de succionar y besarlo. Respiraba con dificultad, unos pequeños jadeos escapaban de sus labios mientras lo cabalgaba. A cada embestida de él, ella lanzaba un gemido desde lo más profundo de su garganta.

—Córrete para mí, Bella.

Deseaba que aquella experiencia fuera sólo de ellos dos, sin la presencia de Edward en la habitación. Sabía que era egoísta, pero le daba igual. En su interior empezó a surgir una sensación de urgencia, la necesidad de tener ése momento con ella.

Metió la mano entre sus cuerpos, le acarició el clítoris — ¡joder, estaba empapada!—, y esparció sus flujos sobre la protuberancia con movimientos suaves. Se le desorbitaron los ojos, se le abrió la boca y sobre su cara apareció una atormentada expresión de éxtasis puro. Le clavó las uñas en los hombros cuando él arremetió más fuerte y rápido con el pene, sintiendo que las paredes de la vagina le exprimían y que sus dulces líquidos se derramaban sobre sus testículos.

—Córrete, nena —susurró—. Hazlo por mí. Córrete en mi polla.

Ella tembló, clavó el coño contra su pelvis y lanzó un grito. Él notó que las contracciones lo cercaban y se contuvo todo lo que pudo. Quería verle la cara cuando se corriera. Y lo hizo; echó la cabeza hacia atrás y gritó al llegar al orgasmo, arañándole los hombros y los brazos. Él la sujetó con fuerza y entonces se dejó ir, arrojando un chorro caliente en su interior con un gemido. La incorporó y escondió la cara en su cuello mientras se estremecía por la intensidad de su clímax.

Jacob abrió los ojos. Edward estaba de pie en la entrada, con el pene en la mano, acariciándolo mientras los miraba.

—Bonito espectáculo.

Jacob se retiró y le dio la vuelta a Bella para quedar frente a Edward.

—Lo siento —dijo, aunque sus palabras carecían de sinceridad—. No podía esperar.

Edward se encogió de hombros y se apartó de la entrada.

—No te culpes. Si yo tuviera a Bella para mí solo durante unos minutos, tampoco te esperaría. Además, me gusta mirar.

Afectada todavía por los efectos secundarios del asombroso orgasmo que acababa de experimentar con Jacob, Bella miró con cautela a Edward, preguntándose si estaría enfadado por no haber sido incluido. Estaba tan concentrada en Jacob que ni siquiera se dio cuenta de que Edward había salido de la habitación.

Sin embargo, con la boca torcida en una semi sonrisa, no daba la sensación de estar molesto. Desde luego su miembro no parecía estar ofendido cuando se le acercó, descaradamente desnudo y erecto. Se detuvo frente a ella, le deslizó una mano por el cuello, acercó la cara a la suya, y le metió la lengua en la boca.

Caliente, mojado, posesivo, como exigiendo que se alejara de Jacob. Le devoró los labios con un beso seductor que hizo que su coño volviera a palpitar de deseo. Creía que era imposible volver a sentir deseo tan pronto, después del orgasmo que acababa de tener, pero así era, estaba preparada. Cuando Edward se apartó, ella respiraba con dificultad y tenía los pezones contraídos. Él le acarició la mejilla con el dorso de la mano; sus ojos azules estaban tan oscuros como una tormenta a punto de estallar y sin embargo, su voz fue suave, como si estuviera conteniendo con esfuerzo las riendas de su propia necesidad.

—Tenemos mucho tiempo para corrernos juntos esta noche, Bella. Aquí no hay lugar para los celos, de modo que no te inquietes, ¿de acuerdo?

—De acuerdo. —Relajó la tensión de los hombros y aceptó la mano que él le ofrecía.

—Vamos a tomarnos un pequeño descanso. ¿Qué tal una zambullida en el jacuzzi?

Ella asintió, agradecida por disponer de unos momentos para calmarse.

—Suena maravillosamente. —Estiró el cuello para ver si Jacob los seguía.

—Estaré allí dentro de un minuto —dijo él, pero se quedó en la entrada, viendo como salían Edward y ella.

El jardín de Edward estaba rodeado por una alta valla de madera, y no había vecinos cerca, de modo que nadie podía verlos. Sin embargo, era extraño salir al exterior completamente desnudos. E increíblemente liberador.

El aire nocturno seguía siendo muy caliente, y él vivía bastante lejos de la ciudad, de modo que las luces no impedían la visión de las estrellas en lo alto. Aquella era verdaderamente una noche mágica. El jacuzzi estaba construido sobre un saliente con vistas a la piscina, sobre la cual se derramaba una cascada que caía desde unas rocas de gran tamaño. En lugar del típico conjunto piscina-bañera, aquello parecía un oasis, con palmeras, arbustos y aves del paraíso junto al agua.

Un dosel de celosías blancas cubría el resto del jardín por detrás de la piscina, con buganvillas color rosa oscuro iluminadas por unos focos en el suelo.
—Esto es precioso.

—Gracias —dijo él, conduciéndola hacia el jacuzzi por un camino llano—. Suelo hacer muchas cosas fuera, porque me paso la mayor parte del día dentro de la clínica. Tardé bastante en montar todo esto.

— ¿Lo has hecho tú mismo?

Él se encogió de hombros al tiempo que se metía en el jacuzzi y le sostenía las dos manos mientras ella hacía equilibrios en el borde e introducía los pies. El agua estaba perfecta.

—Unos contratistas me echaron una mano con la piscina y el jacuzzi, pero fui yo quien lo diseñó todo. El jardín y la celosía los hice yo.

Ella mantuvo la mirada fija en él mientras se metía en el agua hasta el cuello.

—Estoy… sorprendida.

— ¿Por qué?

—Porque no pareces de esa clase de hombres.

Él se rió.

— ¿Por hacer qué? ¿Por construir algo con mis manos? ¿Por diseñar el jardín? ¿Por qué?

—No sé. No quería decir eso. —Se dio cuenta de que probablemente acababa de insultarlo. A lo que me refería es a que eres rico, tienes éxito, y estás muy bueno. Seguro que durante el día trabajas en la clínica y por las noches sales, recoges a una mujer y te la follas hasta saciarte. No es como si emplearas el tiempo en algo útil. ¡Vaya! A veces se preguntaba dónde tenía guardado su supuesto cerebro.

— ¡Ah! Creías que yo era sólo un hombre guapo e inútil.

Ella abrió mucho los ojos y estaba a punto de pronunciar una disculpa cuando se dio cuenta de que él se estaba riendo.

—No quería decirlo como si fuera un insulto. De verdad.

Él extendió los brazos por el borde exterior del jacuzzi.

—Lo sé. Por culpa de mi aspecto la mayoría de la gente cree que lo único que hago es salir, divertirme y joder. ¡Eh! Los tíos nos convertimos en estereotipos tanto como las mujeres.

A ella nunca se le había ocurrido eso. Probablemente la gente daba por supuestas muchas cosas sobre Edward Cullen. Ella sabía que lo había hecho.

 Volvió a tener la sensación de que desconocía mucho sobre él, partes que él mantenía ocultas. No era un libro abierto. Tal vez aquello formara parte de su atractivo. A las mujeres les gustaba descubrir misterios, y un hombre enigmático era diabólicamente fascinante. Pero bueno, la mayoría de las mujeres probablemente no iban más allá de su magnífica apariencia, de sus hipnóticos ojos y de su cuerpo de infarto.

Posiblemente ella sería culpable de lo mismo de no haber tenido la suerte de trabajar a su lado durante casi un año. Al menos ella conocía algo más de él, aparte del físico; sabía que era inteligente, cariñoso y divertido.

Y aún así, sabía muy poco sobre él.

O sobre Jacob, en realidad.

Y sin embargo había follado con los dos.

Por otra parte, ¿necesitaba de verdad disponer de una biografía detallada de ambos para tener sexo con ellos? A los hombres nunca les importaba el interior de una mujer antes de llevársela a la cama, de modo que, ¿por qué se preocupaba? Sabía que eran serios y prósperos.

Que eran honestos y de confianza. Al menos hasta ahora.

Hasta ahora el sexo había sido fantástico. No tenía nada de lo que quejarse.

—Estás sonriendo.

Alzó la vista hacia Jacob, que había conseguido acercarse sigilosamente a ella mientras estaba perdida en sus pensamientos.
— ¿Sí?

—Sí. Una sonrisa de satisfacción. —Se deslizó en el jacuzzi a su lado—. Espero que sea señal de que lo estás pasando bien.

—Así es. Muy bien.

— ¿Estás relajada ahora que has disfrutado de un pequeño respiro? —preguntó Edward.

Ella lo miró.

—Sí, mucho. Gracias a los dos por esta noche. Esto supera mis fantasías más descabelladas.

Edward enarcó una ceja.

— ¿Y cómo son tus fantasías, Bella?

—No tengo ninguna —barbotó ella.

— ¿Estás diciendo que no tienes sueños? ¡Venga ya! Todo el mundo los tiene.

Ella se encogió de hombros, notando que se ruborizaba y sabiendo que no tenía nada que ver con el agua caliente. Bajó la vista a las burbujas de espuma que cubrían la superficie.

—Tal vez.

Edward le alzó la barbilla y la obligó a mirarlo a los ojos.

—Me cuesta creer que vayas a sentir vergüenza con nosotros a estas alturas. Yo fantaseo a todas horas.

— ¿SÍ?

— ¡Demonios, sí! Me sacan de la rutina de todos los días. Y sé que Jacob también lo hace, ¿Verdad?

Ella miró a Jacob, quien asintió.

— ¿Qué tío normal no piensa en el sexo cada vez que puede? —admitió Jacob.

Ella se rió.

—Supongo que eso es cierto. Las mujeres también lo hacen. Mis amigas y yo hablamos mucho de sexo. —Si Edward y Jacob supieran el motivo por el que estaba allí… sí se enteraban de la apuesta que habían hecho Rose, Alice y ella…

—Cuéntanos tus fantasías cuando piensas en tener dos hombres, Bella. —Jacob estiró el brazo hacia atrás, sirvió una copa de champán frío y se la entregó. Ella bebió un sorbo del líquido cuyo frescor suponía un intenso contraste con el calor del interior del jacuzzi.

—Oh, no creo que sea capaz de hacerlo. —Un repentino ataque de timidez le atenazó la garganta. Hablar de fantasías con sus amigas era una cosa y otra muy distinta relatar sus más oscuros e íntimos deseos nocturnos a dos hombres. No podía hacerlo. De ninguna manera.

— ¿Cómo vamos a poder convertir tus sueños en realidad si no sabemos cuáles son? — Edward cogió una de las copas de champán, mirándola intensamente mientras bebía un largo y lento sorbo.

—No… puedo. —Mantuvo la mirada en la copa, acariciando el borde con la yema del dedo.

— ¿Por qué te acaricias a ti misma cuando piensas en ellos? ¿Por qué crees que nadie debe saber nada de ellos excepto tú? —preguntó Edward.

¡Dios, era persistente! Y su voz tan sensual, exigente e increíblemente seductora. Alzó la vista hacia él y el modo en que parecía estar sondeando los recovecos de su mente, le resultó casi doloroso. Fue demasiado para ella. Demasiado.

—Bella.

Ella giró su cabeza al oír la voz de Jacob, agradeciendo verse apartada de la intensa mirada escrutadora de Edward.

—No hagas nada que te haga sentir incómoda, pero francamente, me gustaría saber qué es lo que te excita, lo que hace que te pongas caliente y húmeda.

Jacob tenía algo; no sabía si era el modo de expresar las cosas o simplemente su modo de dirigirse a ella, que la hacía sentirse más cómoda para revelar cosas sobre sí misma. Incluso sus fantasías.

Sin embargo, tampoco era ella quien debía responder a todas las preguntas. Era hora de volver las tornas un poco.

— ¿Qué es lo que te excita a ti, Jacob? —Se puso al otro lado del jacuzzi para quedar frente a ambos—. ¿Y a ti, Edward? Me gustaría saber sobre qué giran vuestras fantasías. Habladme de los tríos que habéis experimentado juntos.

Los labios de Edward se curvaron, como si supiera lo que ella estaba haciendo.

—Me pongo cachondo al ver a una mujer excitada. Ver cómo te corres, por ejemplo.

Cuando estabas ahí con Jacob, cabalgando sobre su polla. La forma en que echaste la cabeza hacia atrás, abandonándote a la sensación. Cuando te dejaste llevar así y te corriste aquello fue excitante. Ésas eran mis fantasías contigo. Que toda aquella profesional, recatada y decente Bella
Swan se desmelenara y se convirtiera en una salvaje cuando la follaran. —Inclinó la copa y bebió otro largo sorbo de champán, como si hablar de las cosas que lo excitaban le resultara muy fácil. Lamentaba que para ella no lo fuera.

—Edward y yo sólo hemos llevado a cabo unos pocos tríos, y casi todos sucedieron porque estábamos completamente borrachos y terminamos juntos en la cama. Nada que estuviera planeado. Nada como ahora, contigo —dijo Jacob.

— ¿Los dos tenéis un plan conmigo? —preguntó ella, levantando una ceja.

Jacob se rió ligeramente.

—No es en realidad un plan. Sólo el deseo de complacerte.
—Bueno, ya lo habéis hecho.

—Oh, acabamos de empezar, Bella —intervino Edward, colocándose en el centro de la bañera y levantándose—. ¿Alguna vez te han lamido el coño dos hombres a la vez?

A ella se le volvió a secar la garganta e intentó tragar el gigantesco nudo que apareció de repente allí. Negó con la cabeza.

—Sécate y ve dentro. —Edward se dio media vuelta, salió y cogió unos albornoces que colgaban de una percha en la pared, justo detrás del jacuzzi. Extendió la mano y la sacó de la bañera, poniéndole encima uno de los largos albornoces de algodón. Jacob salió detrás y agarró la botella de champán; Edward se hizo cargo de las copas y se dirigieron a la casa.

Bella los siguió en silencio, preguntándose que nuevos acontecimientos le tenían reservados. La anticipación duplicó el calor de su cuerpo, aumentando la sensación de sus pezones al rozar la suave bata de algodón.

Edward la condujo por un largo pasillo débilmente iluminado, hasta llegar a una puerta de dos hojas que se abría a un espacioso dormitorio, provisto de una cama monumental como pieza central del mismo. Unos postigos blancos daban al cuarto una sensación de luminosidad a pesar de lo avanzado de la hora, y la cama y el armario de madera blanca, a juego, lo hacían parecer todavía más luminoso.

— ¿Cuánta gente duerme en esa cosa? —preguntó ella, contemplando con temor la cama y dándose cuenta después de lo que acababa de decir.

Idiota.

Pero Edward se echó a reír.

—Aquí no duerme nadie. Sólo yo. Me tumbo a mis anchas.

Gracias a Dios no se ofendía con facilidad.

—Lo siento. Es que es enorme.

—La mayoría de las mujeres dicen eso de mi polla —bromeó Edward.

Bella se echó a reír.

—Entonces habrá mucho espacio para nosotros tres —dijo Jacob, poniéndose detrás de ella y apartando el cuello del albornoz para depositarle un beso en el hombro. Ella se estremeció y se le contrajeron los pezones.

Edward se acercó, le desató el albornoz y se lo abrió para deslizar las manos en torno a su cintura.

— ¿Estás lo bastante caliente?

Ella asintió y él le quitó el albornoz del todo, luego le cogió las manos, la acompañó hasta la cama, y le dio la vuelta de modo que su trasero quedó contra el borde del colchón.

—-Justo ahí. Quiero que puedas mirar.

¿Mirar qué?

Jacob  se colocó al lado de Edward y entonces ella dejó de pensar en hacer preguntas cuando ambos dejaron caer sus batas, permitiendo que se diera un festín con sus cuerpos.

Hombro con hombro, eran un compendio de contrastes. Edward era más alto y delgado. Jacob más musculoso. Edward tenía el pene más largo. El de Jacob era más grueso. El aura que desprendía Edward era de peligrosa excitación, mientras que Jacob poseía un encanto sensual que a ella le parecía increíblemente atractivo.

¿Con cuál se quedaría? Si realmente se le presentara tal opción, no sabía a quién escogería.

Aunque era una pregunta interesante.

Ellos extendieron la mano hacia ella al mismo tiempo, y no pudo evitar el pequeño jadeo que escapó de sus labios con el primer contacto de sus manos sobre sus pechos.

Jacob se quedó quieto.

— ¿Pasa algo?

—No. ¡Por Dios, no! Por favor, tócame.

Era increíblemente erótico tenerlos a ambos acariciándole la piel, sin saber donde la iban a tocar después. Aquello era un examen sensual de la cabeza a los pies, una exploración íntima de cada centímetro de su cuerpo. Jacob le apartó el pelo para besarle el cuello, mientras Edward le frotaba los pezones con el pulgar. Jacob deslizó una mano por su brazo y luego por la cadera, y Edward trazó una línea ascendente, apenas perceptible, con la yema de un dedo.

Una explosión de sensaciones se formó dentro de ella. Manos y bocas por todo su cuerpo, besándole la oreja, lamiendo sus pezones, acariciándole la espalda, ahuecándose en su sexo.

Gimió, y Edward se apoderó de su boca, sumergiendo la lengua en ella al mismo que tiempo que un dedo —no sabía ni siquiera de quién—, se deslizaba en el interior de su vagina con movimientos lentos y deliberados. Sintió salir la inundación de cálida humedad. Sintió como la humedad se deslizaba fuera de ella, a la vez que la vibrante necesidad de la excitación sexual iba creciendo como una llama en su vientre.

—Separa las piernas, Bella —susurró Jacob en su oído, deslizándose luego por su cuerpo, hasta quedar de rodillas ante ella.

—Observa —dijo Edward, separando la boca de la suya, para luego besar la curva de sus pechos, lamiéndole los pezones, el estómago y seguir bajando hasta que también él estuvo de rodillas, hombro con hombro, junto a Jacob.

— ¡Oh, Dios! —Cuando Edward recostó la cabeza entre sus piernas y sacó la lengua para lamer lenta y pausadamente su clítoris dilatado, se agarró al alto poste blanco de la cama para sostenerse. Estuvo a punto de caer a causa del calor y la humedad mientras él se movía a lo largo de su sensibilizada piel, pero se aferró al poste y se sujetó, mordiéndose el labio inferior, mientras miraba lo que le estaba haciendo.

Bebió de ella como un gatito lamiendo leche, a la vez que trazaba lentos círculos alrededor de su clítoris. ¡Oh, sí! Así era exactamente como le gustaba. Justo cuando empezaba a sentir las espirales del éxtasis envolviéndola, él se echó hacia atrás y Jacob ocupó su lugar, cubriendo por completo el montículo y succionándole el clítoris entre los dientes. La sensación era distinta de la que le había provocado Edward, había sido tan erótico verlo succionar de ese modo su clítoris.

Se asió a la cama como si fuera un salvavidas, y miró a aquellos dos hombres, mientras ellos se turnaban para lamerla, llevándola cada vez más cerca del orgasmo que necesitaba con la misma desesperación que un adicto su siguiente dosis. En ese instante se sentía como una adicta.

Necesitada de esas sensaciones, de que aquel placer desesperante continuara sin cesar, y de ese escenario, perverso e inmoral que habían preparado para ella. Le parecía que era una reina a quien sus hombres rendían honores, y aquello le gustaba, le encantaba, y no quería que acabara nunca.

Pero la tensión creció, su resbaladizo y caliente núcleo se derritió bajo sus lenguas. Se arqueó contra sus caras cuando el torbellino empezó a dar vueltas sin control, gimiendo en voz alta, sin importarle ya exigir a gritos lo que podían proporcionarle. Tenían los rostros húmedos, cubiertos con su flujo, y aquello la excitó incluso más, al saber que se trataba de su propia humedad. Una parte de ella quería caer al suelo para lamer de sus caras el rocío de su propio cuerpo. Se sentía salvaje y completamente fuera de control.

Edward le introdujo dos dedos en el coño y los empujó con fuerza. Ella estuvo a punto de echarse a llorar de placer, y casi gritó de desesperación cuando los sacó.

—Shhh, nena, está bien —dijo él.

Después movió los dedos detrás de ella, le separó las nalgas y le humedeció el ano con su propia esencia. Jacob le aspiró el clítoris y deslizó los dedos dentro del coño, reparando así la sensación de pérdida con sus gruesos dedos y follando su vagina mientras Edward le excitaba el ano con los suyos.
¡Oh! Estas sensaciones eran nuevas y totalmente increíbles.

— ¿Qué estás haciendo? —le preguntó a Edward en un susurro.

—Voy a joderte el culo con el dedo —respondió él, manteniendo los ojos fijos en los suyos mientras le separaba las nalgas con una mano y deslizaba un dedo entre la barrera apretada de su ano.
Jacob movió los dedos hacia arriba y hacia abajo, y le lamió el clítoris con lengüetazos deliciosamente lentos y perversos. Ella gritó de placer cuando el dedo de Edward invadió su ano.

Aquella fiera invasión de sus orificios por parte de aquellos dos hombres, era su sueño, su fantasía.

—Sí, Edward, Fóllame ahí —pidió ella; su ano aferró su dedo cuando lo introdujo por completo. Bajó la vista hacia Jacob, observando cómo trazaba círculos alrededor de su clítoris con la lengua, como lo aspiraba entre sus labios y vio lo empapada que estaba su mano.

—Quiero correrme —sollozó, empujando las caderas contra los dedos invasores al sentir las tensas espirales de deseo a punto de estallar.

Jacob en ese momento la estaba excitando con la lengua, con movimientos tan rápidos que explotó contra su boca con un grito, clavando las uñas en el poste de madera. Su coño y su ano se contrajeron en torno a los dedos y el flujo se derramó por sus piernas, presa de un orgasmo tan potente que cayó sobre la cama, temblando.

Permaneció allí tumbada durante largo rato, sin importarle que ellos sacaran los dedos y abandonaran momentáneamente la habitación. Durante un buen rato continuó experimentando diminutas réplicas del orgasmo inicial, y sonrió.

— ¡Guau! —susurró, sin dirigirse a nadie en especial.

—Lo mismo digo.

Abrió los ojos y vio a Jacob de pie sobre ella, sonriendo de oreja a oreja. Quería devolverle lo que él le había dado. Él y Edward, los dos. Dios, debía de haber sido el orgasmo más maravilloso de su vida. Cuando Edward se puso a su lado, los miró a ambos y entendió el significado de la expresión "rabiosamente duro". Ambos estaban dolorosamente empalmados.

Aquella escena había sido montada única y exclusivamente para su disfrute, cosa que nunca antes había experimentado.

Con Edward no, desde luego. Le sorprendía que hubiera hombres dispuestos a retrasar su propia liberación para darle placer a ella.


Bella tenía mucho que aprender sobre el sexo. Y era una estudiante muy impaciente.
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Bueno, bueno, esta historia se pone cada día mas explosiva, esta adaptación es así, me lo advirtió Krizia desde el principio, lo único que les pido a las chicas de menos de 18 años que este tipo de lectura y esta historia en especial no es para ustedes, así que por favor no la lean.

Agradecemos nuevamente el trabajo de Krizia y le demos nuestras sinceras felicitaciones a través de nuestros comentarios.

Ahora las dejo que me tengo que dar una ducha MUY FRÍA....jajaja

¡¡COMENTEN QUIERO SABER QUE LES PARECE LA HISTORIA!!

11 comentarios:

Sissy dijo...

Ji Ji Ji...
Me toca ser la primera y me causa bastante gracia.
Chicas, conste que yo avisé que:
-Compraran hielos. Iban a necesitar enfriarse y una ducha no iba ayer suficiente. Los hielos eran para una tina y meterse ahí hasta que se pasará la calentura.
-Comprarán cigarrillos. Para fumarlos en la hielera improvisada y descargar el estrés post... ;)
-Tuvieran a mano el número de la Cruz Roja. Porque quizá alguna iba a necesitarlo de la taquicardia provocada por esta lectura. Ojalá les toque un paramédico guapo.

Y bueno, no lo mencioné, pero a las casadas, tener al marido a la mano para "desahogar" la inspiración que el capítulo de la adaptación de Krizia les dejó.

Besitos a todas y ojalá no lo hayan leído algunas de ustedes en el trabajo o en la universidad porque ya me imagino las complicaciones que les causó su imaginación.

Ja ja ja ja ja ja ja ja ja... !

Sissy

maty dijo...

wow!!! krizia estos capitulo mira que una ya sabe mas o menos lo que va a leer y las complicaciones que tendremos jajajja pero me sigue dejando anonadada lo que leo jajja lo leí ayer pero comprenderás que tenia algo primordial que hacer antes de dejar el comentario jajja asi k lo dejo hasta hoy jajaj esta historia esta cada vez mas buena y esta noche para ellos es eterna y con infinidad de cosas por hacer jajaja y nosotras por leer jajja

feliz con tu adaptacion krizia y con ancias de leer el proximo capuitula para saber que mas sorpresas le tiene jacob y edward a bella... x k yo como bella me dejaria hacer lo que quiisieran jajaja

saludos
maty

Bell.mary dijo...

Uffffffff calor, calor, Madre mía pero que capitulo tan candente y como dijo Sissy definitivamente no bastaba una ducha fría jejeje lo bueno de las que estamos casadas es que terminas de leer arrojas la tablet a la mesita de noche y a desahogar y porque no hasta experimentar cosas nuevas digo con tantas ideas jajajaja así que como dice Matty primero lo que teníamos que hacer, y ahora ya con mas calma y con el pulso mas tranquilo a comentar....
Krizzia te ha quedado espectacular el capitulo, bien merecido se lo tenia Bella digo después del marido que tuvo ya le tocaba gozar de lo lindo, y mira que valió la pena, mas con tremendos bombones, ahora a esperar que mas seguirá en esta noche tan maravillosa para ella, porque sin duda no ha terminado....lo bueno que nos lo das poco a poco Krizzia porque sino nos da un ataque al corazón jejejejeje
Gracias nena y habrá que estar preparadas para cuando haya actualización de Perversa, digo mas vale prevenir que luego congelarse por la ducha fría jejejeje
Besitos

Camilaloto dijo...

Esos apuntes de Sissy estuvieron al punto, y si luego de la lectura si tienes tu esposo a la mano para darle un gran sacudón, aprovechemos! jajajaja

Camilaloto dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Camilaloto dijo...

Esos apuntes de Sissy estuvieron al punto, y si luego de la lectura si tienes tu esposo a la mano para darle un gran sacudón, aprovechemos! jajajaja

Camilaloto dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

¡¡¡QUE TREMENDOOOO!!!

Llevas toda la razón del mundo Sissy, A poco y no tengo que llamar a la cruz roja, jajajaja, Pero a sido estupendo dejarse ir, y pensar en que maravilla que nos pudiera pasar una cosa asi, ¡o no! yo os aseguro que, esa es la fantasía maaaas estupenda, que pudiéramos soñar, por que aunque es dura y fuerte de leer, esta pensada y preparada, para que sea lo mas dulce y finamente posible, pensada para el puro placer de ella, ooooh!!! Chicas, esa fantasía, ya la quisiera yo para mi, pero con esos dos genios del sexo, otros no me sirven, jejeje.
Mi enhorabuena, y admiración para nuestra querida Krizia, esperando ya el próximo cap. para ver como termina "la juerga"
ABRAZOS PARA TODAS.

Anónimo dijo...

AAAAG! Ya me paso como la vez anterior, jejeje,
Soy F.P.

krizia cullen dijo...

Gracias chicas por acordaros de comentar jajajaj si es mi fantasía también , pero quiero a los mismos dos hombres de protagonistas ains que calor solo de pensarlo.

Anónimo dijo...

Wow wow wow después de leer este capi no se que mas decir jeje.La verdad que fue superhiperhot pero a la vez con una pluma muy elegante,de veras que me encantó Krizia.Esos dos hombres tan estupendos cada uno con su estilo y esencia,y lo bien que tratan a Bella siempre pensando en su bienestar y disfrute...la verdad que si llegado el momento tiene que elegir a uno de ellos no se que pasara...son adorables estos chicos. Besos desde España.Maria del Mar