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lunes, 17 de marzo de 2014

Salvaje, Perversa y Atrevida- Capitulo 5



Tres amigas…tres deseos secretos…tres oportunidades para hacerlos realidad.

Son tres amigas inseparables que se deleitan compartiendo sus aventuras y secretos.

Pero su última apuesta será la más arriesgada de todas: cada una debe acostarse con cualquier hombre que las otras dos escojan para ella… y luego relatar todos y cada uno de los jugosos detalles.

Capítulo 5
Solo mayores de 18


 Adaptacion de Krizia Cullen

Cuando Edward la inclinó sobre su brazo, le pareció que era la protagonista de una película romántica y por fin entendió el significado de la palabra desvanecimiento. Caramba, aquello era condenadamente romántico. Y ardiente, cuando su lengua le presionó los labios con insistencia, invadiendo todos los recovecos de su boca. Aquello no les pasaba a personas como ella.

Edward era demasiado para sus sentidos, y sólo el hecho de que la mantuviera contra sí, era suficiente para producirle una sobrecarga. Sentir su mano entre el pelo, su insistente boca sobre la suya, su lengua entrando y saliendo como si le estuviera follando la boca, como una tentación, una promesa del sexo grandioso que estaba por llegar. Era una suerte que la estuviera sosteniendo, porque le temblaban las piernas. ¿Cuándo fue la última vez que la besaron así?

¡Maldición, nunca la habían besado de esa forma! Le dieron ganas de buscar a Mike y darle de patadas por todas sus carencias. Se sujetó a los brazos de Edward, sintiendo su fuerza y su calor, y le entraron ganas de desnudarlo allí mismo, en la terraza y explorar cada centímetro de él con la lengua.

Se estremeció cuando su otra mano comenzó a moverse a lo largo de su pierna, deslizándose muslo arriba, subiendo poco a poco el vestido. Su sexo tembló de necesidad. La conmoción se mezcló con el deseo y no supo si tenía que detenerlo o separar más las piernas, suplicándole que le hiciera el amor allí mismo.

Pero él la incorporó y apartó la boca, rompiendo el hechizo. Estaba mareada, desorientada y condenadamente excitada.

—Lo siento —dijo con la voz ronca por el deseo—. Por un segundo he perdido el control.

Es mejor que paremos antes de que acabe con los dedos dentro de ti.

Ella se estremeció y permitió que sus ojos se cerraran durante un instante, dándole vueltas a esa imagen. ¿Tan malo sería? La realidad se había desvanecido y en ese momento ella se encontraba en un mundo de fantasía.

 Por supuesto, tenía que ser él quien pensara con lógica.

Cogió aire y lo soltó para aclararse la cabeza. Se imaginó el aspecto que debía de tener con el pelo revuelto por sus caricias y los labios hinchados por sus besos.

De acuerdo, había llegado el momento de recuperar el control. Miró hacia abajo, sus ojos se posaron en su magnífico portento que se perfilaba contra sus pantalones. ¡Santo Dios, era enorme!

Se acabó lo de recuperar el control.

—Lo siento. Yo también me he dejado llevar durante unos segundos. —Levantó la mano e intentó colocarse el pelo.

Él extendió la mano y se lo alisó.

—Estás preciosa. —Lanzó un suspiro—. ¡Maldita sea, Bella, estoy deseando echarte un polvo!

Su corazón se saltó un latido. ¿Cómo se suponía que tenía que responder a eso? Con sinceridad, probablemente. ¿Acaso no era eso lo que quería? Debería decirle a Edward que aquello era exactamente lo que deseaba, porque así era. Tenía el coño húmedo y ansioso por tener sus dedos, su boca y su polla encima y dentro de ella.

— ¡Eh! ¿Habéis empezado sin mí?

Ella se giró al oír la voz de Jacob. Él salió a la terraza con una camarera siguiéndolo. Esta llevaba una bandeja con copas de champán y una botella.

 Jacob cogió la botella y las tres copas y luego le guiñó un ojo a la camarera.

—Cierra la puerta al salir, Cin.

—Claro, señor Black.

Jacob se volvió hacia ellos.

—Bueno, ¿qué me he perdido? —Sirvió el champán y le entregó una copa a Bella. Ella la aceptó con mano temblorosa y dio un buen trago.

—No mucho —respondió Edward—. Bella sabe bien. Al menos su boca.

¡Ay, Dios! Iba a estallar en llamas directamente allí, en la terraza. ¿La gente que había dentro se daría cuenta, a través de las cortinas, de que se estaba produciendo una hoguera?

— ¿De verdad? —Jacob depositó su copa en la cornisa y le quitó a Bella la suya, entregándosela a Edward. Colocó la palma de la mano sobre el cuello de Bella—. Me parece que yo también necesito probar. ¿Puedo?

Oh sí. Iba a explotar. Ya mismo. Pero primero iba a besar a Jacob.

—Sí. Definitivamente sí.

Su beso era más suave que el de Edward. Al menos al principio. Aplicó tentativamente una suave presión a sus labios, luego la atrajo más cerca, rodeándole la nuca con los dedos y envolviéndole la cintura con el otro brazo, atrayéndola hacia su musculoso cuerpo. Ella notó su pene, endurecido e insistente, moviéndose contra su sexo, tocándole el clítoris. En su interior empezaron a originarse explosiones. Cuando la lengua de él toco la suya, fue como si un relámpago atravesara su cuerpo. Gimió contra su boca, y él le devolvió el gemido, lamiéndole la lengua como si estuviera hambriento. La sensualidad del beso era como el agua para una mujer sedienta. Lo anhelaba como a nada en su vida. Donde Edward era fuego repentino y pasión, Jacob era persuasión y tormento, como ir ascendiendo lentamente hacia el éxtasis.

Aquellos hombres la estaban volviendo loca.

Cuando él se apartó y sonrió, Bella se sujetó a la barandilla para sostenerse. Jacob recuperó su copa y se la entregó.

—Ahora ya me he puesto al día —dijo él.

— ¡Mierda! Me estoy excitando sólo de verlos. —Rose se desplazó hacia el rincón y se volvió a Alice, cuya mirada ambarina era de asombro. Soltaron la cortina.

—Chica, tú y yo, las dos. Esta noche voy a necesitar dosis doble de vibrador. ¿Bella es la mujer con más suerte del mundo, no?

—Me gustaría saber por qué no se los tira a los dos ahora mismo.

Alice puso los ojos en blanco.

—Vamos, Rose. Ese no es el estilo de Bella y lo sabes. No le va el sexo en público. — Alice se estremeció, deseando ser ella quien estuviera en la terraza con aquellos dos hombres. La idea de hacerlo a la vista de la gente la ponía tan caliente que era capaz de tener un orgasmo allí mismo, en el salón de baile.

Rose frunció los labios.

—De acuerdo, tienes razón. Pero yo digo que nuestra chica va bien encaminada para tener un buen ménage a trois esta noche —suspiró Rose—. ¡Ay, quien fuera una mosca en la pared para poder verlo!

A Alice le pareció que la habitación se cerraba a su alrededor; el calor y su libido se encendieron hasta extremos febriles.

—O sea, que te gustaría observar.

Rose se encogió de hombros.

—Puede que sí y puede que no. ¿Pero a quién no le gustaría ver con detalle la clase de diversión que va a disfrutar Bella esta noche?

Alice vendería su alma por presenciarlo. Pero claro, aquello era lo que más les gustaba hacer a los mirones. Y ni siquiera sus dos mejores amigas conocían sus secretos más íntimos e inconfesables. Existían algunas cosas de las que una no hablaba, ni siquiera con sus amigas. Iba a fantasear con aquello esa noche, poniéndose en el lugar de Bella, ahí plantada en la terraza. Sin embargo, ella no se detendría en un simple beso.

Cuando llegara el momento de follar, Alice lo haría a plena vista. Porque no sólo le gustaba ver a los demás practicando sexo. También se excitaba ante la idea de tenerlo ella con gente mirando.

—No puedo esperar a que pase este fin de semana para tener el informe de Bella —dijo Rose, cogiendo un trozo de fruta de su plato—. Me pregunto hasta que punto serán pervertidos Edward y  Jacob.

— ¿Te refieres a que si les va la sodomía, los azotes y cosas así?

La cara de Rose se enrojeció. Se encogió de hombros.

— ¡Eh! Con algunas personas nunca se sabe.

Alice sonrió. Con otras se sabía instintivamente qué era lo que las encendía.

Como a Rose, quien proclamaba que le gustaba llevar el mando, quien mandaba a paseo a todos los hombres que se relacionaban con ella. Sin embargo Alice apostaría un millón de dólares a que lo que Rose necesitaba era al hombre adecuado que eliminara de un plumazo su dominio.

—No —reflexionó Alice—, con algunas personas nunca se sabe.

—De modo que, ¿brindamos por esta noche? —le preguntó Edward a Bella, levantando su copa.

¿Brindar? ¡Oh, sí! Brindaría toda la noche, hasta acabar ardiendo y chispeando.

—Claro.

—Por todo lo que quieras, Bella. Cualquier cosa que desees — dijo Jacob.

—Brindo por eso —añadió Edward.

—Por vosotros dos. Gracias por todo esto. Ni siquiera sé qué decir. —De modo que bebió un largo trago de champán, con la esperanza de que se le ocurrieran las palabras capaces de expresar lo que sentía. Por desgracia, lo único que fue capaz de hacer fue deleitarse ante la visión de los dos hombres espectaculares que acababan de besarla, que era evidente que la deseaban. Y ella no tenía la menor pista de cuál debería ser el siguiente paso.

Pensó en Rose y en Alice, en lo que ellas le aconsejarían que hiciera en ese momento, y deseó que aparecieran de repente para sostenerle la mano. Pero no iban a hacer tal cosa. Había llegado el momento de levantarse sola y de ir en busca de lo que quería. Era una mujer adulta y tenía necesidades. Era hora de plantarse y ver en qué dirección la llevaba el viento.

— ¿Por qué no te limitas a decirnos que te gustaría que ocurriera a continuación? —Sugirió Jacob—. Podemos pasarnos toda la noche aquí fuera.

Bailar y divertirnos con todos, y pasar un buen rato.

—O podemos escabullimos y tener una fiesta privada —propuso Edward, apoyándose contra la barandilla, con una ardiente mirada de reojo que la abrasó por dentro.

Jacob se aclaró la garganta.

—Con uno de nosotros o con los dos. La elección es tuya, Bella.

—Creo que es plenamente consciente de cuáles son sus opciones —contestó Edward—. Es Bella quien decide lo que desea. Todos los presentes somos adultos, y tanto Jacob como yo podemos soportar que elijas. Si quieres estar sólo con uno de nosotros, perfecto. ¡Eh! Si no nos quieres a ninguno, perfecto también. De modo que, ¿qué deseas, Bella?

Ella los miró a ambos, tan diferentes de tantas maneras, y supo que lo iba a lamentar toda la vida si no aceptaba lo que le ofrecían.

—Voy a ser sincera. Nunca he hecho nada parecido. —Se miró los zapatos, el vestido, la persona que no era, y se sintió temblar a causa del nerviosismo que la estremecía por dentro.

Mike se reiría de ella si la viera ahora, atormentada por la indecisión.

¡Vete a la mierda, Mike! Levantó la cabeza y los miró a ambos a los ojos.

—Lo que quisiera es salir de aquí sin llamar demasiado la atención y pasar un rato a solas.

Con vosotros dos. Lo que pase después de eso… bueno, iremos paso a paso.

Edward enarcó una ceja y asintió. Jacob sonrió y dijo:
—Entonces eso es lo que haremos. Vamos, volvamos al baile un ratito y luego nos escapamos.

Ella suspiró de alivio y los siguió dentro, localizó a Rose y a Alice, y se disculpó cuando la arrastraron al servicio de señoras.

— ¿Y bien? —preguntó Rose en cuanto se aseguró de que estaban solas.

—Les he dicho que quería marcharme con ellos. —Dios, no podía creer que lo hubiera hecho, pero así era. Iba a hacer un trío con Edward y con Jacob.

Alice chilló.

— ¡Vas a pasártelo muy bien! ¡Y no puedo esperar a oír todos los sórdidos detalles!

—Apúntalo si es necesario. ¿Quieres mi bolígrafo y algo de papel? —añadió Rose.

Bella puso los ojos en blanco, agradeciendo que las bromas de sus amigas eliminaran algo de la tensión que le crispaba los nervios.

—No, gracias. Creo que voy a tener recuerdos lo bastante intensos como para que me duren toda la vida. —Se le desvaneció la sonrisa y las agarró de las manos—. No puedo creer que esté haciendo esto. ¿Podré hacerlo? —Se sintió mareada.
—Claro que podrás —dijo Rose—. Lo necesitas, y lo que es más importante, cariño, te lo mereces. Ahora ve a divertirte y a tener sexo sin parar.

Jacob observó a Bella y a sus amigas dirigiéndose al servicio de señoras.

—Ya sabes que van a hablar de nosotros —dijo Edward.

—Por supuesto. —Miró a Edward—. ¿No creerás que vayan a intentar hacer que cambie de idea, verdad?

Edward se rió.

—Lo dudo. Vi la sonrisa que tenían en sus caras cuando echaron un vistazo a través de las cortinas, mientras nosotros estábamos en la terraza. Para empezar, yo diría que su contribución fue decisiva para que Bella aceptara esto.

— ¡Ah! Bueno, eso está bien. —Conservó la mirada fija en la puerta del cuarto de baño, como si temiera que Bella fuera a salir de allí en cualquier momento, para dirigirse a la salida más próxima—. En cualquier caso, ¿cómo vamos a hacer esto?

—Igual que con cualquiera de las mujeres que hemos compartido anteriormente.

Jacob frunció el ceño.

—Bella no es como cualquier otra mujer que hayamos compartido, Edward. Lo sabes. Ella es… distinta.

—Sientes algo por ella, ¿verdad?

— ¿Algo?

Edward puso una ancha sonrisa.

—Sí. Algo. Y no finjas que no sabes de qué estoy hablando.

—No siento nada por ella. Lo único que sucede es que no quiero verla sufrir.

—No creo que Bella vea esto como un romance normal, floreciendo ante sus ojos. Lo que busca es un poco de buen sexo, y aquí lo tiene. Está tan condenadamente tensa que apuesto a que es capaz de disfrutar de dos docenas de orgasmos. De modo que se los daremos.

Esa idea le hizo sonreír de oreja a oreja. Jacob tenía ganas de hacer que se corriera. Muchas veces.

—Eso vamos a hacer.

Edward le dio una palmada en el hombro.

—Así es que deja de preocuparte. Seremos amables y delicados. Y dejaremos que ella lleve la iniciativa. Y pasará buenos momentos. Y cuando se acabe, se acabó.

—Tienes razón. Sabe lo que está haciendo.

— ¿Tu casa o la mía?

—Me da igual. —Desde luego las mujeres se pasaban un montón de tiempo en el cuarto de baño. ¿Estaban urdiendo un plan de batalla? Siempre se preguntaba de qué hablarían.

—Jacob. ¿Estás prestando atención?

— ¿Qué? Oh. No me importa. La tuya está bien.

—De acuerdo. Voy a despedirme y a irme a casa para preparar las cosas. ¿Por qué no traes tú a Bella?

—-Eso haré. Te veo dentro de un rato. —Apartó la mirada de la puerta del servicio de mujeres y volvió a la fiesta. Dios, estaba prácticamente acosándola. Era patético.

Lo último que necesitaba era involucrarse con Bella, Edward tenía razón; cuando el sexo hubiera acabado, irían por caminos separados.

Era mejor así. Ella tenía su vida y acababa de empezar. Él tenía la suya y no estaba dispuesto a volver a complicársela.
Divertirse y follar. Eso era todo. Y por la forma en que se le tensó el pene ante la idea de despojarla del vestido que se ajustaba tan pecaminosamente a su cuerpo, estaba listo para ambas cosas. Ahora mismo.

Cuando Jacob entró en el camino circular que había delante de la extensa casa de una planta, Bella experimentó un acceso de pánico. De acuerdo, era posible que hubiera dejado unos buenos arañazos en el cuero del coche de Jacob. Y quizá estuviera a punto de hiperventilarse por culpa de su agitada respiración.

De modo que tal vez su acceso de pánico se prolongara algo más que un instante.

Jacob le oprimió la mano, atrayendo su atención.

—La palabra no, da buen resultado tanto con Edward como conmigo, Bella.

 Utilízala esta noche, siempre que quieras, y todo se detendrá.

Ella soltó el aire y asintió.

—Lo siento. Como he dicho antes, nunca he hecho esto.

Él se inclinó y la besó, robándole el aliento de una forma completamente distinta. Se dejó caer contra el respaldo y se regaló a sí misma las sensaciones de sus labios y su lengua moviéndose contra la suya, y de la forma en la que le rodeaba el cuello y la sostenía como manteniéndola a salvo. La tensión desapareció.

—Vamos a hacer que disfrutes, nena —murmuró él contra sus labios.

Ella se estremeció, dando vía libre al deseo y eliminando cualquier otro pensamiento.

Extendió la mano y le acarició la mejilla, con un tembloroso suspiro.

—Lo sé.

Él rodeó el coche y le abrió la puerta, la ayudó a salir y la acompañó hasta la puerta principal, que estaba ya abierta. Ella entró, intimidada por la belleza de la casa de Edward.
Las baldosas del suelo eran oscuras y varoniles, parecidas al hombre que vivía allí. La recibieron dos setters irlandeses, quienes, cuando Jacob les ordenó que se sentaran, se pararon y se sentaron obedientemente.

—Estos son Sal y Pimienta —dijo, presentándoselos.

Bella los acarició a ambos, enredando los dedos en su sedoso pelo.

—Son preciosos.

— ¡Eh! Me alegra ver que no has abandonado el camino a la perdición —bromeó Edward, apareciendo en la entrada.

Se había despojado de la chaqueta y de la corbata, y se había soltado un par de botones de la camisa. El vello claro asomaba por encima de ésta, y aquella sombra de pelo y piel hizo que a ella se le hiciera la boca agua.

—Entra y siéntate, mientras yo me ocupo de las bebidas. Jacob, quítate la chaqueta y la corbata. Pareces un corredor de bolsa.

Jacob resopló. Los perros se fueron al patio de atrás por una solapa que había en la puerta.

Bella siguió a Edward hasta una espaciosa sala de estar, amueblada con unos sofás y sillones de cuero de aspecto muy cómodo, un equipo de música lo bastante potente como para romperle los tímpanos a cualquiera, y una televisión de pantalla gigante, colgada en una de las paredes. Detrás de la puerta corredera de cristal, había una piscina de tamaño olímpico, muy bien iluminada.

—Esto es precioso —dijo, sentándose en uno de los sofás y quitándose los zapatos que le empezaban a hacer daño en los pies. Resistió el impulso de gemir de alivio.

—Gracias. ¿Qué te apetece beber?

—Me gustaría algo con ron.

—Hecho. Jacob, pon algo de música.

Jacob puso algo lento y con ritmo de jazz. Bella recogió las piernas y se puso cómoda en una esquina del sofá, sintiéndose extrañamente tranquila.

 Sucedería lo que tuviera que suceder.

Incluso puede que no pasara nada. Tenía el presentimiento de que aunque lo único que hicieran fuera charlar y tomarse un par de cócteles, y luego ella dijera que quería irse a su casa, a ambos les parecería bien.

Aquello fue suficiente para hacer que se relajara. Edward le trajo su bebida y la depositó en un posavasos, sobre la mesa que estaba junto al sofá, luego tomó asiento en el sillón de cuero, a su lado. Jacob se derrumbó en el cojín central del sofá, echó la cabeza hacia atrás, cerró los ojos y bebió un trago de su bebida.

— ¿Esta ha sido la semana más larga del mundo o algo así? —preguntó.

—Eso parece —contestó Edward, recostándose en su sillón y estirando las piernas—. Esta semana debo de haber hecho quince cirugías y ninguna de ellas ha sido sencilla. —Lanzó un largo y lento suspiro.

Bella los miró a los dos. Todo aquello tenía aspecto de ser tan… normal. No estaba segura de lo que esperaba cuando se metió en aquello. ¿Ser tomada de inmediato, tal vez? Desde luego esto no. Sonrió y bebió unos sorbos, sintiéndose más segura con la decisión que había tomado.

Ellos estaban haciendo aquello en beneficio suyo, para relajarla, y ella lo sabía.

— ¿Cuáles son tus proyectos ahora que has acabado los estudios, Bella? —preguntó Jacob.

—Mmm, no estoy segura. Empezar a ejercer en algún sitio.

— ¡Oh, se me parte el corazón! Más competencia —bromeó Edward.

—No creo que tengáis que preocuparos por mí —dijo Bella.

—Famosas últimas palabras. —Edward se terminó la bebida y señaló su copa al levantarse—. ¿Otra copa?
Ella bebió otro sorbo de su cóctel, lo depositó sobre la mesa y se levantó para quedar frente a Edward. Ellos le habían permitido ir a su ritmo durante toda la noche, y lo sabía. Si tenía que suceder algo, iba a ser ella quien diera el primer paso.

—Creo que ya hemos hablado bastante por esta noche, ¿verdad?

Aunque tenía el corazón desbocado, se volvió hacia Jacob y le ofreció la mano. Él la aceptó y ella dio un ligero tirón para que se levantara.

—Estoy caliente, relajada, y me gustaría terminar con lo que empezamos los tres en la terraza del club —dijo, al quedar frente a ellos.

La forma en la que ahora tenía su atención, le hizo la boca agua. Jacob arqueó una ceja y Edward le dirigió una sonrisa perezosa.

Limítate a decirlo, Bella. Antes de que pierdas el valor. Aquella era su oportunidad de vivir todas y cada una de las fantasías con las que siempre se había masturbado.


—La verdad es que me gustaría que ambos me desnudarais.

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Chikas ya lo saben esta historia es solo para mayores, dicho esto. ¡Gracias Krizia!

¡Que buen Fic!

10 comentarios:

Sissy dijo...

Fuego!
Fuego!
Fuego!
Dios! Me voy a quemar con tanto calor! Ja ja ja!
Ay, Krizia! Las que pensaban que Fifty Shades lo era todo, están descubriendo que para nada, verdad?
Ja ja ja!
Besos guapa. Vas a provocar que termine buscando un cigarrillo con desesperación uno de estos capítulos, verdad?
Ciao!
Sissy

coka dijo...

Pues que quieres que te diga Krizia, me encanta tu historia, me gusto desde el principio y ya sabes no pude parar hasta el final, jajaja
Ojala que no las pille solas esta capitulo porque, tendrán que poner hielo en sus bragas, jajaja..
Muy bueno Krizia, muy bueno de verdad!!!!

maty dijo...

santo por dios krizia k grocera nos dejaste en lo mas bueno.... el sueño de cualkiera con esos dos bombones... bueno el mio si jiji creo k ya me entraron los calores mi oficina me esta sofocando jajaja .... krizia me encanta tu adaptacion es tan salvaje, perversa y atrevida jajaja

espero que el proximo capitulo no tarde tanto mira k estoy en shok por saber k pasa.. de solo imaginar k le hacen o les hace... santo por dios mi mente perversa empieza a volar jajja..

saludos krizia es un gusto leerte y gracias coka por publicar

maty

isabel montes dijo...

Wowww tremendo capitulo!!! Krissia esta adaptacion esta muy candente... sera esperar al proximo cap para ver si ella se atreve. Quedo con la intriga.

rebeca ortiz dijo...

omg. mujer escribes fenomenal, no puedo creer como me he puesto despues de leer este capitulo, realmente Bella es una suertuda y tener a ese par de bombones satisfaciendo sus mas oscurillas fantacias.... muy interesante.... porfa muñeca que el siguiente capitulo no se demore que nos morimos de ganas por leer de nuevo esta magnifica y candente historia

Vanessa De Leon Perez dijo...

Ahhhhhh!!!!!! Por dios que demás. No puedo esperar el otro capitulo. Que bueno está sos más que genial. La verdad me saco el sombrero ante ti. Idola.

Bell.mary dijo...

Como dicen esto no es de Dios dejarme asi en el momento mas interesante y ya apunto de hacer combustion jajajajaja
muy bueno el capitulo este par son tremendos pero me encanto que esten pensando primero en hacer que ella se sienta segura y siempre tomando ella su propia decision de lo que quiere y lo que no........ esta Bella si que va a tener mucho que contarles a sus amigas que no van a dormir por estar con la duda de lo que estara pasando jejejeje
Excelente historia y muy buena adaptacion... Gracias Krizzia por tomarte un tiempo y compartirla con todas ... Besitos

Anónimo dijo...

De verdad que estoy sin palabras... Jeje este capítulo es salvaje jeje.Con esos dos hombres tan increíbles y tan maravillosos no me extraña que Bella no dude y este decidida a todo.Un capítulo magistralmente narrado detalle a detalle, me encanto Krizzia.Un besazo a todas estas chicas tan maravillosas.Maria del Mar desde España

May May dijo...

Muy buen capitulo... aunque mmmm se quedo en lo mejoooooooor!! Estas plasmando la fantasia de cualquier twilighter... Edward y Jacob!! En una misma habitacion y un mismo propositoooo hahahaha

Como diria la cancion: Hay pero que calor! Simplemente me encanta Krizia... espero el proximo capi...

Camilaloto dijo...

Pues año luz que no pasaba por esta casa, y que encuentro a Kritzia con mucho fuego jajajajaj que vaina mas fuerte! ya me lo leí desde el primero a el último solo hoy, que bueno haber decidido entrar... voy por el siguiente cap.