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miércoles, 25 de agosto de 2010

Traicion Imperdonable- capitulo 1



Edward y Bella conforman un joven matrimonio, padres de la pequeña Nessie son testigos de cómo un engaño termina por devastar lo poco que les quedaba


¿Se puede salir adelante después de una traición imperdonable?
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CAPITULO 1


Original de Cunning Angel




No lo soportó más y salió de su dormitorio, dejándola sola en esa cama. Ella permanecía imperturbable, siempre igual de fría, con la rabia y celos injustificados como su única compañía.
¿Qué había pasado con la dulce chica de la cual se enamoró? ¿Dónde estaban esos detalles que antes lo volvían loco?

Sintió vergüenza por notar el evidente ardor en sus ojos y salió de ahí dispuesto a pasar la noche en el sofá de su oficina. Encendió el vehículo y sonrió con ironía al comprender como poco a poco su vida amenazaba con escaparse de su control. Ya ni siquiera el living de su casa parecía un lugar seguro, incluso desde el estacionamiento podía oír el ruido de vidrios siendo aventados contra la pared. Él asumió que era su frasco perfume, el último que se había salvado en la última discusión que habían tenido.

—Al demonio con ella —concluyó después de un rato, mientras manejaba por las calles que a esas alturas se encontraban vacías.

Las mujeres podrían ser complicadas, pero él también podía ser excepcionalmente paciente, era una lástima que con su esposa ninguna de las leyes aplicase.

Al llegar al edificio un par de ventanas con la luz encendida consiguió captar su atención, esos claramente no eran horarios de trabajo. De todos modos daba igual, quienquiera que fuera se encargaría él mismo de despacharlo a su casa y hacer… nada.

Ser el jefe tenía sus ventajas.

Ingresó al ascensor con una sola idea en mente: olvidar; tal vez tomarse algo, o simplemente dormir. No quería pensar más en las discusiones con su esposa; sobre todo no recordar los llantos de su pequeña al escuchar los gritos entre su madre y él.
El ascensor finalmente llegó al piso catorce, entretanto su cabeza comenzaba a sentir las repercusiones que solían dejarle a diario las peleas con su mujer, su jaqueca había vuelto.

La mandíbula prácticamente se le desencajó ante la imagen que se abría paso justo frente a él. ¿Era acaso un sueño? ¿Tal vez el demonio en persona que se obstinaba en hacerle pagar por sus pecados?
La agraciada zona posterior de su secretaria le daba la bienvenida al vestíbulo de su oficina de una forma soberbia. Demonios, ella tenía posiblemente la nalgas mejor formadas en la historia de la creación, y eso teniendo en cuenta que traía puesta una falda de un largo considerable, incluso así las curvas de su trasero se asomaban bajo la molesta tela.
Me pregunto cómo se verá sin ella… Alejó esos pensamientos inicuos de inmediato, la pobre se encontraba agachada en busca de algo, ignoraba por completo el hecho de su anatomía lo bendecía con cada segundo que transcurría. Su mente avariciosa no tuvo suficiente y siguió inmiscuyéndome en esa hermosa visión, el par de ojos comenzó a ascender por el glorioso camino de su entrepierna hasta encontrarse con su atrevida ropa interior.

Quién lo hubiera dicho…

La inocente muchacha que él tenía por secretaría, quien siempre portaba su uniforme de trabajo con tallas obviamente mayor a las que poseía, era toda una femme fatale, escondiendo a la perfección las curvas que no le cabía duda que tenía.

Sus ojos se sintieron saciados al repasar aquella prenda que hasta hoy le era por completo desconocida. Increíble, ella usaba ropa interior roja… y aquello le gustó más de lo debido.
Ingenua y sin notarlo, ella seguía tentándolo, él estaba excitado y hambriento por una urgente dosis de sexo. Claramente ambos se encontraban en el lugar equivocado y el momento equivocado, pero en ese momento le pareció el momento perfecto, erecto y adolorido sólo pudo hacer una cosa: pensar en su mujer, eso de seguro le ayudaría a que su erección se calmase.

Aclaró su garganta de modo abrupto, ésta se encontraba seca de tanto fantasear. Él fue no intentó ser discreto y ella terminó por descubrir su presencia, eso era bueno. La chica se levantó y su largo cabello oscuro se movió alborotado, otorgándole un aspecto que a él le pareció peligrosamente atrayente, más que eso: adictivo. Supo que ya no existía vuelta atrás. Nunca antes la había visto sin ese horrible peinado avejentado, ella traía su cabello tomado siempre, sólo hasta hoy comprendía que aquello representaba un verdadero delito.

Cuando la joven finalmente reparó en que él se encontraba ahí y en la situación misma: la hora, el lugar, ambos solos; sus ojos se abrieron a lo sumo y él pudo asegurar que durante una fracción de segundo la expresión de placer los nubló con cautela, pero fue opacada rápidamente por el horror y la incomprensión.

Él no lo pensó dos veces y dio dos pasos en su dirección; no desaprovecharía por ningún momento una oportunidad como esa, no esa noche. Ella retrocedió confundida, pero la suerte no estaba de su lado, sino del de él y ella sólo consiguió que su espalda chocara contra la mesa.

¿Me demandarían por acoso sexual? La tensión en el ambiente era clara, tanto así que la pudo sentir en la punta de su lengua, ese ardor advirtiendo con agobio el irrefrenable deseo de sumergirse entre sus piernas y llegar tan hondo que ningún otro hombre después de él pudiese satisfacerla, marcarla como suya… Hacerla rogar por más, por una tregua que jamás le daría. Eso estaba mal, condenadamente mal y aquello le hacía desearla mucho más.

Los ojos de él se abrieron asombrados por el rumbo que había tomado su encuentro, pero pese al miedo, aún lograba ver breves destellos de deseo en ellos. No dejó pasar más el tiempo y habituó su mano en su espalda baja, atrayéndola más hacia él, ella jadeó sorprendida y asustada, pero no hizo nada por detenerlo y aquello fue su perdición.
—Mal momento —le advirtió mientras negaba, justo para distraerse observando un tierno rubor esparciéndose sobre sus mejillas. El grado de excitación de la situación era grandioso y se lo hizo ver presionando su erección contra su pelvis— Mal lugar.
Su boca reclamó su derecho y encontró el camino hasta la de ella sin siquiera detenerse a recapacitar. —Excelente situación.

Ella besaba increíble. Se mostraba tan tierna, tan frágil, tal como lo había sido su niña… alguna vez, su primera amante, su única mujer. Eso ya era pasado, su esposa había dejado de amarlo y él debía aprender olvidarla.
Enterró su rostro en el cuello de ella, mientras dejaba que su cuerpo se embriagara por completo del fascinante aroma que poseía esa mujer. Sus manos demandaron piel y sudor, y ambos le fueron dados. Automáticamente, comenzó a arrancar la camisa de la chica con rapidez y desesperación. Sintió a la perfección el modo en que el salino líquido se resbalaba por sus manos, mientras las ganas de enterrarse en ella le destrozaban por dentro.

Irónicamente, quiso verla directo a los ojos, como si aquello pudiese conseguir algo… como si algo pudiese acontecer.

Ocurrió. Sus miradas se encontraron y un eco de razón hizo mella en él. No fue el único, ya que ella se alejó de él al instante. Así permanecieron con sus respiraciones agitadas, ambos observándose sin perder el tiempo, viéndose el uno al otro con deseo y confusión, sobre todo deseo.

El pecho de ella temblaba con desenfreno en una dirección ciega, buscando sin darse cuenta socavar más aún el autocontrol de él; aumentando de forma enfermiza su nivel de excitación. Finalmente, perdió su camino y se rindió a esa encantadora figura, creyéndose de ese modo el egoísta vencedor, mas un frágil roce le detuvo.

—Esto está mal —le objetó ella, aumentando la presión de esos finos brazos sobre su fornido torso, al instante su toque quemó y no fue fácil para él reprimir el gemido de deseo contenido, que albergaba su pecho.

—Eres mi secretaria —le admitió ahora él en voz baja, mientras mordía el lóbulo de su oreja y notaba como sus manos perdían fuerza poco a poco. Aprovechó su oportunidad e inclinó su cabeza aún más, esa boca avariciosa encontró su lugar en la piel femenina, dando por sentada su victoria.

—Tú eres mi jefe —gimió la chica contra su cuello y de pronto el dulce perfume de la chica era todo en cuanto él podía pensar.

—Soy casado —contestó, y por primera vez en ese lapso pensó en su esposa… Mejor dicho, en lo mucho que se habían distanciado en el último tiempo.

—Tienes una hermosa hija —le recordó y sólo fue capaz de asentir, ¿Qué otra cosa podría hacer?, mientras su egoísta boca se apoderaba esta vez por completo de la suave clavícula.

—Solo será esta noche —pidió enfático, antes de devorar los labios de la chica con un hambre y necesidad que llevaba mucho tiempo sin ser saciada.

Finalmente se perdió a si mismo…

Así permanecieron con sus respiraciones agitadas, ambos observándose sin perder el tiempo, viéndose el uno al otro con deseo y confusión, sobre todo deseo.

El pecho de ella temblaba con desenfreno en una dirección ciega, buscando sin darse cuenta socavar más aún el autocontrol de él; aumentando de forma enfermiza su nivel de excitación. Finalmente, perdió su camino y se rindió a esa encantadora figura, creyéndose de ese modo el egoísta vencedor, mas un frágil roce le detuvo.

—Esto está mal —le objetó ella, aumentando la presión de esos finos brazos sobre su fornido torso, al instante su toque quemó y no fue fácil para él reprimir el gemido de deseo contenido, que albergaba su pecho.

—Eres mi secretaria —le admitió ahora él en voz baja, mientras mordía el lóbulo de su oreja y notaba como sus manos perdían fuerza poco a poco. Aprovechó su oportunidad e inclinó su cabeza aún más, esa boca avariciosa encontró su lugar en la piel femenina, dando por sentada su victoria.

—Tú eres mi jefe —gimió la chica contra su cuello y de pronto el dulce perfume de la chica era todo en cuanto él podía pensar.

—Soy casado —contestó, y por primera vez en ese lapso pensó en su esposa… Mejor dicho, en lo mucho que se habían distanciado en el último tiempo.

—Tienes una hermosa hija —le recordó y sólo fue capaz de asentir, ¿Qué otra cosa podría hacer?, mientras su egoísta boca se apoderaba esta vez por completo de la suave clavícula.

—Solo será esta noche —pidió enfático, antes de devorar los labios de la chica con un hambre y necesidad que llevaba mucho tiempo sin ser saciada.

Finalmente se perdió a si mismo…


Esta vez no opuso resistencias, sus labios lo recibieron con anhelo de forma apremiante, como clara respuesta de que él no le era indiferente. Aquello lo enloqueció, su lengua penetró la boca de su secretaria con un ímpetu casi animal, no era deseo era necesidad. Habían llegado a un punto en el que no había vuelta atrás, pero ¿Quién demonios quería un viaje de regreso?
Su roce se volvió más efusivo, y supo en ese entonces que no lograría tener suficiente de ella; no hoy… tal vez nunca.
Sonrió ansioso, mientras comprobaba como sus manos abrían sin inconvenientes el broche de la falda, la prenda rápidamente se deslizó por esas piernas que parecían eternas, hasta quedar alojada en el piso, ofrendándole nuevamente esa vista esplendorosa, solo que ahora no había obstáculos, nada le impediría hacerla suya.
La sensual lencería roja resaltaba de una forma que debería estar prohibida en más de un estado, o eso afirmaba él. Se sentía un esclavo de cada uno de los atributos de la joven amante, de su escote, su cintura, de sus interminables piernas, porque eso representaba esa chica para él esa noche. Ella le amaría, le saciaría de la forma en que su mujer se había negado a hacerlo en los últimos meses. Le brindaría las caricias y besos que tanto necesitaba, susurrarían a la vez palabras de afecto que sabían a la perfección ninguno de los dos sentía.

La cargó hasta el sofá de su oficina y se aseguró de cerrar la puerta con seguro, se quitó su corbata y la arrojó lejos de sus cuerpos, junto a la falda de ella, a medida que se acercaba al sofá aprovechaba de desabrocharse el pantalón, llevándose con él la última prenda que quedaba. Ya libre de impedimentos se acomodó sobre ella y cometiendo el último acto egoísta de esa noche, dejó a su mente divagar unos minutos; evocó la imagen de su ángel, recordó las muchas veces que la amó, las infinitas noches en las que gimió su nombre mientras hacían el amor. Rememoró el precioso cuerpo de su mujer, el que pese a haber dado a luz, seguía manteniendo esa figura de adolescente. Tal vez las curvas se habían acentuado y los pechos habían aumentado considerablemente, pero aquello solo conseguía volverlo loco. La amaba tanto.

Molesto por su insensatez arrancó esa dolorosa imagen de su mente, recordándose a sí mismo que no era su mujer quien estaba hoy junto a él, sino otra.
—Dime que me amas — el musitó contra el cuello de amante, antes de abrirse paso en el calor que albergaba entre sus piernas. —Te Amo —la chica gimió en un hilo de voz, mientras él cegado por su necesidad le penetraba otra vez, fuerte, porque estaba molesto; profundo porque quería su propia satisfacción y duro porque así le gustaba a su esposa.

Él era una mierda de persona.

Los delgados dedos de la chica se ceñían con fuerza a su espalda, logrando que sus uñas dejasen marcas que de seguro mañana se verían a la perfección, aquello no dolía. Nada podría dañarle más que el rechazo de su mujer. Volvió a atacar aquellos labios sin darle oportunidad de negarse, o quizás respirar, se trataba de su momento, su oportunidad.

¿No había venido hasta acá para buscar el olvido?, ¡Vaya manera de encontrarlo!

Había pasado ya mucho tiempo desde que él no le hacía el amor a una mujer, y es que su esposa había sido la primera… la única. Actualmente besar a su ángel era todo un logro, peor aún, los intercambios con su esposa se limitaban a simples roces, carentes de toda emoción o deseo.

Se concentró otra vez en el rostro de ella; se encontraba sudado y una mueca de excitación surcaba aquellos labios, era encantadora. Aquello sólo lo encendió más y su erección tocó la gloria, enterrándose en ella de una de una forma lenta, deleitándose como un enfermo por la cura que su sexo le brindaba.

Ella tenía cabello largo, por lo que se adhería con facilidad a su pecho cada vez que sus cuerpos colisionaban sudorosos. Aquello era el cielo… Eliminó ese pensamiento al instante, él no amaba la amaba y ella… Aquello no importaba, aquello no podía repetirse.

Continuó con aquel vaivén, abriéndose paso en su interior con ímpetu y hambre insaciable, no consiguiendo tener nunca suficiente de ella. Aumentó la velocidad y la potencia de sus arremetidas, hasta que sintió la abrasadora presión que ejercían las paredes de la chica en torno a su erección, húmeda y caliente. No podría haber pedido más…

Se sumergió en ella una última vez e inmerecidamente tocó la gloria, el punto exacto, el momento idóneo, la persona equivocada. Se corrió en su interior y de paso experimentó uno de los mejores orgasmos de su vida. En medio del término climax ni siquiera cayó en cuenta de que no se habían protegido, se encontraba demasiado agotado para pensar en eso. Finalmente cayó rendido sobre el pecho de su dulce compañía. Ya habría tiempo para la culpa y los remordimientos, ya tendría luego una ocasión para pensar. Por ahora solo quería dormir y olvidar.

Perdóname Bella…

7 comentarios:

zenni dijo...

Muy. muy buen capitulo...y que la verdad que lo que escribre esta mujer es buenisimo...la verdad que ya extranaba leer algo de ella...y que bueno que te dejo publicarlo...

Anónimo dijo...

omg!vaya primer capitulo de nuevo fic! escribes como una verdadera escritora...has pensado en publicar alguna vez? por ejemplo en este fic me parece q si utilizaras otros nombres nadie se daria cuenta de que esta historia fuera un fic ya que tienes un talento natural...
gracias...
una fan que te desea lo mejor y que te agradece por compartir tus ideas y que te pide si es posible seguir con la historia.

coka dijo...

Esta historia no es mia chicas es de Cunning Angel, insigne escritora de Fanfic que hoy esta trabajando en nuevos proyectos, por lo que los invito a disfrutar de los textos que escribio inspirados en la saga, son espectaculares.

Anónimo dijo...

cuando subiran mas capitulos de este libro espero ansiosa

Elva Yesenia dijo...

me encanto el primer capitulo creo que va a ser una historia diferente

joli cullen dijo...

PERDONAME BELLA QUE
ES LA ESPOSA O ES LA AMANTE HAY DISO MUERO

Kiara Irien Namikaze Uchiha dijo...

Hola, la verdad me encanto el fic y me gustaría saber si puedo hacer una adaptación,espero que me lo permitas muchas gracias y de nuevo te digo que tu fic esta genial